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Niños criados en el miedo entre islas de seguridad

Los más jóvenes no desarrollan ningún vínculo emocional con la ciudad.

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Los niños cada vez tienen menos espacios de recreación CORTESÍA CARLOS ORTEGA
JAVIER BRASSESCO |  EL UNIVERSAL
domingo 28 de julio de 2013  09:35 AM
La inseguridad ha hecho que en Caracas los niños sean criados en "corredores de seguridad": de la casa al transporte que los lleva a la escuela y luego los busca para que se encierren entre cuatro paredes, las salidas son sobre todo a centros comerciales y la interacción social se hace a través de las redes sociales.

Los niños caraqueños crecen en el miedo: miedo a los peligros que entraña una calle que ya no es un lugar de juegos, miedo al extraño (al prójimo) uniformado o no, miedo a los motorizados que los roban, a los carros que los atropellan o que pueden esconder a un secuestrador, a una ciudad a la que se vinculan sobre todo a través del temor.

"Tú hoy sueltas a un muchacho de 12 o 13 años en algún lugar de Caracas y te aseguro que en la gran mayoría de los casos no tendrá ni idea de qué hacer", ilustra Tulio Ramírez, presidente de la Asamblea de Educación y coordinador del doctorado de Educación en la UCV.

Esta paranoia entre la que transcurre la infancia de los caraqueños está sustentada en unas cifras oficiales del Ministerio de la Salud que muestra cómo las muertes por cada cien mil personas entre 0 y 17 años se han duplicado entre 1997 y 2009 en el caso de jóvenes entre 12 y 14 años (pasando de 2,6 a 5,3) y casi se triplicaron entre adolescentes entre 15 y 17 años (de 15,9 en 1997 se pasó a 42,2 muertes en 2009).

Y un registro meramente hemerográfico del Cecodap informa que entre octubre de 2010 y septiembre de 2011 al menos 1.492 menores de edad murieron como víctimas de la violencia en todo el país.

Sin vínculos emocionales

Como explica el sociólogo Francisco Coello, un niño que es criado en estas circunstancias no desarrollará ningún vínculo emotivo con la ciudad: "Los más jóvenes no tienen una conexión emocional con Caracas. A mí esta ciudad me dice muchas cosas pero porque fui criado de otra manera, en otra época. En gran parte es por eso que la mayoría se quiere ir de aquí, no solo por problemas económicos o falta de perspectivas: a ellos esta ciudad no les dice nada, tú no puedes amar lo que solo te enseñaron a temer".

Ramírez cree por su parte que en estas circunstancias es muy difícil desarrollar el espíritu de colaboración, de solidaridad, y piensa que son valores que se están perdiendo mientras se desarrollan otros ligados al egoísmo y al narcicismo.

El caso del bombero Carlos Rodríguez, quien hace dos semanas murió tras un accidente de tránsito, y que estuvo tirado y herido media hora en la autopista antes de que alguien lo socorriera, da cuenta de esta pérdida de valores que está teniendo lugar en la ciudad.

A Ramírez le angustia la forma en que se están criando los niños de hoy, y sobre todo le angustia porque no ve salida: "Yo como padre sé que no es lo mejor que mi propia hija pase el día entre cuatro paredes utilizando las redes sociales; sé que no es lo ideal, pero tampoco puedo auparla a que haga vida social en la calle porque corre peligro. El niño de hoy crece solo en medio de tantos artefactos electrónicos, y uno como padre no puede darle la cercanía que merece, entre otras cosas porque hablamos otro idioma".

El estrés pasivo con el que crecen los niños y adolescentes de hoy es una de las cosas que más preocupa a Fausto Romeo, asesor de la Andiep (Asociación de Instituciones Privadas), quien relata cómo se va haciendo cada vez más frecuente en muchos colegios del este ver a muchachos que llegan acompañados de guardaespaldas: "Se vive una incertidumbre muy fuerte que limita la libertad de movimientos apenas empiezas a desenvolverte en la vida".

Aparte de guardaespaldas esperando a las puertas de los liceos, también se dan situaciones que nadie hubiera previsto hace veinte o treinta años. Pedro Henríquez tiene una hija de 17 años que en septiembre empezará la universidad y está aterrado pues jamás se ha manejado sola en la ciudad: al liceo la llevaba él y la regresaba el transporte, y cuando iba a una fiesta siempre la buscaba él, su madre o algún otro padre. Ya no podrá llevarla a la universidad, pues estudiará en la UCAB y ellos viven en San Bernardino. Es demasiado lejos, y ciertamente no tiene dinero para pagar un guardaespaldas.

Porque siempre llega un momento en que no bastan las islas de seguridad.

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Comentarios (1)
Por Thomas Vega
28.07.2013
10:46 AM
Los consejos diabolicos de los hermanos Castro se sigue implementando en nuestra sociedad y piensan que mientras nuestros hijos sean aislados de sus recreaciones construiran unos antisociales. Pero tendremos que seguir luchando para cambiar a nuestra sociedad, con nuestro Vito. Hermanos Votemos para Botarlos y poder tener un futuro seguro y salvar a nuestra sociedad.
 
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