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Entorno Urbano

Síncope Vial

Poco se conoce del túnel pero alarmaría (si fuera cierto) que su pendiente supera lo pautado en las normas y que en su interior hay dos curvas

  • VICTOR ARTIS

25/05/2019 05:00 am

Durante décadas Caracas clamó por una nueva autopista al litoral, como reacción ante la inseguridad derivada de la inestabilidad de la primera curva, del posible derrumbe del primer viaducto y por el aumento del tránsito, en especial de contenedores y grandes camiones. En procura de una solución, el Ministerio del Transporte y las Comunicaciones abrió un concurso para recabar ideas que culminó con la selección de la extensión de la avenida Boyacá hasta el aeropuerto de Maiquetía, sin conectarla con la autopista actual. Esta opción fue descartada y tiempo después el MTC inició las obras de otra solución que también extiende la Cota Mil con un largo túnel hasta la quebrada Macayapa, después coincide con la autopista actual sobre la ladera inestable de la primera curva y continúa hasta el aeropuerto con un recorrido que casi duplica los 17,6 kms actuales y cruza dos veces la quebrada Tacagua, rumbo que coincide con la falla del Ávila. Poco se conoce del túnel pero alarmaría (si fuera cierto) que su pendiente supera lo pautado en las normas y que en su interior hay dos curvas. Ojala sea posible introducir modificaciones o mejoras que permitan presentarla con orgullo y recordar su creación con satisfacción.

Como las soluciones del ministerio no coinciden con el objetivo de la convocatoria al concurso, permanecerá latente la necesidad de una autopista alterna diseñada para movilizar cargas pesadas, aunque por ahora, la parálisis económica del país mitiga todas las urgencias, excepto lo básico. 

Cabe destacar que la avenida Boyacá no fue diseñada ni construida para transportar cargas pesadas y por ello los vehículos que suban por la nueva autopista no podrán continuar hacia el este de la ciudad. Como es deficiente su integración con la red vial urbana parece que hay un menosprecio hacia la opinión de la planificación municipal, actitud inconveniente para identificar y corregir deficiencias urbanas, labor que corresponde a las autoridades locales. Del proceso cumplido debería quedar como lección la conveniencia de coordinar los saberes y los aportes de los responsables de planificar la ciudad con lo atinente a vialidad expresa. Al efecto es oportuno recordar una solución anterior del MTC que preveía prolongar la Av. Boyacá pasando por Catuche, Lídice y Los Frailes y con un distribuidor en el Manicomio hubiera conectado la vía con las barriadas situadas entre la avenida Sucre y el parque nacional. Allí hubo comunicación y coordinación con la municipalidad. Sustituir aquel proyecto por la solución que se construye, permitió un inicio inmediato de las obras sin tramitar expropiaciones, sin demoler inmuebles y causando molestias tolerables. Predominó la procura de facilismo pero la consecuencia es que el norte de Catia solo dispondrá de la avenida Sucre para conectarse con el resto de la ciudad, condición al parecer irrelevante para el MTC.

Es difícil entender que el ministerio haya priorizado los viajes generados al este de la Plaza Venezuela y soslayado el recuerdo del gran volumen de vehículos de todo tipo que circulaban por la autopista actual hacia el interior y hacia las zonas industriales de Caracas. Cuando el ánimo y la economía del país recuperen un ritmo ascendente será evidente la necesidad de otra autopista apta para vehículos con carga pesada. Mientras tanto permanecerá la amenaza de un síncope vial si algún día se derrumbara la curva bajo el barrio Federico Quiroz u otro puente sobre la quebrada Tacagua. Ojalá no ocurran.  

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