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Armstrong, amarga traición

La confesión del ciclista lo mostró como una persona arrasada por el poder

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Armstrong enfrenta desafíos legales tras su confesión de dopaje hace semanas en la entrevista con Oprah Winfrey. REUTERS
GERARDO CHACÓN |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
domingo 27 de enero de 2013  12:00 AM
La semana pasada el mundo entero presenció la entrevista que el excicilista Lance Armstrong le concediera a la presentadora Oprah Winfrey.

Para algunos, fue necesario verla en más de una ocasión, a otros, como declaró el ganador de 17 títulos de Grand Slam, el tenista Roger Federer, solo fue importante el primer minuto, en el que respondió con monosílabos: sí o no.

Armstrong admitió, sin expresar emoción alguna, que todo era verdad. Que había consumido EPO, que se había trasfundido, que había hinchado sus venas con Testosterona y Hormona del Crecimiento, pero más adelante admite -y casi sonríe-, que no se trataba de una maquinación de espías y, que al contrario, todo radicaba en la simplicidad.

Sin embargo, Oprah omitió una pregunta que quizás podría explicar algunas dudas y es la siguiente: ¿Te suministraban también ego, vanidad, arrogancia y deseos de más y más poder o son efectos colaterales del dopaje?

La entrevista se dividió en dos partes, la primera se basó en su carrera y logros, la segunda fue más adentro de la persona e involucra a su familia y al impacto económico.

Armstrong mencionó, por caso, que afortunadamente su hijo se parece más a su ex esposa que a él y narró el día de los 75 millones de dólares.

Queda muy claro que Armstrong tiene un problema psicológico, amén de otros miles que enfrenta. Más aún, los problemas de Armstrong se ven magnificados por su fama. Pero quizás todos tengamos o incluso conozcamos a alguien que está igualmente enfermo de poder, hambriento de triunfos y cegado por la vanidad de los logros.

Porque si hay algo que nubla el alma es el éxito. Entiéndase poder o llámese dinero. Siendo el primero más importante que el segundo en razón de destruir la conciencia.

Lance explica que todo se deba a que quizás con 50% de posibilidades de vida se levantó de la cama e hizo lo que fuese necesario para conseguir poder. Nuevamente: el fin siempre justifica los medios.

Ego, vanidad y arrogancia

Siempre me preguntaba qué pasaría por su cabeza mientras sus piernas eran torturadas por el ascenso, que sentía su conciencia, la respuesta de hoy es clara: nada.

El caso de Lance nos deja a muchos con ese sabor amargo de la traición, con esa pena en el pecho que destruye al plexo solar, que afecta al sueño, llama la atención a la conciencia y se repite una y otra vez en nuestra mente como una cacofonía sin fin: ¿por qué?

Es como enfrentar la infidelidad de alguien que amas, en mayor o menor medida, y te revienta verdades en la cara como si tuviese cemento en las venas. Es para el mundo del deporte y nosotros los aficionados, como si el amor de tu vida, te abandona en solo 6 días por otro y lo admite sonriente, solo que a Lance le tomó más de 15 años. Es enfrentarse a la mentira que siempre supo a verdad, pero con un sabor extraño, un sabor con fecha de caducidad de días pasados. Porque desafortunadamente eso tiene la verdad, generalmente es dolorosa, siempre es cruel y nunca misericorde. Pero la verdad es una sola, no son varias. Pretendemos prostituirla, pero ella se defiende, y en el peor de los casos cobra tarifas elevadas, que el ego, la vanidad y la arrogancia no pueden pagar.

Miremos a nuestro alrededor, este momento histórico en el mundo del deporte va más allá. El ejemplo de Armstrong no es más que uno de millones magnificado por las cámaras y el poder mediático. Todo mal conocerá el amanecer de su fin si somos más leales y sinceros, pero para ello hemos de enfrentarnos con ese espejo que nos sugiere que en realidad no somos tan buenos como creemos.

Y que al contrario, somos vanidad pura, luego de alcanzar el más estúpido de los logros y vanagloriarnos de este. Imagínense entonces ganar siete Tours de Francia al hilo.

Para concluir, pido permiso a Emeterio Gómez, quien el domingo pasado escribió un maravilloso artículo en El Universal, acerca de la política y la ética, en el cual destaca que Niestzche ahora más que nunca tiene razón en arremeter con la ética, porque en nuestros tiempos es muy fácil ganarle la batalla a lo ético. Porque en nuestros tiempos plagados de poder político, hambre, secuestros, extorsión, escasez, mentiras en el deporte y guerra, los valores, la verdad y la ética no tienen cabida y se van al diablo cuando aparece el primer dólar. Porque el asedio que el poder ejerce sobre la verdad es despiadado, y las murallas de esta no son tan elevadas y fuertes como las de Troya. Porque el ansia de poder seduce a la animalidad del ser en segundos, pero jamás le menciona que se paga un precio muy alto a la vuelta de quizás 14 o 15 años.

Por ende, cito a Nietzsche: "Ten cuidado en seleccionar a tus enemigos, pues puedes terminar pareciéndoteles".

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