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El Óscar 2013 ofrece el perfil de una nación

"Lincoln", "Argo", "Bestias del sur salvaje", "Django sin cadenas" y "Zero dark thirty", Cada una de estas películas aporta una mirada, un rasgo, al retrato de un país sumergido en sus contradicciones políticas.

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"Argo" (2012) de Ben Affleck fue la primera cinta en apuntarse a los parabienes de la Academia (Cortesía)
ROBERT ANDRÉS GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
lunes 18 de febrero de 2013  02:51 PM
Si, Argo (2012) de Ben Affleck fue la primera cinta en apuntarse a los parabienes de la Academia de cara a los premios Óscar. También fue una de las primeras cintas en aprovechar el portaviones de lo oscarizable para llegar a mayores audiencias.

La llegada de sus futuras contendoras, sin embargo, tambaleó un poco sus aspiraciones. Zero Dark Thirty (La noche mas oscura) de Kathryn Bigelow entró golpeando fuerte. Ni qué decir de Django sin cadenas de Quentin Tarantino. Con más reservas -por parte del espectador, más que de la crítica-, Lincoln de Steven Spielberg se alzaba como un fresco sólido y minucioso sobre un momento crucial de la nación del norte.

El American Film Institute no vaciló en incluirlas entre las diez mejores cintas de 2012. Razon llevaba.

No obstante, hay gestos que son capaces de revertir tendencias. Llegado el día de las nominaciones, Argo consiguió entrar entre las nueve nominadas a Mejor película, pero –oh, sorpresa-, su director, Ben Affleck quedó fuera. Entre los cinco realizadores nominados, su nombre no llegó a figurar. Y esto encendió un polvorín que aún no se detiene, ni siquiera en Gran Bretaña, donde el film y su realizador, se llevaron sus galardones respectivos.

No debería extrañar, cuando incluso en el marco de los Screen Actors Guild le arrebató el premio de Mejor elenco a contendoras más sólidas como Lincoln, El lado bueno de las cosas (acá Los juegos del destino) y El exótico hotel Marigold).

Argo va en ascenso. Mientras sus competidoras se estancan. El film de Bigelow ha revertido sus posibilidades ante las duras críticas que emergen desde el seno del Congreso.  El crudo mensaje político de Quentin Tarantino tampoco ha dejado de levantar roncha. Ni qué decir de Lincoln, un film cuya taquilla ha estado bastante por debajo de los récords de Spielberg, quien en esa particular soledad del Autor con mayúsculas, parece recibir las presiones de una industria que desea vuelva a sus viejos caminos.

Así, Argo, con sus valores –que los tiene-, parece estar cómoda en sus serias posibilidades. Las mismas que asomó tempranamente. Esas que subrayan a Ben Affleck como uno de los futuros autores del Viejo Hollywood. Un film que transcurre entre la farsa y el suspenso y que si bien apunta la revisión de un hecho historico, da cuenta de un viaje que convierte a esa centenaria industira en la heroica protagonista del evento y del film.



EL PERFIL DE UNA NACION

Cada una de estas películas aporta una mirada, un rasgo, al retrato de un país sumergido en sus contradicciones políticas.

Argo ofrece la épica de un héroe solitario; pero también pone sobre la mesa los dilemas de Estados Unidos con Irán y el Medio Oriente. Dilemas que se remontan aán más en el pasado; pero que se subrayan en esa ruptura de relaciones tras la caída del Sha de Irán a finales de la década de los 70.

El relato de Argo es descriptivo en su naturaleza histórica –pero también guarda momentos de cine bien dirigido en esos momentos finales que dejan atras el detalle documental para convertirse en una crónica de suspenso.

Si Argo enciende la chispa de esas relaciones en rojo carmesí, Zero Dark Thirty (La noche más oscura) recoge el testigo tres décadas después, a la sombra del 11-S. Más que la crónica de una búsqueda, es la crónica de un miedo casi absoluto. El de un país que ha sido sometido al terror en sus propias fronteras lejos de las épicas y fantásticas novelas de ficción.

Bigelow no ofrece tregua, ni tampoco edulcora su mirada y por ende lo que el espectador ve.  La suya es una cinta que agrede sin piedad intentando comprender los derroteros asumidos e intentando en ello conseguir una suerte de paz, de sensacion de tranquildad, tras una década de temores.

El film de Spielberg revisa las bases de la historia de Estados Unidos, intentando poner en perspectiva el origen de una nación.

La refundacion de un país en una de sus encrucijadas morales y éticas más importantes corre en pantalla con la figura de Abraham Lincoln sosteniendo un entramado político de negociaciones que socavan las resistencias con más fuerza que un rifle en el campo de batalla.

El de Spielberg es un relato –y retrato- que se fragua desde las cenizas. De una nación que debe reinventarse económica y políticamente; pero que también debe mirarse a sí misma en un nuevo orden de igualdades. Un mensaje que debió esperar a que pasaran las elecciones que dieron a Obama cuatro años más en la Casa Blanca. El realizador consideraba que su película podría generar ruido en el debate político y por supuesto entre los electores. La de Lincoln fue una cruzada republicana que quizás habría podido torcer cierta balanza en el contexto actual –o no-, donde el país enfrenta uno de sus peores momentos económicos.

Como sea, la de Spielberg es una cinta difícil en su entramado discursivo. Sin duda, ofrece sus momentos propios de este autor: ese inicio espectacular o aquel que transcurre en plena sala del Congreso o en el regreso a casa de Thaddeus Stevens (el personaje que interpreta Tommy Lee Jones). Marcas de estilo que sin embargo dan paso a una de las obras más maduras y arriesgadas de este realizador.

A su lado, Django sin cadenas de Quentin Tarantino dialoga más cerca de Lincoln que del resto. El western es apenas la primera capa del film más político a la fecha de este director. Un film que no por casualidad está ubicado temporalmente dos anos antes del inicio de la Guerra Civil de Estados Unidos.

Como en toda cinta de Tarantino, los excesos están a flor de piel. Pero esta vez, Tarantino no abusa de la pirotécnica, va sumergiendose capa a capa hasta tropezar con un muro, un sentimiento encarnado por Leonardo DiCaprio y Samuel L. Jackson,  reverso y anverso de una aterradora moneda.

El film de Tarantino funciona como preludio al film de Spielberg, de la misma manera que Argo y Zero Dark Thirty comparten un arco temporal, que en ese deseo de revisión y refundación, conecta con la ópera prima de Benh Zeitlin: Bestias del sur salvaje, ganadora en Sundance y que además recibió recientemente el espaldarazo de la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama.

Ese ánimo de refundación y revisión late tambien en este film que habla sobre la vida y los estragos del huracán Katrina de manera metafórica.

Estupendos films, El lado bueno de las cosas de David O. Russell, La vida de Pi de Ang Lee, Amor de Michael Haneke y Los miserables de Tom Hooper apuestan a otros temas, distantes de las anteriores cinco; pero cierran sin duda una de las mejores selecciones que la Academia haya hecho en mucho tiempo.






















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