Ocupación de quinta La Ermita comenzó hace quince días
La comunidad exige el desalojo de las personas que invadieron el lugar
A simple vista, a los ojos de los vecinos de La Florida, se trataba de una invasión. El pasado domingo, alrededor de las 6 pm, los residentes de la zona dieron la voz de alerta sobre un grupo personas que entraban con sus pertenencias a la quinta La Ermita, antigua residencia del expresidente (1984-89) Jaime Lusinchi.
Sin embargo, las familias que ocupan la vivienda aseguraron ayer que habían pagado por una habitación allí. "Yo di Bs. 10 mil y mi moto", afirmó José Figuera, quien vivía en Petare en una zona de alto riesgo.
Según indicaron, el conserje de la casa pidió la misma cantidad de dinero a cada una de las 20 familias que ocupan el lugar. A cambio recibieron una copia de la llave de La Ermita. "Ya tenemos 15 días aquí", aseveró Radarany Reyes, madre de tres niños.
El domingo, tras el llamado de los vecinos a las autoridades, cerca de las 11 pm, efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana desalojaron la vivienda pero horas más tarde las familias regresaron al lugar.
La información que manejan los vecinos es que llevaron a las personas a un refugio cercano donde no consiguieron cupo, por lo que tuvieron que regresarlas a la que fue vivienda del expresidente.
Durante la mañana de ayer las autoridades regresaron al sitio para mediar nuevamente la desocupación del inmueble, sin embargo los moradores mostraron las facturas del monto pagado por el alquiler del inmueble. "Ellos creen que porque pagaron Bs. 10 mil ya son dueños del lugar", afirmó Haydee Gómez, vocera del consejo comunal de La Florida.
Después de ser propiedad de Lusinchi, La Ermita (cuestionada por haber sido comprada con presuntos actos de corrupción) pasó a manos del empresario Francisco Díaz, quien, según los vecinos, es propietario de negocios en la zona.
Díaz tenía la vivienda arrendada a un artista que la usaba como taller. Tras la ocupación ilegal, el inquilino sacó, este domingo, sus pertenencias y fue cuando los vecinos se percataron de la toma de la quinta.
Las familias que ocupan la quinta se identificaron como adeptas al Gobierno. Indicaron que vivían en condiciones precarias, trabajan como buhoneros y fue precisamente en la calle donde recibieron la oferta por una de las más de 20 habitaciones que tiene la casa.
Obras de arte y equipos médicos fueron encontrados dentro del inmueble. La comunidad teme que el sitio se convierta en un "foco de inseguridad y violencia". Voceros vecinales indicaron que mantendrán la defensa del espacio.
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