CARACAS, viernes 25 de enero, 2013 | Actualizado hace
25.01.2013
12:06 PM
La unidad nacional es un tesoro.
Un tesoro que requiere de cuidado, de debate, de intercambio, de revisión, de encuentros, de tesis compartidas, de diversidad, de pluralidad, de respeto, de esencia democrática, de emoción, de razón, de fuerza, de prudencia. De realidad.
La unidad nacional; ese tesoro con tantos padres, con tantas visiones, con tantas diferencias; requiere de mucho más que una visión matriz, que suma adeptos en la medida que se inscriban en una línea única de pensamiento. No puede, ni debe ser, una versión "buena", de todo lo malo que se critica en el adversario político, que por circunstancias históricas e ideológicas, cataloga a todo aquello que se le opone como enemigo.
La unidad nacional, el tesoro preciado que necesita crecer y propagarse, no puede renacer bajo el chantaje de que es necesario sostener su presencia aun cuando existan disconformidades; porque más temprano que tarde esas disconformidades saltarán a la luz, y los "yo te lo dije" no tendrán ni sentido, ni razón, ni ética, ni responsabilidad, ni eco.
La unidad nacional, ese tesoro necesario y perfectible, debe construirse en la medida en que las disconformidades se debatan de manera pública y abierta; porque ciertamente están planteados, dibujados y acordados los objetivos comunes; y corresponde, por el bien del país, asumir métodos coincidentes, aunque no necesariamente amalgamados.
En la unidad nacional no se puede seguir apelando al chantaje de entender cualquier acción de protesta bajo el calificativo malsano que la equipara a la confrontación o la violencia. Basta de comprar el discurso de aquellos que solo entienden la vida bajo el significado de la guerra, de la batalla, del cuerpo a cuerpo, del golpismo, de la conspiración.
Son otros y no los venezolanos que apuestan a desnudar la realidad nacional en toda su dimensión, los que le hacen el juego a un Poder Político que estigmatiza y arrincona; y aún así saca partido de las acciones –aunque minúsculas- de los que pregonan oponerse, pero apegados a una hoja de ruta que se diseña en otras parcelas.
La unidad nacional -una vez más se establece- no puede sustentarse en la foto simbólica, en el acuerdo cerrado, en el discurso que encapsula, y que obvia la creciente angustia que se convierte en molestia superlativa. Hay que atesorar ideas y propuestas, para que esa unidad nacional se haga realidad, más allá de los convites partidistas; necesarios pero no excluyentes.
En estas horas, es obligatorio que todos aquellos que sientan la necesidad de alzar su voz, de expresar su pensamiento, de avivar un debate de progreso y acuerdo; lo hagan. Esconderlo en procura de mejores oportunidades es negarle al país la posibilidad de conocer una dinámica que parece someterse a una matriz inflada, que en rigor no se compadece con la verdad, y que en definitiva, corre el riesgo de concluir de una forma recientemente conocida.
Atentos, porque la unidad nacional es un tesoro; pero jamás sería un tesoro real, si su fundamento es el chantaje.
@incisos
Un ciudadano más. Convencido de la necesidad de una visión plural de la vida. Fiel creyente de que nos sobra talento para enfrentar los retos. Enemigo de las camisas de fuerza. Dueño de mis ideas solo hasta que son públicas. Partícipe de las ajenas, cuando redundan en auténtico, y no sesgado, bienestar colectivo. Aquí algunas ideas, algunos Incisos, que intentan mostrar una -de tantas- visiones. Autor del libro "Primarias, un ejercicio ciudadano".
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