CARACAS, domingo 08 de abril, 2012 | Actualizado hace
Unos 30 años atrás, cuando recién empezaba mi carrera, visité en varias ocasiones el sector denominado "Pozo de Rosas", cerca de la población de San Pedro, en los altos mirandinos. Para la época era este un lugar muy apropiado para realizar cursos de capacitación, encuentros técnicos y seminarios empresariales de diversa índole. Sitio tranquilo y de gran belleza natural, ideal para el estudio, ubicado entre las verdes montañas de la Cordillera de la Costa venezolana. Hoy, mi trabajo en Japón me lleva con frecuencia a visitar China. Así que aquel enclave mirandino vino a mi mente de nuevo hace algunas semanas, cuando me encontré en una actividad de entrenamiento, pero en esta ocasión en las colinas al noreste de Beijing , en la localidad de Mutianyu , al pie de la Gran Muralla China. Un lugar también de gran belleza natural, por sus montañas boscosas y riachuelos, y un sitio de indiscutible valor histórico e interés cultural para el mundo. Muchos años han pasado entre esos dos momentos de mi carrera. Grandes cambios ha experimentado también la humanidad, desde principio de los años 80 a la segunda década del siglo XXI. Los cambios en los ámbitos económico, social y cultural son evidentes, no solo en Japón y en Venezuela, sino también en China. Esta nación se ha convertido en las tres últimas décadas en la segunda economía a nivel mundial, en la principal financista de la economía norteamericana y en uno de los mayores socios comerciales del Japón. Pero China también ha devenido en años recientes en un fuerte aliado comercial y político de Venezuela, con una presencia creciente en el país. De manera que algunas de mis reflexiones, al pie de la Gran Muralla, me llevaron a analizar y contrastar la evolución reciente de este importante país del continente asiático, a la luz de las realidades japonesa y venezolana actuales. Continuar leyendo
Es admirable descubrir cómo Japón, en una encrucijada de su historia, decidió un día y para siempre formar parte del mundo civilizado y abrazar la modernidad. La historia pudo haber sido de otra manera. Otros pueblos han tenido la misma oportunidad y no la han aprovechado. Y esto no fue hace mucho tiempo. Ocurrió en Japón recién por allá por la segunda mitad del siglo XIX, una época en la que en Venezuela campeaban al mismo tiempo los caudillos restauradores y las revoluciones a caballo. Enfrentada a una posible debacle y a la propia disolución de su país, en el momento del quiebre histórico con el sistema feudal que la había subyugado desde el medioevo, la nación de los Shogunes , Daymios , Geishas y Samurais , pero también la nación de los campesinos, artesanos, pescadores y comerciantes, resolvió unirse para no quedarse atrás en el carrusel del progreso. Aspiró a dar un salto al futuro, tener un lugar de respeto en el mundo y colocarse de igual a igual con las naciones más avanzadas del planeta. Como parte de esta resolución, encontró el Japón también la determinación para alejarse de la miseria, dejar de ser una nación pobre, asumiendo la firme idea de industrializarse, de crecer, progresar y crear bienestar para todos. Algunos de mis interlocutores de hoy, integrantes de la generación de los baby-boomers (la explosión demográfica post-guerra de entre 1945 y 1950) y que están por retirarse de la vida laboral, todavía recuerdan y me cuentan lo difícil que resultaba para ellos llevarse una taza de arroz a la boca en su infancia. Lo que admiro pues es esa decisión colectiva de abandonar la pobreza, de adoptar lo mejor de las instituciones de occidente y de entrar en la modernidad. Siento gran respeto por su apuesta a largo plazo por la paz, la prosperidad, la democracia, la libertad, la civilidad, el Estado de Derecho y el imperio de la ley. Continuar leyendo
Una amable lectora me ha pedido escribir sobre la presencia gastronómica latinoamericana en Japón. Como posiblemente sea conocido, los latinos en esta nación provienen mayoritariamente de países como Brasil y Perú, territorios donde a principios del pasado siglo llegaron muchos japoneses en calidad de inmigrantes. Las churrasquerías brasileñas, en el más puro estilo de las que existen en Sao Paulo o en Porto Alegre, pueden encontrarse hoy en varias ciudades de este país. Por su parte, varios establecimientos de la rica gastronomía de la nación incaica han hecho también su aparición desde hace años en la tierra del sol naciente. Puede que me equivoque, pero no sé de ningún establecimiento de comida venezolana y dudo que exista alguno. Esto no significa que no se conozcan o que no puedan saborearse algunos de nuestros manjares nacionales. Si bien la comunidad venezolana es muy pequeña en Japón, se realizan de vez en cuando muestras gastronómicas con el apoyo de organizaciones japonesas que promueven el intercambio cultural internacional. También existen eventos similares patrocinados por la embajada venezolana. En actividades como estas participan por lo general los estudiantes extranjeros en Japón y es por tanto una ocasión también para los estudiantes y otros ciudadanos venezolanos de hacer saborear a sus colegas nipones algunas de las delicias de la mesa criolla. No es una tarea fácil, sin embargo, ya que pocos ingredientes autóctonos de la mesa venezolana se encuentran disponibles en el mercado japonés. Por ejemplo, sería imposible plantearse hacer un sancocho de jurel, elaborar un pisillo de cazón o preparar una catalana frita. Mientras tanto, para cocinar arepas se puede conseguir la tradicional harina de maíz precocida, aunque con alguna dificultad. No obstante, los rellenos "criollos" disponibles son bastante limitados. Por ejemplo, una "reina pepeada" no estaría al alcance de muchos presupuestos, sobre todo, de los estudiantiles. Se convertiría en un lujo, ya que un aguacate, por lo demás muy pequeñito, puede costar más de 2 dólares. Así que lo más probable es que se recurra a una arepa rellena con otros productos como la carne molida, el jamón o el queso amarillo. Se consiguen aquí muchos quesos madurados, tanto nacionales como importados, pero no existe la posibilidad de conseguir quesos frescos, mucho menos de tropezarse con la maravilla de un queso telita o guayanés. La carne mechada se puede preparar, pero probablemente habrá que preferir como relleno al pollo mechado o a un lomo de cerdo, ya que por lo general la carne de res es más costosa que las carnes blancas. Continuar leyendo
Para muchos japoneses es una costumbre el dormirse o permanecer mucho tiempo con los ojos cerrados cuando usan el transporte público y mientras asisten a reuniones. En los trenes, es común ver a personas de todas las edades "cabeceando" o luciendo como si estuvieran "bien dormidas", durante buena parte del trayecto de viaje. Solo bastan pocos minutos, después de abordar el vehículo, para que el japonés promedio se entregue al sueño. Parece ser ligero, no solo por lo poco profundo sino también por lo corto, el sueño que domina a una buena cantidad de quienes se transportan en un vehículo, ya sea en tren, en autobús, etc. Después de años de observación, no obstante, he llegado a la conclusión de que existen variadas manifestaciones de esta misma conducta, dependiendo de la situación o circunstancia que se trate. He llegado incluso a pensar de que ese comportamiento es un asunto quizás de genética. Es decir, parece ser una particularidad muy propia de los nacidos en esta tierra. Además, me da la impresión de que el paquete genético traería consigo una especie de reloj interno. Un reloj que viene con alarma, por lo demás. Y es que usted los puede ver dormidos plácidamente, pero basta que el tren llegue a la estación de destino del pasajero para que de una forma increíble el viajero dormido se despierte, se espabile y retome la marcha hacia su destino final. Pocas veces he visto que se olviden o se pasen de la estación a la que se dirigen. Aparte del sueño que puede provocar el natural sopor del ambiente y el suave balanceo de un medio de transporte. Más allá de esa sensación que a cualquiera, en cualquier lugar del planeta le produciría ganas de tomar una siestita, existe también en Japón otra versión de "sueño ligero". Es la de un sueñito realizado con plena conciencia. En otras palabras, es el quedarse dormido pero permaneciendo despierto, con los ojos cerrados pero estando atento, manteniéndose todavía alerta. Este último caso, es el que ocurre comúnmente con muchos japoneses que "se duermen" en las reuniones. No siempre que usted vea a un japonés dormido en una reunión o en una conferencia, se trata necesariamente de que el individuo se encuentra realmente absorto, ausente, distante. Esta forma de sueño ligero es más bien para ellos, una manera de escuchar, de concentrarse en lo que dice el presentador o conferencista. Sin embargo, para nuestra cultura occidental podría resultar irrespetuosa o hasta ofensiva esta conducta. Resulta extraño y hasta desagradable para muchos extranjeros, provocando las más variadas reacciones en estos interlocutores. Algunos piensan que al escucha japonés no le importa el tema o que no respeta al expositor, conferencista o contraparte de negocios. Nada más alejado de la verdad. Solo se trata de una diferencia cultural que requiere ser entendida por quienes hacen negocios o tratan con japoneses. De igual manera los japoneses hoy en día deben estar cada vez más conscientes de esas diferencias culturales cuando tratan con extranjeros. A tal punto de que se ha hecho necesario en algunas empresas japonesas aconsejar a los empleados que eviten cerrar los ojos mientras escuchan durante las reuniones, especialmente cuando viajen al exterior a seminarios, eventos o encuentros de negocio. Continuar leyendo
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