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Falta personal para hemodiálisis

La capital necesita unas cuatro unidades de nefrología para los próximos cinco años

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Los pacientes que requieren hemodiálisis deben realizar tres sesiones semanales, las cuales deben durar entre tres y cuatro horas ARCHIVO
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DELIA MENESES |  EL UNIVERSAL
lunes 12 de agosto de 2013  12:00 AM
La preocupación de las asociaciones que defienden los derechos de los pacientes renales es que las enfermedades de este tipo avanzan más rápido que la respuesta del Estado. Cada año se suman en promedio mil personas que necesitan diálisis en Venezuela. En Caracas la última unidad de hemodiálisis se construyó en abril de 2009 en Catia (Propatria) y está a cargo del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).

Desde entonces se han hecho remodelaciones en servicios ya existentes pero no se han creado unidades nuevas. Raúl Carlini, quien hasta hace pocos días coordinó el Programa de Salud Renal del Ministerio de Salud, considera que la capital necesita unos tres o cuatro centros de hemodiálisis nuevos para asegurar el futuro de los próximos cinco años.

A su juicio la zona de La Trinidad necesita otra unidad pues solo cuenta con la del Centro Médico Docente (que tiene contrato con el IVSS y tiene 12 máquinas). En Petare también se debería ubicar un centro de diálisis. Ya existe un proyecto diseñado para recuperar el servicio de hemodiálisis del hospital de Los Magallanes de Catia, cerrado hace años. "Se está buscando financiamiento para esta unidad, que aliviaría la demanda en esa zona", explica Carlini, quien coordinó en los últimos dos años la remodelación de la estructura física y el equipamiento de cuatro servicios de hemodiálisis en el área metropolitana: el de El Algodonal, JM de los Ríos, hospital Vargas y Clínico, cuya remodelación empezó hace cuatro meses y debería estar lista (con 12 máquinas) en mes y medio.

Aunque estos servicios tienen equipos nuevos, los mismos no funcionan en toda su capacidad por falta de personal especializado. María Yánez, jefa del servicio de hemodiálisis de El Algodonal, explica que la unidad fue reinaugurada en septiembre de 2012 con ocho máquinas y puede recibir hasta 32 pacientes mensuales "pero atendemos 16 o 20 porque nos falta la mitad del personal. Hay apenas tres nefrólogos en la mañana y dos en la tarde".

La situación se repite en el JM de los Ríos, donde la unidad de hemodiálisis recién estrenada tiene 16 máquinas pero no se puede usar el cupo completo por falta de nefrólogos y enfermeros. Belén Arteaga, jefa de este servicio de Nefrología, precisa que se atienden siete niños en la mañana y siete en la tarde, que se dialisan tres días a la semana. "En esta área tenemos tres enfermeras y necesitamos seis". El JM de Los Ríos, el único hospital en Venezuela que dialisa a niños por debajo de diez kilos, necesita unos diez nefrólogos.

Yánez teme por el mantenimiento preventivo de la planta de tratamiento de agua (que es el corazón de las máquinas), pues en los últimos dos meses El Algodonal no ha recibido recursos. Recuerda que la antigua planta de ósmosis colapsó porque no se pagó su mantenimiento y la unidad de hemodiálisis estuvo inoperativa por cuatro años. Este hospital y los otros que tienen hemodiálisis reciben mensualmente el kit genérico que le envía el IVSS.

Paula Landaeta, vecina de El Valle, sufrió las consecuencias de la ausencia de personal de nefrología. Durante un año, su hijo Jean Carlos de 20 años, recibió hemodiálisis en la unidad extra hospitalaria Siglo XXI en Los Rosales. "Él estaba en el turno de la tarde bajo la supervisión de un médico geriatra, porque la nefróloga solo estaba en la mañana. Tampoco había enfermeras especializadas. A veces la unidad se quedaba sin médico. Mi hijo empezó a retener muchos líquidos y tuvo cinco edemas pulmonares, le dio anemia y comenzó a tener problemas cardíacos, hasta dejó los estudios. Los nefrólogos que lo veían en el Clínico y en el Pérez Carreño decían que era producto de una mala diálisis".

Landaeta asegura que el cambio fue del cielo a la tierra desde que el IVSS la reubicó en la unidad Juan Pablo II en la Nueva Granada, donde hay más personal y mejor atención. Aunque el IVSS recibe las denuncias de las unidades de nefrología con problemas, éstas no se cierran porque no hay quien absorba la población que atiende ese centro.

Según Carlini, estar en una unidad de hemodiálisis no es atractivo para muchos nefrólogos porque los sueldos son bajos y el trabajo es arduo y complicado, por lo que se deberían aumentar los incentivos.

Una sesión de diálisis cuesta Bs 5.000 en una clínica privada, pero el porcentaje de pacientes crónicos que se atienden en centros privados es mínimo, las clínicas suelen atender los casos de pacientes agudos. Con la regulación de precios que plantea el Gobierno se fija el costo de una sesión de hemodiálisis en Bs 200, lo que según la Asociación Venezolana de Clínicas y Hospitales implicaría la desaparición de este servicio en el corto tiempo en las clínicas, afectando a aquellas que tienen contrato con el IVSS.

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