CARACAS, miércoles 02 de mayo, 2012 | Actualizado hace
02.05.2012
10:16 PM
Es admirable descubrir cómo Japón, en una encrucijada de su historia, decidió un día y para siempre formar parte del mundo civilizado y abrazar la modernidad. La historia pudo haber sido de otra manera. Otros pueblos han tenido la misma oportunidad y no la han aprovechado. Y esto no fue hace mucho tiempo. Ocurrió en Japón recién por allá por la segunda mitad del siglo XIX, una época en la que en Venezuela campeaban al mismo tiempo los caudillos restauradores y las revoluciones a caballo. Enfrentada a una posible debacle y a la propia disolución de su país, en el momento del quiebre histórico con el sistema feudal que la había subyugado desde el medioevo, la nación de los Shogunes, Daymios, Geishas y Samurais, pero también la nación de los campesinos, artesanos, pescadores y comerciantes, resolvió unirse para no quedarse atrás en el carrusel del progreso. Aspiró a dar un salto al futuro, tener un lugar de respeto en el mundo y colocarse de igual a igual con las naciones más avanzadas del planeta.
Como parte de esta resolución, encontró el Japón también la determinación para alejarse de la miseria, dejar de ser una nación pobre, asumiendo la firme idea de industrializarse, de crecer, progresar y crear bienestar para todos. Algunos de mis interlocutores de hoy, integrantes de la generación de los baby-boomers (la explosión demográfica post-guerra de entre 1945 y 1950) y que están por retirarse de la vida laboral, todavía recuerdan y me cuentan lo difícil que resultaba para ellos llevarse una taza de arroz a la boca en su infancia. Lo que admiro pues es esa decisión colectiva de abandonar la pobreza, de adoptar lo mejor de las instituciones de occidente y de entrar en la modernidad. Siento gran respeto por su apuesta a largo plazo por la paz, la prosperidad, la democracia, la libertad, la civilidad, el Estado de Derecho y el imperio de la ley.
Ya en 1871 el emperador Meiji, el primero en regir en un lapso de 265 años - tras la abolición del feudalismo y la adopción de una forma de gobierno democrática al estilo occidental - había invocado una formula que los japoneses han sabido aplicar favorablemente hasta ahora. Llamó a la unidad del pueblo y a combinar "el espíritu japonés con el conocimiento occidental" para lograr el propósito de que "Japón pueda compararse favorablemente respecto a los otros países del mundo". Una generación más tarde, el país se había industrializado rápidamente y transformado en una potencia regional. Fue a esa generación de ciudadanos japoneses a la que le tocó sufrir su país, sin perder las esperanzas. El bienestar de que hoy disfrutan las generaciones actuales partió de aquel sufrido país. Desde entonces, esta nación se ha convertido en una tierra de intensos contrastes, donde lo moderno y actual no le resta espacio a las tradiciones. Un país donde se combinan admirablemente las más altas tecnologías con las costumbres ancestrales, donde lo mejor de occidente se aprecia, conoce y disfruta, mientras sabe mantener vivas sus raíces y riqueza cultural. Un país que, sin renunciar a su soberanía e independencia, ha pasado a ser un aliado de occidente y un actor relevante en la escena económica mundial.
Estadísticas oficiales del BCV colocan la salida de capitales de Venezuela desde 1999 hasta el 2011 en más de 150.000 millones de dólares. Con menos del 10% de esta extraordinaria cantidad de dinero (unos 13.000 millones de dólares de entonces) se logró la reconstrucción de la Europa Occidental, devastada durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuánto no se pudiera hacer en Venezuela con este dinero bien administrado? Algo no puede estar bien, ya que esa es una cantidad impresionante de recursos nacionales que han ido a crear empleos, oportunidades y bienestar en otras tierras. Sin embargo, no es este el único capital importante que se ha estado yendo del país en los últimos años. Más importante aún es el "capital humano" que está huyendo de nuestra nación. Se estima que más de un millón de venezolanos se han ido del país en la última década. La incertidumbre e inestabilidad han sido señaladas por expertos como las principales causas del éxodo de talentos que experimenta Venezuela. Los jóvenes que ingresan al mercado laboral buscan hoy pero no encuentran vivienda, seguridad y empleos bien remunerados. Nuestra nación, que históricamente ha cobijado inmigrantes provenientes de todas partes del mundo, está sufriendo ahora la partida de profesionales con experiencia y el desarraigo de nuestros muchachos que no encuentran ni paz, ni seguridad ni futuro dentro de las fronteras patrias. Tanto el capital monetario como el capital humano son indispensables para el desarrollo. Ni siquiera las naciones más avanzadas pueden darse el lujo de perder sus mentes más brillantes. Más de 9.000 investigadores venezolanos trabajan hoy en los EEUU, comparados con apenas 6.000 que quedan en el país. Japón se desarrolló gracias a la unidad de su pueblo, a su creatividad y esfuerzo constante de trabajo, ahorro e inversión. Capital y trabajo fueron cimentados por un propósito común, por un liderazgo responsable al servicio de ese propósito y por unas políticas públicas que ofrecieron confianza, crearon los incentivos y las garantías necesarias. ¿Cuánta confianza en el destino común y amor por su país no habrá que tener para invertir en una nación tan expuesta a los desastres naturales como Japón?
En 1885, en el pequeño poblado de Sakou a las afueras de Nagoya, Sakichi Toyoda, un talentoso joven japonés de apenas 18 años decide convertirse en inventor. Observando el proceso manual, que a fines del siglo XIX empleaban las tejedoras para trenzar los hilos de algodón y fabricar las telas, creó en 1890 un telar hecho totalmente de madera. Esta máquina mejoró sustancialmente la productividad del trabajo de tejido. Algunos años más tarde, Sachiki, creo una segunda máquina, está vez de hierro y madera e impulsada por electricidad, que aumentó la calidad y productividad en la fabricación de las telas. Su empeño no se detuvo ahí. Hacia 1923, después de años de estudio y experimentación, Toyoda había inventado y patentado el primer telar automático del mundo, contribuyendo significativamente así a la expansión de su negocio familiar y poniéndose para entonces a la cabeza de esa tecnología. Su filosofía se resumía en "ser estudioso y creativo" para contribuir con la economía y con la sociedad. Ese espíritu de estudio y creatividad, siempre con la mira puesta en el bien de la sociedad, fue heredado por su hijo Kichiro Toyoda, quién en 1937, después de visitar los EEUU y Europa, decidió incursionar en la fabricación de automóviles. Kichiro se atrevió a crear entonces el primer vehículo japonés que pudiera competir con las pioneras mundiales, Ford y GM. Así pues, partiendo de una modesta industria textil familiar de fines del siglo XIX, nació el emporio automotriz que es hoy la Toyota Motor Corporation.
¿Adonde se están yendo los Sachikis venezolanos del siglo XXI? ¿Cuántos jóvenes venezolanos de 18 años pierden cada día las esperanzas en el futuro, cuando no la vida, por la violencia desatada que nos agobia? ¿Cuántos potenciales talentos venezolanos como Sachiki han muerto, sin educación ni trabajo? Sin ni siquiera la posibilidad de soñar como lo hicieran los jóvenes japoneses de fines del siglo XIX. ¿Cómo habremos de lograr que ese capital humano venezolano que se ha ido regrese algún día? ¿Cómo recuperaremos tantos años de experiencia y de horas-hombre de preparación exportados a otros países? ¿Adónde irán a desarrollar su potencial y capacidad de trabajo los jóvenes talentos venezolanos de hoy? La respuesta seguramente no la encontraremos en el obstinado empeño voluntarista y sectario de un solo hombre que se considera indispensable. El Japón de hoy no lo construyó un solo hombre, tampoco hubo quien se atribuyera el carácter de iluminado. La respuesta se encuentra en todos los venezolanos de bien. Y la palabra clave es "generar confianza".
Estamos obligados a recuperar la confianza y a creer en un destino común y superior para los venezolanos. Sólo en un clima de unidad, libertad y de confianza podremos ver cambiar de sentido el flujo de los capitales monetarios, así como lograr el regreso de muchos venezolanos a trabajar de nuevo en su patria. Necesitamos muchos Sachikis y Kichiros criollos para reconstruir a Venezuela. Cuando veo en detalle algunas fotos en blanco y negro del Japón en desarrollo de los años 50s, me parece ver a Venezuela con sus carencias y dificultades del día de hoy. Solo que nuestro país puede arrancar con ventajas, comparado con la situación que enfrentaron los ciudadanos japoneses semi-feudales que se echaron al hombro a su país a fines del siglo XIX. Venezuela sigue siendo el país de mayor potencial de desarrollo del planeta. Y con la mejor gente del mundo. Invoquemos pues el "espíritu venezolano" combinado con los valores de la democracia y la libertad. A esta generación venezolana nos toca sufrir a nuestro país hoy, por el bien de las generaciones futuras, como lo hicieron los japoneses con el suyo ayer. De igual manera, y sin perder las esperanzas, podemos darle la vuelta a Venezuela con unidad y confianza y lograr también en el lapso de una generación dar un gran salto hacia adelante. Un salto en libertad que nunca nos regrese a la miseria y a la pobreza y que convierta a nuestro país en una sociedad próspera y segura, tal y como se lo propuso el pueblo japonés 150 años atrás.
izquierdomoreno@gmail.com
twitter: nizquiermo
Por Esteban Rivera
22.08.2012
3:47 PM
Estimado Nelson, excelente post. Gracias por compartir tus ideas y vivencias de un pais tan admirado como Japon. Los Venezolanos tenemos mucho que aprender para pensar en socidad y no en individual. Lastima que nos falte como sociedad pensar en colectivo y no tan individual, pero es un trabajo que todos debemos hacer aqui desde abajo sin esperar a mesias ni a lideres que lo vengan a imponer. Un abrazo y los mejores deseos Nelson. Saludos
Por Nelson Izquierdo Moreno
10.06.2012
10:55 AM
Estimada Carolina Martínez: Comparto su preocupación y su angustia. La realidad que usted describe es muy cierta y muy triste. No se trata de aplicar recetas extrañas pero sí de aprender lo mejor que otras sociedades nos pueden enseñar para encontrar el punto de inflexión para la realidad venezolana. Con la educación como fundamento, con un nuevo liderazgo y con las mejores ideas, producto de la reflexión y el conocimiento de nuestra historia y la de otros pueblos, se producirán las transformaciones necesarias. Con la gente de trabajo, con la gente de bien y con jóvenes como usted, no se necesitarán recetas para rescatar los valores y para avanzar hacia la paz y el progreso. Gracias por sus comentarios y por compartir sus ideas y preocupaciones. Un gran saludo desde un Japón cercano.
Por Nelson Izquierdo Moreno
10.06.2012
10:41 AM
Gracias como siempre estimada Elizabeth por sus comentarios y por seguir el Blog de manera tan consecuente. Es un honor y orgullo compartir nuestras ideas. Saludos muy cordiales.
Por Nelson Izquierdo Moreno
10.06.2012
10:30 AM
Saludos estimada Maria Medina. Gracias por su comentario y espero que sigan las sonrisas.
Por Maria Medina
16.05.2012
8:51 AM
Gracias por este interesante post. Y acabo de darme cuenta que cuando lo leo me quedo con una sonrisa en la cara. Otra vez gracias.
Por Nelson Izquierdo Moreno
12.05.2012
5:27 AM
Muchas gracias estimada Desireé. Contamos con gente jóven como usted para que "hagamos todos cada vez más por nuestro país". Los ciudadanos de bien son la mayoría de los venezolanos. Un fraterno saludo venezolano desde Japón.
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