La reina coronó a Phelps
La Reina Madre del olimpismo cuenta su relación con Venezuela
Sus dos nietos, Konstantino y Vadim, así como su yerno Rostik son la causa sentimental de la relación de Larisa Latynina con Venezuela. Hasta hace pocos días la atleta más laureada en la historia moderna de los Juegos Olímpicos, estuvo por primera vez en Caracas con motivo de la boda de su hija, Tatiana, con Rostik, un caraqueño de origen ruso y español. Desde entonces Larisa ha vuelto en innumerables ocasiones: "Es un país cálido, alegre y las mujeres son muy bonitas", dice desde Londres, en donde se encuentra como observadora de los Juegos a los cuales asistió con la certeza de que su récord de 18 medallas olímpicas, sostenido durante 52 años, sería superado por el nadador norteamericano Michael Phelps.
Una niña de la guerra
Larisa nació en la ciudad ucraniana de Kherson, a orillas del río Dniéper, en 1934 y su niñez transcurrió en la dureza de las extremas condiciones de pobreza que para entonces vivía la URSS, agravadas luego por la invasión y posterior ocupación de la Alemania de Hitler. A los siete años ya era una "niña de la guerra" que pierde a su padre (Semyon) en 1942, durante la Batalla de Stalingrado y luego, un año después a su madre Natasha, quien tenía dos empleos para mantener a la familia. En plena orfandad y en un país devastado por la guerra se acoge a la protección del estado soviético consciente, en su madurez, forzada por las penurias, de que su suerte dependía de ella misma.
Milagro en Ucrania
Pero al lado de tanta determinación había una niña sensible que dedicó todas su energías y compensó sus carencias en un objetivo: "A la edad de once años me dediqué al ballet en el Estudio Coreográfico de mi ciudad natal y me enamoré de su práctica a tal punto que sólo veía mi futuro en la escena grande. Pero un año después, por causas que me resultaron incomprensibles (su profesor se fue de la ciudad), cerraron el Estudio. Fue una verdadera tragedia. De repente se esfumaba mi sueño de convertirme en bailarina".
Pero hasta en la materialista Unión Soviética ocurrían hechos milagrosos: "Una mañana, pasando por la sala deportiva de la escuela, me detuve a observar a otras niñas haciendo los ejercicios libres de gimnasia al son de la música. Entonces se me abrió el horizonte. Lo que veía se parecía mucho al ballet. Un milagro. Me inscribí de inmediato. Era el año de 1947".
Sacrificio e Iván
Comenzó, entonces, la etapa de la disciplina y la entrega en el dominio de un deporte que por estilizado no deja de representar una duro esfuerzo físico y gran concentración.
-¿Cómo era su rutina tomando en cuenta que el objetivo era convertirse en una atleta de alto rendimiento?
-En aquella época los atletas entrenaban menos que ahora. Lo hacíamos una vez al día (ahora son tres) y si al principio trabajaba durante hora y media, luego, ya adaptada a la rutina, extendía la práctica durante tres horas. Todos los días menos el domingo.
Pero no había dejado de ser difícil la vida en la Unión Soviética de la postguerra, gobernada con mano de hierro por Iósif Stalin, quien permanecería en el poder hasta su muerte, ocurrida en 1953.
-¿Era posible tener vida privada o el deporte ocupaba todo su tiempo?
--En principio sí, pero debía apartar tiempo para asistir a clase y cumplir los deberes domésticos. Los entrenamientos me dejaban exhausta, llegaba a la casa, cenaba, me acostaba y ponía el despertador a las tres de la mañana para hacer los deberes de la escuela.
-¿No había tiempo para los novios?
-La escuela de enseñanza general, donde estudiaba, era exclusivamente femenina. No había chicos. Sólo eran admitidos los días de fiesta. Y así conocí a quien sería mi marido, un estudiante de la Escuela Naval, Iván Latynin, apellido que me daría luego tan buena suerte en mi carrera deportiva. Con Iván tuvimos una hija, Tatiana.
La gracia sutil de una atleta
En 1953 Larisa se traslada a Kiev (capital de Ucrania) y allí ingresa en el Instituto Politécnico Lenin, donde depura su técnica y demuestra un talento que, según algunos de sus panegiristas, acercó el deporte al arte como antes nadie lo había hecho. Luego, en 1954, debuta en el Mundial de Gimnasia, pero su apoteosis comienza en los Juegos Olímpicos de Melbourne (1956).
Apoteosis y retiro
Llega a Australia como una perfecta desconocida, pero de inmediato deslumbra con su estilo sutil, su potencia y versatilidad. Se convierte en la revelación de los Juegos con la conquista de seis metales: cuatro de oro, una de plata y una de bronce. Cuatro años después repite su hazaña en Roma, con tres de oro, dos de plata y una de bronce. Y a los 30 años, ya conocida en la URSS como "La Reina Madre" y en viva encarnación de lo mejor de la juventud soviética, obtiene el mismo número de medallas (dos de oro, dos de plata y dos de bronce), aunque cede su primacía en la prueba individual ante la checa Vera Caslavska.
-¿Cuál es la clave para que en una disciplina tan exigente como la gimnasia, se pueda permanecer en la élite?
-Hay que aprender ciento por ciento la base de la práctica y de año en año aumentar la maestría (habilidad) haciendo todavía más complicadas las combinaciones. También es muy importante la estabilidad emocional y mantenerse con buenos hábitos. Todo lo que se aprende bien debe ser bien ejecutado en cualquier tipo de competencia y nivel.
Pero era inevitable que el régimen soviético no sacara provecho político de un arquetipo como el representado por aquella joven que de un salto se elevó hasta las alturas de lo sublime. Larisa fue declarada heroína de la URSS y recibió el Premio Lenin entre otros muchos honores. Luego de su retiro se convirtió en entrenadora de un exitoso equipo gimnástico que brilló hasta la aparición de una jovencita rumana llamada Nadie Comaneci. Entonces vino su salida del equipo y Larisa fue descendida, por el régimen, a la condición humana.
"Nunca me aproveché de los logros deportivos, ni hice escándalo con medallas o récords. Vivía como cualquier ser humano que debe trabajar y desarrollarse. Al terminar mi carrera deportiva llevaban diez años entrenando al equipo de gimnasia de la URSS. Luego participé en el Comité Organizador de la Olimpíadas Moscú 80.
-En su desempeño como atleta privaron las decisiones políticas o siempre tuvo el apoyo necesario para desarrollar su disciplina sin importar su orientación?
-No había limitaciones ni obstáculos políticos para el desarrollo de mi carrera deportiva. Ninguna de las interacciones políticas de la URSS con otros países me afectaron.
Rusia y Venezuela
-¿Son ahora mejores las condiciones en Rusia para el desarrollo de un atleta o, por el contrario, añora el deporte soviético?
-Siento cierta nostalgia por el deporte soviético porque en aquella época había muchas escuelas y clubes deportivos gratis. Ahora todo se puso más complicado, aunque de año en año se pone mayor atención al desarrollo deportivo.
Modesta, Larisa no revela que desde el año 2004 fue abierta, en la ciudad de Obsnik, ( a 100 km de Moscú), una Escuela de Gimnasia con su nombre.
-¿Qué se siente al ceder el puesto del atleta más laureado en los Juegos Olímpicos por un norteamericano?
-A Phelps le deseo que siga trabajando sin contar mucho con sus logros actuales.
A Larisa, quien a los 77 años mantiene la lozanía y vigor de una atleta bien conservada y le encanta la playa de Puerto Azul, hace una confesión: "me parece notable que habiendo tantas mujeres bonitas en Venezuela Rostik se haya casado con mi hija Tatiana".
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