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Heredera de las Williams

Sloan Stephens se impuso ante Serena y se proyecta entre la nueva generación

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La estadounidense Sloane Stephens en una devolución durante el partido ante su compatriota Serena Williams en el Abierto de Australia JULIAN FINNEY POOL/EFE
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EL UNIVERSAL
jueves 24 de enero de 2013  12:00 AM
Melbourne.- Durante un buen tiempo la imagen de Serena Williams era lo último que veía antes de dormirse, pero tras dar ayer el gran golpe en el Abierto de Australia la estadounidense Sloane Stephens tiene ya algo claro: es hora de colgar su propia foto en la pared.

"Quizás debería cambiar el póster ahora y ponerme a mí misma", dijo la "teenager" de 19 años tras derrotar 3-6, 7-5 y 6-4 a Williams y sorprender a todos, reseñó DPA.

Williams no perdía desde agosto, llevaba 20 victorias consecutivas que incluyeron los títulos del US Open y el Masters. La estadounidense estaba lanzada hacia el número uno del mundo, una posición que muchos creen que es suya.

"Juega cuando quiere, y si quiere, le gana a todas", es el comentario de muchos observadores del circuito.

Y ayer quiso, pero no pudo, aunque paradójicamente se fue aliviada de Australia. Si la rusa Maria Sharapova pierde en semifinales y la bielorrusa Victoria Azarenka no gana el torneo, el número uno volverá a ser suyo. No está mal tras dos semanas de sufrimiento.

En la primera ronda se torció el tobillo, en el segundo partido se dio un raquetazo en la cara, y ayer, en un momento clave del encuentro, se quedó dura en la espalda: "Fueron, sin dudas, mis peores dos semanas en un Grand Slam".

Pero todo eso no le quita mérito a Stephens, que tres semanas atrás había perdido 6-4 y 6-3 con Williams en los cuartos de final de Brisbane.

De voz suave y bajo perfil en la cancha, Stephens es la evolución tranquila de las hermanas Williams, que al aparecer en el circuito a mediados de los '90 fueron toda una revolución debido a su actitud desprejuiciada y, a veces, prepotente.

Stephens, que aún no ganó un torneo, no quiere que el hecho de ser negra la sitúe como alguien especial en el tenis.

"No importa tu raza", dijo en una entrevista el año pasado. "Si eres una deportista y una persona excepcional y puedes hacer cosas increíbles para tu deporte, todos van a seguirte. Me encanta Kim Clijsters, me gustan tantos jugadores diferentes... No importa si eres afroamericano o no".

Stephens juega bien, lo que no significa que maraville. Derecha sólida, buen revés a dos manos y mucha velocidad dan forma a un juego que no brilla, pero sí mucha eficiencia y actitud.

Tan bajo perfil tiene Stephens, que alguna vez se enzarzó con Serena -su "mentora" en el programa de la WTA- en una discusión acerca de si gemía o no al impactar la pelota, como tantas otras jugadoras hacen.

"Sí, lo hago", decía Stephens. "No, no lo haces", le respondía su mentora. "¡Sí!" Y entonces la mayor zanjó: "No, chica, no lo haces. Eres tan tranquila...Como un ratón en la cancha".

"Ok, lo que sea, soy un ratón", dice Stephens que pensó.

Número 25 del mundo, la estadounidense es ahora la principal exponente de una nueva generación de jugadoras de su país que incluye a Cristina McHale, Melanie Oudin o Madison Keys.

Stephens vive en Westwood, una localidad en el interior de California, con su madre, Sybil, y su hermano menor, Shawn, que siguieron su gira australiana a la distancia.

Su padre biológico fue John Stephens, ex jugador de la Liga de Fútbol Americano (NFL), quien murió en un accidente automovilístico poco después de su nacimiento. Sheldon Smith, su padrastro, murió de cáncer en 2007. "Tienes que jugar con las cartas que te da la vida", dijo Stephens en una nota con The New York Times. "Creo que mi madre ha hecho un gran trabajo conmigo y mi hermano".

Su madre es clave en la vida de Stephens. Ayer, apenas ganó, se abalanzó sobre su "smartphone" tras saludar a Serena, quería hablar con su madre, despierta en la noche del martes californiana. No pudo.

"Tengo ya 213 mensajes de texto", dijo entre risas Stephens, que saltó de 17 mil a más de 40 mil seguidores en Twitter entre el inicio del partido y la victoria. "Creía que los mensajes recibidos eran gratis, pero alguien me contó que no es así. Mi factura telefónica va a enloquecer, mi madre me lo va a decir".

Problema menor para ella que ya se aseguró 500 mil dólares por llegar a semifinales, el mayor premio de su carrera.

Ahora tiene un deseo inmediato: quiere que Barack Obama la invite a la tradicional búsqueda de huevos de Pascua en los jardines de la Casa Blanca.

"¿Podrían dejarme bien parada en sus artículos?", le pidió a los periodistas.

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