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El amor a Dios es el motor que mueve a la casa hogar San José

Trece religiosas abnegadas y muchos benefactores velan por 150 ancianos

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En esta casa el día comienza a las 4:30 de la madrugada con el arreglo de los abuelos, seis de ellos superan los cien años KISAÍ MENDOZA
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DELIA MENESES |  EL UNIVERSAL
domingo 30 de diciembre de 2012  12:00 AM
"Familia es la que canta, la que ríe y la que llora con uno", dice Lourdes Hernández, para referirse a lo que encontró en el Hogar San José. Tiene 72 años y llegó hace cuatro meses a la casa que está a cargo de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados.

Es la única invidente del geriátrico, ubicado en la Av. Sucre de Los Dos Caminos desde 1.953, y colabora atendiendo el teléfono de la casa que cobija a 150 ancianos, muchos de ellos en andaderas y sillas de ruedas.

"Yo todos los días rezo cuatro rosarios, me faltan dos". A veces se le traba la lengua, pero a sus 104 años Marta impresiona por su lucidez. En el hogar hay otros cinco abuelos centenarios. Ellos también sienten la alegría de la época porque las hermanas montan su tradicional pesebre, que ocupa todo un cuarto; las señoras traen rosquitas navideñas y llegan estudiantes a cantarles villancicos.

Los abuelos también cantan en las Misas de Aguinaldos que se celebran en el ancianato. "Algunos tocan la pandereta, quizás no salga muy profesional pero sí muy cariñoso", dice el sacerdote José Rosendo Díaz, quien desde hace diez años oficia la misa a las 7:00 a.m. en la capilla del Hogar San José.

"Este es un geriátrico piloto de Venezuela. Cada hermana es autónoma en su departamento. Ellas conocen a cada abuelo, están pendientes de su aseo, de sus medicinas y tienen fichas de los familiares, cuando estos existen", comenta Díaz.

En esta casa el día comienza a las 4:30 a.m. con el aseo de los ancianos. Hay 13 religiosas abnegadas que velan para que los abuelos reciban una atención integral. El encargado del departamento de odontología, Omar Contramaestre, trabaja en el hogar todos los jueves en la mañana desde hace 10 años. No recibe ningún pago, lo hace por amor a Dios y a los ancianos. "Estoy aquí desde que me gradué, es un apostolado profesional". Pero no solo les arregla los dientes o la plancha. "En este consultorio nos escuchamos, nos abrazamos, nos bendecimos y nos confesamos unos con otros".

El médico geriatra, César Rodríguez, va cuatro veces por semana, los cuida y los cura, hasta donde se puede.

Sor Concepción dice que los abuelos la pasan bien en esta casa amplia y limpia, donde todo está siempre en su santo lugar. Pero hay muchos que no pierden la oportunidad para escapar. "No podemos descuidar la puerta".

La situación socioeconómica de la familia determina la cuota que aportan al hogar. "Pero aquí hay abuelos que no pagan nada, algunos ni tienen documentación. Las hermanas a veces han tenido que costear los gastos del entierro", dice Díaz.

Any Salas colabora con el hogar hace dos años. Vive en las Fuerzas Armadas pero pasa más tiempo en el ancianato. "Llego a las 7:00 a.m. y me voy a las 5:00 p.m. Les doy café, organizo partidas de dominó y damas chinas. Aquí me siento realizada. Esto es ejemplar, yo vivo admirada de las cosas que veo aquí. Es un modelo de amor y abnegación, donde no falla la alegría ni la esperanza".

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Comentarios (1)
Por Maria Rodriguez
02.01.2013
6:39 PM
Conmovedor su articulo.Reconfortante saber que existen personas bondadosas que no ven el cuidado de ancianos como un negocio.La mayoria exigen mucho dinero sin dar buen trato a los ancianos. Gracias por su reportaje que me devuelve la fe en las personas
 
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