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Rumbo al futuro

Los cambios pueden abrir oportunidades para incorporar tendencias que satisfagan necesidades humanas sin degradar el planeta

  • VICTOR ARTIS

11/05/2019 05:00 am

La presencia de vientos de cambio, agita entusiasmos, dudas y preocupaciones, por ello conviene recordar que en el mundo actual lo constante es cambiar. Al convertirnos en una sociedad urbanizada plagada de carencias a resolver, la realidad advierte que al cambiar debemos actuar con coherencia. En otros tiempos la Presidencia de la República contaba con Cordiplan para evaluar propuestas, definir prioridades y programar acciones en función de los recursos disponibles, no a ciegas como sería agrupar aspiraciones sectoriales desperdigadas. 

Además coordinaba los presupuestos y las acciones de los ministerios; pero tras ser degradado a ministerio perdió autoridad y las estrategias políticas se impusieron sobre las realidades. Para reiniciar el país con seriedad convendría rectificar esa decisión y tal como está descrito en el libro de Enrique Tejera Paris, adoptar una estructura funcional integrada en toda la administración pública con personal evaluado y seleccionado por su capacidad y méritos, no en base a lealtades que siempre han sido efímeras. Con un ente coordinador al más alto nivel, no habría lugar para reticencias por parte de otros despachos y de sectores aspirantes a ser prioritarios, pero temerosos de que evaluarlos limite sus aspiraciones.

Los cambios pueden abrir oportunidades para incorporar tendencias que satisfagan necesidades humanas sin degradar el planeta. Proteger el clima y la biodiversidad, aprovechar los desechos y generar energías alternativas, son avances que podríamos adoptar sin pasar por las etapas de su desarrollo. En movilidad urbana padecemos deficiencias y para mejorar podremos adoptar conocimientos y soluciones que otros han desarrollado con resultados excelentes.  Un ejemplo es el transporte colectivo que debe ser más conveniente que el vehículo individual, tanto por la calidad del servicio como por su regularidad o confiabilidad y por ser menos contaminante. 

En cuanto a urbanismo, el país futuro estará en perenne formación, con la mayoría de la población concentrada en grandes ciudades y un reguero de pueblos incapaces de sostenerse que nada pueden aportar a la prosperidad nacional, pero sus burocracias sobreviven gracias al situado constitucional. Dado que otros países padecen y analizan esta tendencia, podemos acudir a ese caudal de conocimientos para adaptar resultados que estimulen iniciativas económicas y responsabilidad social. El objetivo general debería ser lograr que pequeñas comunidades dispersas sean sustentables, no pesos muertos que ni aportan impuestos, ni reproducen los recursos que reciben.

Al intentar cambiar es previsible la colisión de opiniones opuestas, tanto de personas como de burocracias, pero los conflictos son superables anticipando prioridades y oportunidades en base a recursos ciertos, no con deseos o ilusiones. No menos importante es entender que parte del arte de gobernar es saber conciliar el interés privado con el interés colectivo. Para resumir, cabe decir que el tránsito hacia el futuro abrirá oportunidades para iniciar el proceso de enseriar el país, donde las decisiones dependan de la realidad y de la capacidad para cumplir las ofertas. Puede ser digno de ser recordado.

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