Vecinos de retén La Planta están a merced de las balas
Proyectiles entraron en, al menos, ocho edificios y tres planteles educativos
|
|
"Mamá vámonos, vámonos. Comenzaron otra vez", gritó la hija de Rosario Castillo al escuchar un estruendo en la planta baja del edificio Mi Rancho I, ubicado en la Av. Páez a nivel de Los Flores de Puente Hierro. "No chica. Eso es que están tocando la puerta arriba", respondió su madre no sin antes afinar el oído para reconocer de dónde venía el sonido.
El temor fue lo que quedó sembrado en su familia, la cual abandonó temporalmente su apartamento en Los Ranchos II para huir del conflicto en la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal de El Paraíso (La Planta). La opción la sopesaron el 30 de abril cuando una bala penetró el cuarto de Rosario, y se concretó el martes cuando dos nuevos proyectiles ingresaron al baño de su nieto y a la cocina. "Lo que pasó el martes nunca se había visto. Nosotros vivimos en el suelo porque a ellos les da la gana. Son el vecino que la comunidad nunca ha querido", afirma Castillo.
Un muerto y cinco heridos dejó la reyerta del martes. Ninguno de ellos fue reo, ni guardia ni familiar. Los afectados fueron residentes de edificios aledaños al penal.
Trece balas, entre los pisos 5 y 11, penetraron en Mi Rancho II, obligando a seis familias a abandonar su hogar. En Mi Rancho I, otros dos proyectiles entraron en los niveles 5 y 8, mientras que una cantidad indeterminada se coló en las paredes de los conjuntos residenciales Victoria, Alto Alegre y Sorocaima (El Paraíso), así como en unos tres edificios entre las esquinas Venado y Piedra en Santa Rosalía.
No hubo autoridad que se acercara para constatar el estado de los apartamentos o siquiera para instruir a los vecinos sobre cómo actuar en estos casos. A las detonaciones se responde por instinto. Ese que obligó al nieto de Elena Carrillo a gatear por el piso mientras estallaban sus ventanas o el que le dijo a Yoleidy Luque que le colocara un pañito con vinagre a su hijo de 10 meses para aliviarle el picor de las lacrimógenas.
Zona de combate
"Si no es residente no puede pasar" y "¿en qué edificio vive?", es lo que escuchan recurrentemente los que hacen vida en el lado Este de la avenida Páez. "Estamos más presos que los de allí. Uno que creía que podía hacer lo que quisiera ahora tiene que pedir permiso para entrar a su casa", dice Germán Flores.
Él vive en el edificio Chuchube desde 1972 y cuenta que hechos similares a los del martes se registraron en el espacio que hoy ocupa La Planta con los golpes de Estado de antes de los 60, pues allí estaba el cuartel de caballería Ambrosio Plaza.
La situación extendida por 12 días no solo ha afectado a los vecinos sino a la bomba de gasolina y la carnicería de la zona, que han reportado bajas de hasta 50% en ventas.
Del lado Este del penal las calles tienen barricadas con policías, guardias nacionales y bomberos; del lado Oeste, miles de familiares hacen la pernocta esperando información. Esto último ha traído beneficios económicos a la panadería Artepan por la gran circulación de personas, pero mantiene a los dueños en alerta constante.
Clases suspendidas
Ayer en la entrada del preescolar José de Briceño, ubicado a dos cuadras del penal, informaban que las actividades están suspendidas hasta el lunes 14 de mayo. La medida se tomó el martes después que los bomberos tuvieran que socorrer a decenas de niños afectados por los gases lacrimógenos.
Muy cerca de allí, en la unidad educativa privada Santa Ana las clases se suspendieron el 30 abril para preservar la seguridad de sus estudiantes, según informó la hermana María Eugenia, directora del plantel. Lo atinado del acuerdo se develó ayer cuando descubrieron ocho perforaciones de bala en el techo del auditorio. Para no afectar el rendimiento de 571 alumnas, se decidió eliminar las pruebas de lapso, extender la evaluación continua hasta el 6 de julio y brindar guías de estudio. "Esperamos, con el favor de Dios, que esto termine pronto", afirmó la directora.
Otras siete balas llegaron al colegio San Vicente (calle Arismendi, frente al Naciones Unidas), donde uno de los proyectiles entró al salón de 5to grado. "Nuestras puertas no están cerradas pero es decisión de los padres si envían a sus hijos", dijo la directora Jazmín Arias, tras aseverar que, con una matrícula de 566 alumnos, han reportado 80% de inasistencias.
En tanto, desde el jardín de infancia Carmelita López de Ceballos (Avenida El Ejército de El Paraíso) denunciaron que una bala ingresó por el techo e impactó el piso cuando iniciaban el almuerzo.
Javier García, conductor de la línea Cuartel-Paraíso, no se enteró de la situación en los planteles pero vivió en carne propia el caos generado por las lacrimógenas. Seis horas invirtió en hacer su ruta de 40 minutos desde El Paraíso a La Silsa y además tuvo que dejar en el hospital de Los Magallanes de Catia a una pasajera que presentó asfixia.
"Yo estoy de acuerdo con que saquen ese penal de allí", esgrime García. Y aunque así lo prometió el 4 de mayo la ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, habrá que esperar -no se sabe cuánto- a que se cumpla su palabra.
acova@eluniversal.com
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Lo más...
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2012
