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Campeón de la humildad

Rubén Limardo atesora los collares que le regalaron unos niños indígenas

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A las puertas de su casa en la urbanización Los Próceres en Ciudad Bolívar
EL UNIVERSAL
domingo 12 de agosto de 2012  12:00 AM
Ciudad Bolívar.- Rubén Limardo aún no es maestro de armas, esos que certificados por la FIE enseñan el arte de la esgrima. Está en sus planes inmediatos.

En lo que sí es maestro Rubén es en humildad, carisma y sencillez. El campeón olímpico venezolano accede con simpatía a fotos, autógrafos y entrevistas. A pesar del cansancio, una sonrisa siempre acompaña el ímpetu de este joven atleta que sorprendió al país el 1 de agosto con la primera medalla de oro olímpica tras 44 años de sequía.

Limardo no pasa inadvertido ni que se lo proponga. Su repentina fama y el salto a la popularidad no le preocupa, lo asume con tranquilidad y mucha humildad. "Mi mamá (quien falleció en 2010 y a quien le dedicó el triunfo) siempre me enseñó a soñar alto pero con los pies en la tierra y eso es lo que procuro", aseguró el medallista olímpico que a su paso por su natal Ciudad Bolívar genera curiosidad, saludos, apretones de manos, sonrisas y aplausos.

"El recibimiento en mi ciudad fue maravilloso. Finalmente pude verme con el resto de mi familia (paterna) que no estaba en Londres, también me reencontré con mis suegros y con mi gente de Bolívar. Lo que más me gustó fue un obsequio que me dieron unos niñitos indígenas: unos collares artesanales que me identifican con mi estado".

Londres, sin duda, le cambió la vida a Limardo. "Ahora parezco una estrella" dice con algo de pena a propósito de su reconocimiento público. "Pero sigo y seguiré siendo el mismo. Cada vez que tengo más, más tranquilo soy".

"No me siento superior a los demás ni por una medalla olímpica ni por la Orden Libertador. Todo esto que me está pasando lo tomo con calma. Hoy (un día después de su llegada a Ciudad Bolívar) me desperté y fui a saludar a mis vecinos de toda la vida. Me felicitaron, abrazaron y me contaron que hasta los entrevistaron (risas). Aún estaban asustados, sorprendidos, esto es nuevo para todos, pero hay que asumirlo con tranquilidad".

Rubén Darío es feliz estando con los suyos y en su ambiente. A pesar de que su residencia permanente es en Polonia desde que tenía 13 años de edad, viaja con frecuencia a Venezuela para como él dice "recargar baterías".

"Me gusta la pesca y cuando vengo hago paseos en una curiara y me voy con mis hermanos y primos río arriba en el Caura a pescar y acampar", detalló el esgrimista.

"Me encanta comer pescado frito a la orilla del río y dormir en un chinchorro. Disfruto de la selva, el sonido del viento y el correr del agua", reveló con cierta nostalgia.

"Después de un paseo así, regresó como nuevo. Lo disfruto mucho, vengo feliz y renovado", dijo. VHF

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