El olvido causó furia en El Chorro
La protesta de damnificados se extendió durante más de 12 horas
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Corrían las 3:30 de la mañana cuando en el interior de la torre El Chorro comenzó el movimiento. Solo los niños durmieron, los adultos esperaron en la madrugada con los ojos abiertos: "Ya es la hora, hoy El Chorro sale", fue la voz que corrió ayer de los pisos 4 al 16 y empujó a los habitantes del tercer refugio más grande de Caracas a protestar a las calles.
Cientos de 1.580 refugiados se quejaron de no tener respuestas concretas sobre viviendas en el año y dos meses que llevan allí. Pero unos minutos después de que se instalaran en la avenida Bolívar, un contingente de la policía Nacional los disipó con perdigones, gases y golpes de rolos. Los manifestantes, algunos heridos, corrieron al edificio -y la violencia aún estaba por comenzar.
La calle entre el Ministerio de Ciencia y Tecnología y la torre El Chorro se convirtió en zona de guerra. Desde los pisos más altos del refugio volaron escombros, piedras, palos y restos de material de construcción de Petrocasas, un tipo de plástico que usan en el refugio para separar las habitaciones entre una familia de damnificados y otra.
Más de 50 policías se quedaron abajo formando una barricada que impedía a cualquiera entrar o salir del área de conflicto. Mientras, un grupo de damnificados gritaban consignas un rato y el otro esquivaba lo que sus vecinos lanzaban de arriba. Los contenedores de basura les sirvieron para resguardarse y hacer bulla.
La avenida Universidad y las calles aledañas quedaron hechas un desastre de basura, restos de quioscos y suciedad. Como no hubo paso vehicular todo el día, el centro se convirtió en un caos y algunas oficinas públicas no funcionaron.
Mercedes Morantes, una de las manifestantes, contó que la furia llegó el martes, cuando un representante del Ministerio de Interior y Justicia, el ente del Estado que los apadrina, se presentó al refugio con la noticia de que les adjudicarían unos terrenos en El Valle, pero cuando algunos fueron a verificar, se encontraron con espacios vacíos: "No han puesto ni una cabilla en más de un año. Este edificio (El Chorro) es de oficinas, hay un informe de bomberos que dice que no pueden vivir personas aquí. No tenemos agua, luz ni ascensores y yo, por ejemplo, vivo en el 16".
Al día siguiente, un grupo acudió a Miraflores y allí estuvieron desde las 9 de la mañana y hasta las 5 de la tarde sin que nadie los atendiera, por eso decidieron protestar: "No es posible que tengamos que llegar a esto para que nos escuchen, tenemos copias de cartas que hemos llevado a Vicepresidencia como arroz picado y se burlan de nosotros. Nos ven con desprecio, no somos nadie", explicó Morantes, quien es vocera principal del refugio.
Cuando ya llevaban más de cinco horas de protesta, un tumulto de hombres y mujeres bajaron a un muchacho ensangrentado. Según testigos, el joven cayó de la azotea hasta otro piso y se cortó las venas con los vidrios de las ventanas.
Kilver Hernández, habitantes del piso 11, contó que ya no creen en su padrino, el ministro Tarek El Aissami, ni militares o cualquier otro funcionario que les manden, sólo escucharán al presidente Chávez. Con esa premisa, una comisión de refugiados fue a solicitar una audiencia con el jefe de Estado en Miraflores, pero al cierre de esta edición, no lo habían conseguido. Se conoció que El Aissami los visitó al final de la tarde para darles soluciones, pero en la noche de ayer aún se desconocía lo que les dijo.
La manifestación de la mañana se tornó en casi 12 horas de horror. A los damnificados, golpeados y humillados, solo les queda su fe: "Cuando Chávez se entere de la verdad, nos va a sacar de aquí. Él no sabe cómo vivimos", repetían. Pero ayer en la noche volvieron a dormir a las mismas literas desechas.
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