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VIDAPROG
Por JOSÉ ANTONIO GÁMEZ ESCALONA


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Simétrico, asimétrico, fecundo

13.04.2015 09:17 PM
Todo ser vivo se constituye desde un material de partida, que es una información contenida en el ADN, que constituye los cromosomas que cada uno hereda de sus progenitores y que puede trasmitir a su desendencia (López-Moratalla, 2009). En cada generación se trasmite un mensaje bioquímico contenido en las hebras de ADN. Cada progenitor se encarga de trasmitir la mitad del mensaje total a través de sus cromosomas. Este patrimonio genético es el sustrato material de su identidad biológica. El contenido de ese mensaje genético representan la instrucciones básicas para formar un nuevo organismo. El material heredado de los progenitores describe al individuo puesto que le otorga la identidad biológica propia de la especie, del sexo y del individuo singular. Esa identidad que mantiene durante toda la vida, deberá manifestarse en un fenotipo que estará influido por las variaciones ambientales, o microambientales, en las que se desarrolle el individuo. Esa identidad biológica de cada individuo singular es, desde el comienzo, sexuada. En condiciones normales cada individuo recibe un cromosoma X de la madre, además de un cromosoma X o Y del padre. Así adquiere un genotipo masculino o femenino desde la concepción. A partir de la fecundación se da una activación de ese genoma que genera una nueva vida, con una trayectoria vital unitaria. "El nuevo estado del ADN supone la apariación de una nueva información con una característica importante: le capacita al viviente para iniciar la expresión del mensaje contenido en los genes, de manera regulada por las señales intracelulares creadas en la fecundación" (López-Moratalla, 2009). La construcción del organismo supone la sucesión ordenada de los mensajes de los diferentes genes: una regulación ordenada, unitaria, armónica y coordinada de la expresión de los genes, en el espacio corporal y en el tiempo de la existencia. El mismo individuo macho o hembra, con su identidad biológica inamovible, va pasando por las diferentes etapas de su desarrollo vital debido a: en primer lugar al estado estructural de su genoma, y en segundo lugar a las señales bioquímicas que regulan la expresión de los genes, que cambian para cada etapa del desarrollo. Continuar leyendo

Mujer, varón, humanos

07.04.2015 09:41 PM
Parece que la pregunta de cómo la condición sexual está intimamente integrada en la persona, es pertinente. Es evidente que existen unos elementos en los seres humanos, manifestados principalmente por la libertad, que son capaces de superar la mera determinación orgánica. Inclusive el determinismo genético, que es modificado por el ambiente para manifestar un fenotipo, puede ser superado por esa dimensión humana libre. La libertad que capacita a cada uno para establecer sus ropios fines y decidirse, procede de la persona (en su conjunto), y no solo de cerebro (López-Moratalla, 2009). Toda persona posee en propiedad la naturaleza humana común a todas las mujeres y hombres. La dimensión corporal, abierta y relacional, que es precisamente el elemento constitutivo de la personalidad humana, es signo de la presencia de la persona, pero de ninguna forma es su causa. No está el ser humano encerrado en un nicho ecológico. Por el contrario, está en el  mundo, en tanto que se relaciona con los demás y se hace cargo de la realidad en sí misma, con objetividad y subjetividad, en función de su situación biológica. "El cuerpo es el punto de engarce entre la libertad personal y el mundo, porque el cuerpo es el ámbito que permite manifestar la libertad en el encuentro singular de la persona con el mundo que le rodea" (López-Moratalla, 2009). Además, la condición de mujer y varón dan una dirección propia a la apertura y la capacidad relacional. Basándose en el dimorfismo corporal, el modo de apertura posee una forma sexuada. Esa forma corporea está dirigida por las "ordenes" emitidas desde el cerebro. De esta forma, hay un modo de funcionar el cerebro masculino que difiere del cerebro femenino. Entendemos así que la relación con el cosmos en general es co-tarea, donde tanto la mujer como el varón tienen sus tramos propios. Continuar leyendo

Cerebro y sexo

06.04.2015 09:23 PM
Parece que el dimorfismo sexual corporal es una realidad innegable, que hunde sus raíces en el proceso evolutivo desde los comienzos mismos de la vida (López-Moratalla, 2009). No parece suficiente decir que el dimorfismo sexual está en orden exclusivo de la transmisión de la vida biológica. Esto se acentúa mucho más en el caso de los seres humanos, donde la cultura es un elemento fundamental. Aunque el proceso evolutivo nos ofrece ciertas claves sobre el dimorfismo sexual corpóreo, no nos dice mucho sobre la sexualidad humana. No parece que en el caso de los humanos la sexualidad sea una consecuencia exclusiva de ser mamíferos,  por el contrario es una manifestación de la estructura profunda de cada persona, del carácter personal de todo cuerpo humano. Es decir, ser varón o ser mujer tiene un significado personal específico y propio. La eterna alternativa acerca de cuanto, o en qué medida, nos hacen humanos los genes heredados, el ambiente físico de la gestación y, más adelante, el ambiente cultural, la educación, las relaciones interpersonales, las decisiones propias, y en definitiva la forma de vida, ha ido recibiendo en los últimos decenios valiosos datos de otras ciencias subsidiarias como la biología humana del desarrollo o la psicología evolutiva. Sin embargo, a partir de estos datos se confirma la tesis de que el desarrollo del cuerpo de varón y del cuerpo de mujer, "son procesos temporales específicos, dirigidos por los genes de la masculinidad y la feminidad, que marcan tiempos y ritmos tan diferentes como el lineal y el cíclico" (López-Moratalla, 2009). Continuar leyendo

Cerebro, genes, hormonas, ambiente

05.04.2015 09:51 PM
Un tema muy debatido actualmente es sí el dimorfismo cerebral es genético, es ambiental, o cultural, o incluso opcional. Sin embargo, el dimorfismo cerebral es un hecho. Se busca con más o menos acierto el origen de la condición sexuada de cada hombre y de cada mujer. Está búsqueda quiere cerrar la profunda brecha que se abre entre la naturaleza biológica del ser humano y su conducta, cuando el hecho social y cultural se considera definitivo (López-Moratalla, 2009). Es obvio que existe una base biológica, un presupuesto genético que subyace a la existencia de los dos tipos de cerebros humanos. No cabe duda de que las diferencias según sexo, en la construcción del cuerpo de la mujer y del varón, durante el desarrollo embrionario, y en la etapa postnatal, surgen de la acción diferencial de los genes codificados en los cromosomas sexuales XX y XY. Continuar leyendo

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