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Una noche para nadar en playa Los Ángeles

El equipo de natación Los Ángeles Open Water realizó con éxito la primera válida nocturna de aguas abiertas en Naiguatá, con la participación de 200 nadadores

  • AMALIA LLORCA

24/08/2019 04:38 pm

Doscientos nadadores aceptaron el desafío y participaron en la primera válida nocturna de aguas abiertas, organizada por Los Ángeles Open Water, en playa Los Ángeles, en Naiguatá. 

Ni la oscuridad, ni el miedo a lo desconocido impidieron que estos 200 guerreros se lanzaran al agua para disfrutar de una experiencia inédita. El sábado 17 de agosto de 2019 quedará registrado como el día en que se realizó la primera competencia de aguas abiertas nocturna en el país, según los organizadores. 

Todos tomaron sus previsiones, especialmente quienes estuvieron encargados de la puesta en escena de esta jornada extrema de natación. Garantizar la seguridad e integridad de los participantes era uno de los principales objetivos. Miembros de cuerpos de seguridad, guardavidas, embarcaciones iluminadas para la ocasión, médicos y buzos blindaron el evento que se desarrolló sin contratiempos. 

Yusnaibeth Gómez derrochaba emoción mientras preparaba sus implementos de submarinista. “Estoy entusiasmada por formar parte de esta experiencia. Me encanta guiar a los nadadores para que no se desvíen de la ruta. Esta competencia me parece alucinante”, expresó. 



Los niños fueron los primeros en asumir el reto. Veinte chamos, entre niños y niñas, dijeron presente y completaron el circuito de 860 metros. Santiago Bello, con apenas 10 años de edad, coincidió con Gómez y calificó la prueba como asombrosa. “Fue cheverísima”, dijo apenas cruzó la meta y tras ser abrazado por sus padres y entrenador. Luego tomó una bandera de Venezuela y aceptó que le hicieran fotos. 




“Los nadadores infantiles se armaron de valor y se enfrentaron al mar en la oscuridad. Ahora le toca a ustedes”, así alentaba por altavoz el animador principal de la prueba al grupo de juveniles y avanzados, que formaba el grueso de competidores. 

Al momento de entrar al agua y durante el recorrido los nadadores parecían luciérnagas, unos bichitos de luz, que alumbraban la ruta mientras braceaban en el mar gracias a unas pequeñas linternas que llevaban sujetas entre el gorro y la liga de los lentes. El evento fue animado por nadadores de distintos niveles: principiantes, intermedios y avanzados. Así se presentaron campeones como Antonio Saint Aubyn, quien ha recorrido a nado cientos de kilómetros por las playas del oriente del país; los hermanos Alfredo y Arturo Godoy, calificados como unos duros en estas competencias, o como Alejandro Mijares, un reconocido odontólogo quien comenzó a nadar recientemente y quien se ha vuelto adicto a la natación. 

Mijares nació en 1969 y la asombrosa sensación de paz y libertad que sintió durante la prueba nocturna le hizo evocar al Festival de Woodstock, cuya primera edición celebró sus 50 años el sábado, el mismo día de la competencia. “El último kilómetro lo nadé sin gente cerca y también se me rompieron los lentes. La sensación de soledad fue una de las cosas que más me gustó. Fuera del cardumen de competidores y sin poder ver bien, decidí resolver. Me hubiese podido salir del agua, pero me fui administrando física y mentalmente y así completé los 2 kilómetros. Me gustó nadar bajo la luz de la luna llena”, relató Alejandro. 

La experiencia de Sylvie Karcenty no estuvo tan cargada de paz y amor como la de Alejandro. El objetivo de la competidora era hacer podio en su categoría, tal como había ocurrido durante la reciente Macabiada, en México. Sylvie perdió los lentes mientras preparaba los implementos antes de la prueba y resolvió con los de repuesto. No estaba contrariada, pero sí muy concentrada. Visualizó el recorrido y se sumergió con la intención da darlo todo. 

Así en menos del tiempo esperado, la nadadora se encontró con un grupo de hombres rezagados y comenzó parte del calvario. 

Debido a la oscuridad, poco se distinguía y los nadadores intentaban abrirse espacio dentro de la ruta de forma agresiva. Sylvie recibió unos cuantos golpes y se vio obligada a devolverlos para avanzar y librarse de sus contrincantes. Hubo uno que la acompañó de principio a fin sin cesar de repartir patadas y empujones. Se reconocieron en la orilla. Varias horas después y con la medalla de plata colgada al cuello, Sylvie abrazó a un señor que además de felicitarla se deshacía en disculpas por su trato descortés. El resentimiento quedó en el olvido. 



Entretanto, Lionel Nardin, un francés que pasó un mes de vacaciones en Venezuela, primo de Sylvie y quien no habla ni pizca de español, disfrutó su experiencia como espectador. Paseó por la playa, se empapó con la lluvia que restó brillo a la luna y que muchos nadadores no sintieron, animó a los bailarines con el ritmo de los tambores y quedó maravillado con los fuegos artificiales que cerraron esta fiesta acuática. 

El juez internacional, Antonio Bastardo, encargado de la supervisión de la competencia colmó de elogios a los organizadores por el montaje del evento. “En Venezuela somos muy previsivos y eso es bueno. En otros países, con mayor tradición en este tipo de pruebas, las medidas de seguridad no son tan extremas. Fue un placer haber participado”. 

Leonardo Valle, tesorero del equipo de Los Ángeles Open Water y miembro del comité organizador, indicó que “se atrevieron a organizar esta copa, pese a las dificultades que atraviesa el país, porque en esta grave crisis hay que mantenerse activos y el deporte es uno de los principales vehículos para alcanzar ese objetivo. Nos atrevimos a innovar y lo conseguimos”. 



Marco Antonio Colicchia y Génesis Bordones fueron los ganadores absolutos de la prueba. En infantil los primeros en cruzar la meta fueron Tomislav Zagorscak y Mariangel Lozada. 

La jornada también tuvo su dosis de solidaridad. Hubo donaciones para Fundakeneth y la nadadora Jennifer Angulo para su tratamiento clínico.   

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