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Un techo para el expresidiario que quiere comenzar de nuevo

Los propios reclusos fundaron una casa en Guatire para ayudar a sus compañeros

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José Luis Martínez pasó veinte años tras las rejas
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JAVIER BRASSESCO |  EL UNIVERSAL
domingo 20 de enero de 2013  12:00 AM
Gilber Caro todavía estaba en la cárcel cuando junto a un grupo de reclusos tuvo la idea de construir una vivienda que ofreciera alojamiento provisional a quienes salen de prisión y no tienen a dónde ir.

Con el dinero que lograron reunir de los diezmos en la iglesia de El Rodeo, compraron materiales y comenzaron a construirla en un terrenito que uno de sus amigos, recién liberado, tenía en Guatire.

Fue inaugurada en 2004 como Casa del Liberado en Marcha (el mismo nombre que tenía su iglesia en la cárcel), y por allí han pasado ya cientos de presos. José Luis Martínez ayudó a construirla y fue uno de sus primeros habitantes tras pasar veinte años en prisión: "Esos primeros días que estás fuera de la cárcel es fundamental que tengas dónde ir, y esta casa nos ofreció eso: un techo a quienes no podíamos volver al barrio porque teníamos alguna culebra o porque sabíamos que allí volveríamos a los malos pasos".

Como no se trata de un centro de rehabilitación, Caro deja claro que aceptan a cualquiera siempre y cuando no venga con problemas de droga, y que lo ideal es que no pasen en este lugar más de seis meses, pues apenas dispone de treinta cupos: "A los drogadictos los remitimos a un centro especializado. Y otra cosa que dejamos clara es que esto es básicamente un lugar de pernocta: aquí no hay ni una reja, pero no aceptamos el ocio, y de día quienes viven en esta casa deben estar trabajando o estudiando".

Jarlis Chávez, quien pasó doce años preso y es vecino del barrio donde la casa se asienta, dice que la misma ha sido "tremenda bendición" para el barrio, porque a raíz de su existencia también se recuperó la media cancha de basket y ahora se construirá un cibercafé y salón de conferencias donde darán charlas y cursos a personas con problemas de violencia.

Israel Santos cuenta que fue esta residencia la que le ha permitido abandonar lo que llama "la mala vida". Cuenta que casi todos sus amigos están muertos, y que él ha pasado preso gran parte de su vida, pero que El Rodeo es lo peor que conoció: "Allí el gordo se pone flaco y el flaco desaparece". Ahora asiste a las misas que aquí se ofrecen los miércoles y domingos, y siente que valora más su vida: "a la juventud que anda mal le tienen que dar una oportunidad de que se regenere, como esta casa debería haber miles".

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Comentarios (1)
Por Pico Farrera
26.01.2013
9:57 PM
Asi se derrota la violencia.Programa como estos hacen la diferencia a nuestro pais . Les deseo el mayoe exito en su presente y futuro y a los otros de mayor suerte ayudelos a reproducir esta labor de paz. VUELVAN CARAS
 
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