CARACAS, sábado 18 de febrero, 2012 | Actualizado hace
18.02.2012
09:28 AM
Comienza la fiesta pagana en la que la gente, en muchas partes del mundo, saca su verdadera cara. Aunque, a decir verdad, en Venezuela todo el año es Carnaval. El desorden, el trencito y las cataratas de aguardiente no esperan por cuatro días al año. Tampoco los militares en ejercicio del poder. Es la casta verde el primer y más falso disfraz de que dispone ahora toda la estructura del Estado, una verdadera comparsa.
Estos militares que ahora ostentan el poder, activos y retirados, estuvieron por mucho tiempo disfrutando las ventajas que brinda ser estudiante de la Academia Militar. Allí, aunque algunos eran un verdadero desastre académico se mantuvieron debidamente disfrazados de cadetes, entre altos y bajos, más con notas deficientes que de las buenas. Eso se sabe porque todos los gobernantes que aparecieron durante estos años de mandato castrense son de la mitad para abajo en los puestos de mérito de las promociones. Algunos, incluso, o son últimos o son penúltimos. Pero bueno, ahí sobreviven muchos de los estudiantes más pobres de Venezuela. Es la carrera militar un refugio de última hora para muchos jóvenes cuyas familias no tienen para cubrir sus estudios. Es decir, la raíz del Ejército venezolano es ciertamente de clases bajas no de castas pudientes como son ahora.
El Estado cubre todo. Desde uniformes hasta comidas, desde gastos médicos hasta desplazamientos y, lo que para muchos es la gran ventaja, tienes trabajo directo al graduarte. Y no es un trabajo normal. Es un trabajo rodeado de poder, de fuerza, de mando y privilegios. Es verdad que los primeros años son de monte y culebra, pero en la medida en que alcanzan puestos donde hay, y esa es la vieja historia de la carrera, los militares pegan unos saltos olímpicos en materia de posición social y posesión de bienes. Es cosa de tener calma y saberse administrar. El esperado cargo llegará en algún momento. Aduanas, fronteras, compras, intendencias de importaciones, divisiones donde se toman decisiones económicas.
Pero, las generaciones que estuvieron disfrazadas de demócratas y estudiantes de buenos modales, prefirieron pegar el salto mucho antes. Y por la vía más primitiva. Se quitaron las máscaras y lanzaron en cosa de meses y por diferentes grupos dos golpes de Estado fallidos, fracasados, pero lograron meterle una bomba de tiempo a la institucionalidad del país. Es verdad que ya venía malita, pero lo que han hecho estos militares, más allá del disfraz de comunistas, es terminar de destruir lo poco que medio funcionaba.
Y no están disfrazados ahorita. Ahora, sin los lentes oscuros y el sombrero cubano, son lo que son. La generación que le tocó en la historia acabar con el país. Y lo están haciendo con gusto, disfrutando cada momento, echándole en cara a los demás que ellos tienen el poder y las armas y que seguirán en lo mismo por muchos años. Esa es la aspiración, al menos. Lo que no es seguro es que el país pueda aguantar otros seis años de esta matraca comunista.
Si ya el país está boqueando.
Twitter: @ejrl
Periodista y abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello. De larga experiencia en los medios de comunicación venezolanos es actualmente Jefe de Redacción de El Universal, donde mantiene una columna de opinión que se publica todos los miércoles.
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