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"Algunos lugares de la pintura", la mirada sobre el color de María Zambrano

Un bellísimo y delicado volumen que se público por primera y única vez en Espasa Calpe, con edición de la poeta Amalia Iglesias, dos antes de que muriera María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991) y que estaba descatalogado hasta que ahora lo ha recuperado la editorial Eutelequia, con edición, introducción y notas del pensador y catedrático de Filosofía Pedro Chacón.

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Fotografía de archivo de la filósofa María Zambrano, tomada el 12 de mayo de 1986 (Efe)
EL UNIVERSAL
jueves 3 de enero de 2013  11:32 AM
Madrid.- La filósofa María Zambrano acuñó el termino "razón poética" para unir filosofía, poesía y religión, pero fue más allá en su intento por vincular pensamiento y corazón, y lo hizo a través de la pintura, que tuvo una presencia constante en su vida. Ahora se recupera su libro "Algunos lugares de la pintura".

Un bellísimo y delicado volumen que se público por primera y única vez en Espasa Calpe, con edición de la poeta Amalia Iglesias, dos antes de que muriera María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991) y que estaba descatalogado hasta que ahora lo ha recuperado la editorial Eutelequia, con edición, introducción y notas del pensador y catedrático de Filosofía Pedro Chacón.

Así, "Algunos lugares de la pintura", un libro absolutamente singular, según explica a Efe Chacón, sale a la calle con los textos fijados y con un amplio aparato de notas.

"La relación de María con los poetas es bien conocida, pero también tuvo una gran relación con la pintura y con los pintores, a algunos de los cuales trató y conoció bien durante su exilio en París o Roma, como Picasso, Joan Miró, Luis Fernández, Ramón Gaya, Juan Soriano o Joaquín García de la Torre", sostiene Chacón.

Una mirada contemplativa sobre la pintura con la que la discípula, poco ortodoxa, de Ortega y Zubiri pretendía rasgar el velo para apresar la esencia de las cosas, y para ello también posaba su mirada en clásicos como Zurbarán, Velázquez, el maestro Flémalle o Giorgioni.

"La pintura es una presencia constante; existe para mí, ha existido siempre, como un lugar privilegiado donde detener la mirada", escribe María Zambrano, cuya vida estuvo marcada por el exilio.

"María siempre entendió la pintura como un desvelamiento, un modo de conocimiento paralelo y complementario al intelectual", explica el editor, quien añade que ella decía que el arte era un medio de conocimiento y de revelación, y su gusto por Zurbarán, "un ejemplo de ello".

"Los grandes, los creadores verdaderos, no pueden ser otros sino aquellos que en cualquiera de las artes hayan logrado revelar algo", escribe la autora de "El hombre y lo divino".

De Zurbarán dice: "No es un pintor de reyes o de infantas, ni de grandes momentos de la historia como Velázquez", pero, añade, "es un pintor que abre las puertas a un mundo íntimo, secreto...".

De Velázquez la escritora precisa que "derramó lo más misterioso de su arte sobre los enanos, idiotas y bobos, que retrató como si fueran dioses o, más bien, como seres en los que lo divino resplandece. Velázquez, además, es un pintor único, ocupa un lugar aparte, ese que en las letras ocupa Cervantes, y en escultura el arte clásico de Grecia: es la perfección acabada de un arte, su absoluto".

"El color", "Nostalgia de la tierra", "Mitos y fantasmas: la pintura", "Picasso en Roma", "El inacabable pintar de Joan Miró", "La pintura en Ramón Gaya", "Cielos pintados", "El vacío y la belleza", "El arte de Juan Soriano" o "Lo sacro en Federico García Lorca" son algunos de los muchos apartados de este libro.

"Algunos lugares de la pintura" sale a la calle cuando ya están en marcha también la publicación de las Obras Completas de la pensadora malagueña.

En 2012 salió el primer volumen con sus "Libros (1955-1973)", publicado por Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, la editorial que está llevando a cabo este ambicioso proyecto de publicación de toda su obra en seis volúmenes.

Ediciones que podrán solventar el escaso conocimiento que de su obra completa se tiene en España, por culpa, en gran medida, del largo exilio que sufrió la filosofa que acuñó la frase: "Lo que no pasa por el corazón nace muerto".

Y eso, aunque al final de su vida en España se la reconoció con el premio Cervantes y el Príncipe de Asturias.
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