CARACAS, jueves 24 de mayo, 2012 | Actualizado hace
24.05.2012
04:49 PM
Ahora que medianamente ha pasado el tsunami que despertó Caracas, ciudad de despedidas, voy a comentarlo, porque lo que me angustia no está necesariamente relacionado con aquella breve película tan honesta y genuina que hicieron Chávez (la realizadora) y sus amigos. Sino con la reacción que trajo y usualmente trae todo cuanto se erige como una expresión de quienes somos en nuestro país.
La burla, el desprecio, la crítica lacerante, el señalamiento, la descalificación. Lo que sucedió como un rechazo espontáneo, extremo y desproporcionado, y luego se convirtió en una seguidilla de disculpas, ante la mirada calmada de que aquella no era sino la expresión de un sentimiento tan válido como cualquier otro, no es una reacción aislada, ni nueva, ni ajena.
Suele padecerlo el venezolano, nos da tirria, nos genera escalofríos, atestiguar que el prójimo, sea para el arte, para acometer una empresa o para destacarse por su conocimiento, se erija públicamente con su parecer, tenga la dignidad de alzar la mano, decir lo que piensa y arriesgarse a sentir orgullo por algo que no es del común denominador en su entorno.
Es una suerte de intolerancia que nos habita. Que se permite escupir a la primera, ridiculizar, pensar que lo distinto es una pérdida de tiempo o es una expresión afeminada (agresión que es consecuencia de la homofobia, otra intolerancia). Somos unos tira taquitos. No nos calamos que nadie diga una vaina en serio ni que le dé un poco de peso a su existencia, porque nos arrechamos.
Pasa todo el tiempo, en todos los estadios, y en varias generaciones. Es como si al venezolano no le gustase verse reflejado. Le da miedo. Le da nervios. Le da risa nerviosa. Lo primero que cree es que se ve mal. Se ve mal en el otro. Todo le da pena ajena. Y tiramos el coñazo.
Nos cuesta aguantar con tranquilidad que hay un gentío que no se nos parece, que tiene otras historia, otro código, y que eso vale tanto como lo tuyo, y que puedes no estar de acuerdo, pero que no hay que escandalizarse, no hay por qué declararlos personas non gratas ni botarlos de la fiesta.
Que la intolerancia sea un a forma de ejercer el poder, en casos producto de crisis históricas, es un fenómeno que se puede hallar en muchas sociedades. Pero que sea un rasgo prevalente en cualquier estadio colectivo me parece que hay pocos casos como el nuestro.
Es como si -se me parece tanto a un adolescente que se siente mal querido y tiene rabia porque no ha asumido que la vida va a depender en buena medida de él mismo- en el fondo, nos tuviésemos arrechera a nosotros mismos.
Por Julio T. Cabello
02.06.2012
10:11 AM
Hola, Ivan. Gracias por tu comentario. Parece que siempre pensamos que porque suponemos las cosas se hacen en otras tudes, son legitimas en la nuestra. Yo no creo que el insulto sea un denominador comun en otros climas, asi como no creo que la inseguridad es un problema internacional. Por otra parte, para nada temo ni pienso se debe limitar la critica, por el contrario, en esa misma libertad es que me atrevo a decir que una cosa es la critica, y otra la animadversion lacerante, destructiva y lapidaria, que como bien dices, no necesariamente tiene que ver con la polarizacion que vivimos, sino que dice algo mas profundo que no esta bien en nuestro espiritu. Y que ocurre permanentemente en nuestra cotidianidad, no se remite unicamente a los realizadores del video Caracas, ciudad despedidas. Saludos!
Por Ivan Avendaño
02.06.2012
1:04 AM
La verdad entonces podriamos acusarte de intolerante a la critica. Sacando los insultos que recibieron los chicos del video, muchas opiniones giraban en contra de lo alli expresado. Si haces tu opinion publica te expones a recibir la critica, asi de simple. Salir a quejarse porque no te gusta la critica es jugar al papel de victima perteneciente a una minoria que es aplastada por la mayoria y como consecuencia por ser victima entonces tienes razon en tu argumento. Realmente eso es una falacia. El tema del insulto en las redes sociales es comun en cualquier lugar del mundo, algunos lo llaman trolleo y pocas cosas escapan de ello. Nada tiene que ver la robolucion ni el autobus del progreso. Esos chamos pueden hablar de cualquier cosa y al usar las mismas expresiones, el mismo estilo, te aseguro que recibiran el mismo rechazo .
Por Maria Medina
29.05.2012
6:12 AM
Este es otro de los logros de la Roboilusión. La intolerancia y la agresión gratuita. Recuerdo que mi suegra contaba que cuando llegó a Venezuela en 1950 la gente era confianzuda pero amable. Le decían cosas como "Señora usted si es bonita es española verdad?" Ahora sería muy diferente. Pura grosería y cero educación.