Los cinco Famasloop
La banda venezolana lanza hoy al mercado su tercer disco, "La quema", con el cual, dicen, cierran la trilogía iniciada con "Tres casas" y continuada con "Casa 4". Alain Gómez, Vanesa Gouveia, Rafael Urbina, Luis Daniel González y Ricardo Martínez, nos cuentan sus historias.
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LORENA TASCA
| EL UNIVERSAL
domingo 16 de septiembre de 2012 12:00 AM
Rafael lleva las baquetas en sus manos
A los once años, su padre lo llevó a la tienda de instrumentos musicales Sam Ash de la ciudad de Miami y le dijo a él y a su hermano que escogieran uno. Rafael Urbina, de 33 años, recuerda que haber elegido el bajo, pero semanas más tarde se lo cambió a su hermano por la batería.
Ese recuerdo de su padre, que falleciera hace 16 en un accidente de tránsito y que le enseñó a tocar piano y cuatro, marcó definitivamente su vida. "Yo nunca imaginé que iba a ser músico ni que me dedicaría a labores relacionadas con la música. Siempre pensé que esto quedaría como un pasatiempo, porque en mi familia todos saben tocar algún instrumento, pero ninguno llegó a tener la música como su profesión principal", cuenta el baterista y fundador de Famasloop, que realizó estudios de Letras durante tres años y luego se graduó de abogado en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello.
Su destino no era estar detrás de un escritorio, sino llevar unas baquetas en las manos -estudió batería con González Suárez (Telegrama)- y crear y organizar eventos musicales como el Festival Ni Tan Nuevas Bandas (en el año 2010) y la última edición del Festival Nuevas Bandas gracias a EBG Entertainment Business Group, empresa que además dirige.
Amén de ser socio nada menos que del productor argentino Fabián A. González Amado, mejor conocido en el universo musical por su apodo "Tweety González", quien ha comandado joyas musicales como Ahí vamos de Gustavo Cerati y la Casa 4 de Famasloop, entre otros.
Experto en ritmos como el tombo, el bombo y el hit hat, Rafael Urbina lleva actualmente -y con orgullo- la camisa azul marino con luces rojas en un hombro, nuevo sello Famasloop.
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Vanesa le extrae sonidos a los juguetes
Su padre Wendell Gouveia era profesor y actor. Su madre, Gisela Santana, cantautora de música infantil. Así que lo más sensato era que Vanesa Gouveia, hoy una chica menuda, de 30 años, larga melena negra y sonrisa constante, llevara el arte tatuado en los genes.
Y sin embargo le tocó lidiar con la desaprobación de su padre, quien se negaba rotundamente a que ella le entregara su vida a los escenarios, fuera a los micrófonos o a las tablas.
"Yo pasé toda mi infancia viendo a mi madre cantando o actuando sobre una tarima. Por eso mi relación con la música siempre fue muy autodidacta. Charrasqueba el cuatro, le inventaba canciones a mis muñecas, y las reproducía en la grabadora de mi mamá", cuenta la percusionista y corista de Famasloop, quien obviamente se rebeló al padre y probó primero la actuación... y luego la música.
Recuerda especialmente la pieza La luna de jovillo, en la que tuvo que actuar y cantar. "En ese momento fue que descubrí cuánto me apasionaba cantar y transformarme en otros personajes", dice Gouveia, quien inició estudios de Artes Plásticas en el Instituto Armando Reverón, pero no pudo terminarlos debido a un acontecimiento inesperado: a los 25 años quedó embarazada y dio a luz a Matías Rodríguez, a quien ella describe como "un loquito con un oído musical impresionante".
A Famasloop llegó con Casa 4, segundo disco de la banda, para el cual fue invitada por Alain Gómez y Rafael Urbina a participar como percusionista menor, corista y, además, para extraerle sonidos a juguetes infantiles, sin duda una de las características de la agrupación.
Así que en el día, dice, es profesora de Iniciación musical en los preescolares La casita de Wendy y Kids Club -donde le enseña a los niños conocimientos básicos acerca de los instrumentos musicales y su melodías-. Y en las noches se coloca un vestido azul, medias pantys negras, tacones, y se convierte en la única chica Famasloop.
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Alain compone música sanadora
Una tragedia familiar lo hizo cambiar completamente de rumbo hace más de cinco años. Su hermanita menor, Naiara, cayó en coma profundo debido a un accidente cerebro vascular y a Alain Gómez, hoy de 33 años, un flacuchento que lleva cabello rizado y barba -unas veces arreglada y otras no tanto- no le queda la menor duda de que su música contribuyó a su recuperación.
"Ella siempre reaccionaba cuando le cantaba o cuando le tocaba algún instrumento (...) Con ella descubrí que la música se conserva en la parte más primitiva del cerebro, donde se alojan las necesidades de comer, de supervivencia, del sexo", dice él, que decidió abandonar entonces sus estudios de Ingeniería en Computación en la Universidad Simón Bolívar para dedicarse a la música.
A decir verdad, dice él, la música siempre estuvo presente en su vida. Su primera grabación, por ejemplo, la hizo con un grabador casero en el que compuso melodías valiéndose de eructos y golpeando algunos cojines en lugar de tambores. "Fue un éxito entre mis amigos", recuerda con una gran carcajada el vocalista y compositor principal de Famasloop, que ya en el Colegio El Peñón había hecho alardes de sus habilidades como compositor.
"Yo me la pasaba inventándole canciones a todos los profesores y casi siempre lo hacía con letras muy obscenas", dice Gómez, quien a pesar de haber estudiado luego comunicación social nunca llegó a graduarse por falta de la tesis.
Esa última entrega debió ser la serie animada La isla presidencial, que en el año 2010 fue popularizada por el blog humorístico El chigüire bipolar.
Actualmente dirige su propia compañía: el estudio de grabación Pararrayos -ubicado en su residencia- donde ha realizado cuñas para Coca-Cola y el canal Sony.
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Ricardo lleva el control del bajo
Ricardo Martínez, 35 años, dreadlocks a medio hacer y barba de varios días, siempre lo tuvo clarísimo: lo suyo era la música.
Tal vez por esa razón no atina a encontrar el momento exacto en que se encendió la chispa musical. Fue quizás gracias a sus seis primos, que como él siempre prefirieron cargar un instrumento antes que tomar un videojuego o golpear un balón.
O al bajo Fender Power Jazz color blanco que aprendió a tocar siendo apenas una criatura. Pero lo cierto es que apenas se graduó de bachiller en el colegio El Claret, tomó cursos intensivos en el Taller de Arte Sonoro durante dos años para poder graduarse más tarde de ingeniero de sonido. Solo que la carrera no existía en el país.
"La música siempre fue algo muy natural para mí. Recuerdo que durante mi infancia toqué el bajo", dice Martínez, que es también bajista de Wahala, y que ahora es dueño del estudio Remoto Estudios, donde ha producido los discos de Los Mesoneros, Malanga, Viniloversus, Americania y otras bandas del patio.
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Luis Daniel aporta el alma metalera
El piano alemán que pasó de mano en mano, y de generación en generación en su familia, se diría que fue inicio de la historia musical Luis Daniel González, de 33 años, y con un parecido increíble con el guitarrista londinense Steve Wilson.
"El piano era un elemento completamente decorativo en la casa", dice González, quien recuerda que darle a las teclas para ver cómo sonaban se convirtió para él primero en una curiosidad y más tarde en un compromiso diario luego de que sus padres lo inscribieran en clases particulares de piano clásico desde los siete hasta los 15 años.
Estudió a profundidad las melodías de Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart, hasta que se graduó de bachiller en el colegio Cumbres de Caracas y se marchó a Estados Unidos, donde cursó el llamado "año internacional" y le metió el pecho al jazz.
"Mi alma siempre ha sido muy metalera, pero la música en general siempre ha generado muchísima curiosidad en mí. Por eso me he dedicado a estudiar todas las teorías musicales posibles", dice González, quien a su regreso se graduó de arquitecto en la Universida Central de Venezuela, sin olvidarse de la música, eso sí.
Durante el día, Luis Daniel Gon zalez es hoy una de los cabecillas de Legendsoft, la compañía de diseño y desarrollo web. Y en sus ratos libres se dedica a Famasloop, banda en la que participó como músico invitado desde Tres Casas (2006) hasta hoy. Además de ser tecladista de la agrupación Mojo Pojo.
A los once años, su padre lo llevó a la tienda de instrumentos musicales Sam Ash de la ciudad de Miami y le dijo a él y a su hermano que escogieran uno. Rafael Urbina, de 33 años, recuerda que haber elegido el bajo, pero semanas más tarde se lo cambió a su hermano por la batería.
Ese recuerdo de su padre, que falleciera hace 16 en un accidente de tránsito y que le enseñó a tocar piano y cuatro, marcó definitivamente su vida. "Yo nunca imaginé que iba a ser músico ni que me dedicaría a labores relacionadas con la música. Siempre pensé que esto quedaría como un pasatiempo, porque en mi familia todos saben tocar algún instrumento, pero ninguno llegó a tener la música como su profesión principal", cuenta el baterista y fundador de Famasloop, que realizó estudios de Letras durante tres años y luego se graduó de abogado en la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello.
Su destino no era estar detrás de un escritorio, sino llevar unas baquetas en las manos -estudió batería con González Suárez (Telegrama)- y crear y organizar eventos musicales como el Festival Ni Tan Nuevas Bandas (en el año 2010) y la última edición del Festival Nuevas Bandas gracias a EBG Entertainment Business Group, empresa que además dirige.
Amén de ser socio nada menos que del productor argentino Fabián A. González Amado, mejor conocido en el universo musical por su apodo "Tweety González", quien ha comandado joyas musicales como Ahí vamos de Gustavo Cerati y la Casa 4 de Famasloop, entre otros.
Experto en ritmos como el tombo, el bombo y el hit hat, Rafael Urbina lleva actualmente -y con orgullo- la camisa azul marino con luces rojas en un hombro, nuevo sello Famasloop.
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Vanesa le extrae sonidos a los juguetes
Su padre Wendell Gouveia era profesor y actor. Su madre, Gisela Santana, cantautora de música infantil. Así que lo más sensato era que Vanesa Gouveia, hoy una chica menuda, de 30 años, larga melena negra y sonrisa constante, llevara el arte tatuado en los genes.
Y sin embargo le tocó lidiar con la desaprobación de su padre, quien se negaba rotundamente a que ella le entregara su vida a los escenarios, fuera a los micrófonos o a las tablas.
"Yo pasé toda mi infancia viendo a mi madre cantando o actuando sobre una tarima. Por eso mi relación con la música siempre fue muy autodidacta. Charrasqueba el cuatro, le inventaba canciones a mis muñecas, y las reproducía en la grabadora de mi mamá", cuenta la percusionista y corista de Famasloop, quien obviamente se rebeló al padre y probó primero la actuación... y luego la música.
Recuerda especialmente la pieza La luna de jovillo, en la que tuvo que actuar y cantar. "En ese momento fue que descubrí cuánto me apasionaba cantar y transformarme en otros personajes", dice Gouveia, quien inició estudios de Artes Plásticas en el Instituto Armando Reverón, pero no pudo terminarlos debido a un acontecimiento inesperado: a los 25 años quedó embarazada y dio a luz a Matías Rodríguez, a quien ella describe como "un loquito con un oído musical impresionante".
A Famasloop llegó con Casa 4, segundo disco de la banda, para el cual fue invitada por Alain Gómez y Rafael Urbina a participar como percusionista menor, corista y, además, para extraerle sonidos a juguetes infantiles, sin duda una de las características de la agrupación.
Así que en el día, dice, es profesora de Iniciación musical en los preescolares La casita de Wendy y Kids Club -donde le enseña a los niños conocimientos básicos acerca de los instrumentos musicales y su melodías-. Y en las noches se coloca un vestido azul, medias pantys negras, tacones, y se convierte en la única chica Famasloop.
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Alain compone música sanadora
Una tragedia familiar lo hizo cambiar completamente de rumbo hace más de cinco años. Su hermanita menor, Naiara, cayó en coma profundo debido a un accidente cerebro vascular y a Alain Gómez, hoy de 33 años, un flacuchento que lleva cabello rizado y barba -unas veces arreglada y otras no tanto- no le queda la menor duda de que su música contribuyó a su recuperación.
"Ella siempre reaccionaba cuando le cantaba o cuando le tocaba algún instrumento (...) Con ella descubrí que la música se conserva en la parte más primitiva del cerebro, donde se alojan las necesidades de comer, de supervivencia, del sexo", dice él, que decidió abandonar entonces sus estudios de Ingeniería en Computación en la Universidad Simón Bolívar para dedicarse a la música.
A decir verdad, dice él, la música siempre estuvo presente en su vida. Su primera grabación, por ejemplo, la hizo con un grabador casero en el que compuso melodías valiéndose de eructos y golpeando algunos cojines en lugar de tambores. "Fue un éxito entre mis amigos", recuerda con una gran carcajada el vocalista y compositor principal de Famasloop, que ya en el Colegio El Peñón había hecho alardes de sus habilidades como compositor.
"Yo me la pasaba inventándole canciones a todos los profesores y casi siempre lo hacía con letras muy obscenas", dice Gómez, quien a pesar de haber estudiado luego comunicación social nunca llegó a graduarse por falta de la tesis.
Esa última entrega debió ser la serie animada La isla presidencial, que en el año 2010 fue popularizada por el blog humorístico El chigüire bipolar.
Actualmente dirige su propia compañía: el estudio de grabación Pararrayos -ubicado en su residencia- donde ha realizado cuñas para Coca-Cola y el canal Sony.
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Ricardo lleva el control del bajo
Ricardo Martínez, 35 años, dreadlocks a medio hacer y barba de varios días, siempre lo tuvo clarísimo: lo suyo era la música.
Tal vez por esa razón no atina a encontrar el momento exacto en que se encendió la chispa musical. Fue quizás gracias a sus seis primos, que como él siempre prefirieron cargar un instrumento antes que tomar un videojuego o golpear un balón.
O al bajo Fender Power Jazz color blanco que aprendió a tocar siendo apenas una criatura. Pero lo cierto es que apenas se graduó de bachiller en el colegio El Claret, tomó cursos intensivos en el Taller de Arte Sonoro durante dos años para poder graduarse más tarde de ingeniero de sonido. Solo que la carrera no existía en el país.
"La música siempre fue algo muy natural para mí. Recuerdo que durante mi infancia toqué el bajo", dice Martínez, que es también bajista de Wahala, y que ahora es dueño del estudio Remoto Estudios, donde ha producido los discos de Los Mesoneros, Malanga, Viniloversus, Americania y otras bandas del patio.
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Luis Daniel aporta el alma metalera
El piano alemán que pasó de mano en mano, y de generación en generación en su familia, se diría que fue inicio de la historia musical Luis Daniel González, de 33 años, y con un parecido increíble con el guitarrista londinense Steve Wilson.
"El piano era un elemento completamente decorativo en la casa", dice González, quien recuerda que darle a las teclas para ver cómo sonaban se convirtió para él primero en una curiosidad y más tarde en un compromiso diario luego de que sus padres lo inscribieran en clases particulares de piano clásico desde los siete hasta los 15 años.
Estudió a profundidad las melodías de Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart, hasta que se graduó de bachiller en el colegio Cumbres de Caracas y se marchó a Estados Unidos, donde cursó el llamado "año internacional" y le metió el pecho al jazz.
"Mi alma siempre ha sido muy metalera, pero la música en general siempre ha generado muchísima curiosidad en mí. Por eso me he dedicado a estudiar todas las teorías musicales posibles", dice González, quien a su regreso se graduó de arquitecto en la Universida Central de Venezuela, sin olvidarse de la música, eso sí.
Durante el día, Luis Daniel Gon zalez es hoy una de los cabecillas de Legendsoft, la compañía de diseño y desarrollo web. Y en sus ratos libres se dedica a Famasloop, banda en la que participó como músico invitado desde Tres Casas (2006) hasta hoy. Además de ser tecladista de la agrupación Mojo Pojo.
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