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Un campeón de puro corazón

Arlindo Gouveia ganó oro en 1992 en taekwondo como deporte de exhibición

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Una pintura muestra a Hung Ki Kim con Arlindo y Adriana Carmona
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VANNESA HIDALGO |  ENVIADA ESPECIAL/ EL UNIVERSAL
domingo 18 de noviembre de 2012  12:00 AM
Puerto La Cruz.- En 1992 Venezuela estaba sumida en una profunda crisis política, social y económica. Un halo de incertidumbre y aprensión se sentía en el ambiente tras golpes de estado y toques de queda. Los vistosos Juegos Olímpicos de Barcelona brindaron un momento de alivio y sosiego y la actuación de un joven taekwondista venezolano avivó los ánimos y desató aplausos y sonrisas.

Cuando Arlindo Gouveia supo que asistiría a los Juegos de Barcelona, presintió que tendría oportunidad de guindarse una presea olímpica. Venía de hacer un ciclo prácticamente perfecto: oro en los Bolivarianos, Centroamericanos y Panamericanos. No compitió en los Juegos Suramericanos porque para entonces algunos de estos eventos regionales coincidían el mismo año.

A pesar a la notoriedad de la disciplina, el taekwondo estaba al margen del programa olímpico y solo sería de exhibición en la justa catalana.

Debut y despedida

El 4 de agosto de 1992 Gouveia estaba listo para la gloria. Barcelona sería su debut olímpico tras más de una década de preparación. Se inició en este deporte a los 8 años de edad por iniciativa de su papá, para canalizar las incansables energías del pequeño Arlindo.

"Nada más haber ido a unos Olímpicos era un sueño cumplido", recuerda con nostalgia el ahora director técnico de la selección nacional de taekwondo, 20 años después de su paso por el tatami barcelonés. "Fue la mejor experiencia de mi vida", sentencia.

En cada combate, en cada minuto de pelea, Arlindo, su entrenador Hung Ki Kim y todo el que se sintiera venezolano vivía con intensidad un hecho inédito en el deporte nacional.

"Contra el francés (Thierry Dedegbe/ 4-2) hubo nervios, estaba muy impresionado por todo lo que estaba viviendo. En la semifinal contra el coreano (Seo Sung Kyo/ 4-3) fue muy exigente, porque era el favorito para el oro. Le jugué criollo, finteaba mucho y se desconcentró, allí aproveché. En la final contra indonesio (Durc Talumewo/ 2-1) me llené de confianza, pero no dejaba de sentir presión porque si perdía no me lo perdonaría ni yo mismo", asegura.

Arlindo dice que lo primero que sintió al saberse ganador fue paz. "Una película recorría mi mente. Pensé en mis papás (ya fallecidos) y el orgullo que sentirían por lo que logramos. Sin duda un momento más que emotivo", revive el anzoatiguense, que además de ser entrenador, se tituló como abogado una vez culminada su etapa como atleta activo y recientemente cumple el rol más importante de su vida: ser papá de Valeria, de 3 años de edad.

Arlindo Gouveia se ha apegado cabalmente a los principios filosóficos del taekwondo, esos que formaron su temple y lo condujeron a la superación personal y consagración deportiva. Pese a todo su éxito, sigue intacta la personalidad amable pero tímida de aquel muchacho de amplia sonrisa que dio a Venezuela un oro olímpico, que por puro tecnicismo no entró en el conteo oficial, pero que desató la euforia colectiva como cualquiera de los medallistas olímpicos criollos.

Adriana Carmona, su compañera de selección, lo acompañó en su paseo al Olimpo, solo que ella repitió en Atenas 2004.

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