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Leo Brouwer: "El Grammy es un señuelo comercial"

El compositor y guitarrista cubano es el invitado internacional del II Festival Internacional de Guitarra de Caracas, evento que comenzó el pasado 11 de noviembre y culmina este domingo precisamente con Brouwer como director y con sus obras.

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Brouwer confiesa que cada vez le cuesta más componer (Vicente Correale)
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ANA MARÍA HERNÁNDEZ G. |  EL UNIVERSAL
viernes 16 de noviembre de 2012  05:07 PM
No cree que su música sea bonita, sin embargo, los intérpretes de guitarra exhiben con orgullo en sus programas el hecho de tocar alguna obra del compositor y guitarrista cubano Leo Brouwer, y por algo ha estado nominado a los Grammy, ha ganado premios y goza del reconocimiento internacional dentro del mundo de la música.

El músico tenía tiempo sin venir a Venezuela: exactamente quince años desde 1997, cuando se realizó una de las últimas ediciones del Festival de Agosto que patrocinaba el Proyecto Cultural Mavesa. Ahora, Brouwer (La Habana, 1939) está en Caracas desde la semana pasada, para participar en calidad de homenajeado internacional, del II Festival Internacional de Guitarra de Caracas (GuitCa), que este domingo tendrá su concierto de clausura.

De hecho, la cita del 18 de noviembre, a las 5:00 p.m. se llamará "Los negros brujos se divierten", durante la cual se escuchará esa obra, así como el "Concierto de Benicassim", a cargo del solista español Miguel Trápaga. Ambas son obras de Brouwer, quien dirigirá la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, en el Teatro Teresa Carreño.

-¿Qué expectativas tiene en el marco de esta visita?
-Estoy muy emocionado porque he dejado grandes amigos que no veo hace mucho tiempo, incluso más de quince años, y gente de la cultura que son importantes para Venezuela, como es el caso del doctor (José Antonio) Abreu, que me invitó hace 20 años por lo menos a ver los proyectos de las orquestas juveniles, con la intención de implantarlo en mi país. Pero bueno, lleva tiempo y dinero. Aparte de eso, tengo amigos que quiero mucho, como el escritor José Balza y estoy ansioso por volver a ver un poco en directo la obra de (Armando) Reverón, el gran plástico de principios del siglo pasado y los demás contemporáneos. Soy muy aficionado a todo lo que son formas de la cultura.

-¿Qué le parece el GuitCa? ¿Se hacen muchos festivales de guitarra en América Latina?
-No muchos. Se hacen pequeños festivales que se centran demasiado -en mi opinión- en la guitarra clásica. Deberían abrirse un poco a otras formas. No quiere decir que este joven festival de Caracas no lo haga, sino todo lo contrario. Es una sugerencia que hago de manera general, y lo digo porque mi centro de trabajo, mi área desde hace más de cuarenta o cincuenta años es Europa. Hago la sugerencia por múltiples razones: porque nuestra América ha sida desmembrada, desmenuzada y compartimentada, y Europa siempre ha sido un ente sólido en cuanto a los requerimientos de la cultura mayúscula. Pero mi cultura es esta, así sea -como la llaman- de raíces autóctonas, y de influencia múltiple que es lo que más me interesa. El multiculturalismo no es nada nuevo para nosotros.

-Usted dice que los festivales se centran mucho en la guitarra clásica ¿deberían abrirse a otro tipo de cordófonos? ¿A los hijos de la guitarra?
-Claro. Yo recuerdo cuando asesoraba los festivales de Francia en Martinica y Guadalupe, que los conformé como encuentros de la guitarra con su familia. Invite al sitar indio, al oud árabe, el iraní, a grandes figuras del jazz, del flamenco; y se abrió el abanico de manera espectacular e interesante. No es que no lo hayan hecho así, pero es muy interesante. Además, aquí voy a enseñar. Me gusta enseñar porque soy autodidacta, y como se dice en lenguaje común, casi me he quedado ciego estudiando y creo que puedo facilitar muchas cosas.

-¿Cómo suele enfocar las clases magistrales?
-De la misma manera: hay leyes que salen de los problemas individuales y que nunca son los mismos, y que casi siempre en el mundo entero se enfocan en tres o cuatro aspectos. Lo más crítico del joven músico es que no se abre a una cultura suficiente más general. El guitarrista no oye cuartetos, no oye conciertos, óperas, para analizar con su mente y difrutar con su corazón, y ese es el gran problema. No solo le pasa al guitarrista. El pianista no sabe qué cosa es un violín, quiero decir, el gran repertorio, y me parece una enorme limitación que no se puede esconder detrás de la llamada especialización, puesto que sabemos que hay tanta información y más después de la invención de la Internet, que no alcanza la vida para saber al menos una décima parte.

-¿Qué apreciación tiene del movimiento musical venezolano?
-Últimamente no lo conozco. Conozco el cascarón, la apariencia de lo que hay, pero no sé cómo se maneja. En el fondo, usualmente, reflejamos la cultura europea de una manera mayoritaria, y muchas veces de manera integral. Los programas de los conciertos están fundamentados en la gran tradición europea, y a mi me parece que cualquiera de estos proyectos, y sobre todo el proyecto venezolano que fundó el doctor Abreu, y que por suerte está valorado como debe ser, altamente, debe insertar las músicas cercanas. Aquí hay compositores, como Antonio Estévez que fue mi amigo, hay orquestaciones de (Antonio) Lauro, que fue una figura insigne de la guitarra dentro de la cultura popular, muy sofisticada; y muchos más. Hay un repertorio en toda la América Latina que no bastaría, entre Ginastera, Villa-Lobos, Revueltas, Chávez y unos seis o siete compositores es más que suficiente, y aun las dos generaciones que continúan a estos patriarcas, estamos y yo me incluyo, prácticamente desconocidos en nuestra América, porque reflejamos a Europa como centro y como eje de una forma de cultura.

-¿Por qué cree que pasa eso? Se dice que a los músicos de orquesta les gusta tocar de oído, de guataca, prefieren tocar lo que ya conocen y les cuesta montar compositores recientes.
-Por supuesto. El repertorio que ya se tiene es simplemente repasarlo y solo es hacerlo una vez más. Eso pasa hasta con el ballet en Cuba. Con el Ballet Nacional de Cuba que monta todos los años "El lago de los cisnes", el "Giselle" y el Coppelia"... todos los años desde hace cuarenta años, y es nada menos que Alicia Alonso, que es una figura egregia, que fundó uno de los mejores ballets del mundo. Pero su visión es esa. Si esto es una crítica, pues es una crítica. Es un comentario que conlleva a un análisis.

-En su caso, usted tiene una docena de conciertos para guitarra y orquesta...
-Por ahí. Y quizás más, aparte de los de violín, de arpa, de flauta, etcétera, etcétera, aparte de los cuartetos. Dicho sea de paso, el año pasado me gané -en contra de mi voluntad- un Grammy clásico por mi integral de cuartetos de cuerda. Soy guitarrista, y este año vuelvo a estar nominado igualmente en contra de mi voluntad, porque no me interesan los Grammy, pero no me queda más remedio (en el renglón composición clásica/contemporánea, que ganó Yalil Guerra). Pero si de algo estoy orgulloso es de haber competido con la Filarmónica de Berlín y haberle ganado el Midem clásico en el 2003 a Karajan y a Alfred Brendel. Entonces, un modesto cubano del siglo XX ganó el Midem clásico, que se celebra en Cannes con una orquesta noreuropea escandinava, mucho menos famosa que la de Berlín. Lo digo un poco con ironía y con satisfacción.

-¿Qué le critica al Grammy?
-Que es un señuelo comercial que no me pega, porque mi música no es bonita para nada.

-¿Por qué? gusta mucho. A los guitarristas les encanta...
-No es nada bonita. Es bastante complicada, salvo algunas cosas. Algunos temas de cine que son hechos para llorar (risas) como quieren todos los directores de cine, un tema que la gente salga silbando y que lloren las muchachas.

-Como compositor, usted se maneja con lenguajes desde el nacionalismo hasta la estética contemporánea...
-Todo junto. Gloriosamente hemos llegado a un momento multicultural que es muy importante, porque integra todas las grandes tradiciones y las grandes innovaciones al mismo tiempo. Esa integración de tradición e innovación no es nada fácil, pero se puede caer en un pastiche, más que un collage, que es algo a propósito. El pastiche es una mezcla mal lograda y ese es el miedo de los creadores a la obra banal o a la obra no lograda, burda, es constante. Lo tiene Niemeyer, lo tienen los pintores, mientras más viejos y experimentados, se ponen temblorosos ante el gran lienzo, y eso nos ocurre a los músicos. Cada vez me cuesta más trabajo, porque me es más fácil componer y sería hasta más fácil repetirme a mi mismo. Facilísimo hacer el "Elogio de la danza No. 2", el "Decamerón Negro No. 2 o 3", pero no me interesa. En eso reverencio a Stravinsky, que no se repetía y siempre era Stravisnky.

-Respecto a "Los brujos negros se divierten", ¿cómo se divierte esa gente?
-Así se llama una obra que voy a tocar aquí, para un ensamble de orquesta. Empieza con una algarabía y después viene una meditación sobre lo que ha ocurrido, y vuelve otra vez a caer en la fiesta. Pero no es una fiesta cliché, no hay ritmo. Ni siquiera hay percusión. Solo hay dos golpes de percusión, uno al inicio y uno al final. Lo primero que se oye es un golpe percusivo y al final el último. Nada más.

-¿Eso es para dar una referencia?
-Es para dar el significado del color. Yo uso las percusiones como resonancia, como puntuación, como hace el teatro Agadu, el teatro No de Japón, el teatro clásico, que usa los instrumentos como puntuación gramatical.

-¿Qué está trabajando más actualmente? ¿la dirección, la composición, la enseñanza, la ejecución instrumental?
-Más la composición. Cien por ciento, el mayor porcentaje. Son varias cosas al mismo tiempo las que hago: ya termine la tercera sonata para guitarra, termino la cuarta, y son unas sorpresas para amigos, que son grandes guitarristas del mundo. Y el sexto cuarteto de cuerdas. Tengo también unas obras que terminé y que me gustan mucho, y que son muy poco comerciales y muy poco vendibles: una sonata para archilaud barroco, estoy enamorado de la pieza, y la toca uno de los grandes, (Edin) Karamazov, el hombre que hechizó con su manera de tocar a un rockero grande y cultísimo que se llama Sting.
Karamazov toca unos cuantos instrumentos de cuerda excepcional, y me pidió obras. Lo conocí haciendo un concierto donde intercalaba obras de Bach, Brouwer, Bach, Brouwer, y yo no sabía, y es asombroso. Es uno de los músicos más completos, me entusiasmó su instrumento y le hice un pedazo de música.

-¿Le gusta la sonoridad de los instrumentos antiguos?
-Sí muchísimo. Hace muchos años me dediqué a la enseñanza de los instrumentos del preclásico -barroco y renacimiento-, enseñé mucho en Holanda, que es el centro cultural de la música preclásica.

-¿Y ha incursionado en las guitarras renacentista y barroca?
-La guitarra barroca la conozco muy bien, e incluso transcribí de las tablaturas antiguas. Curiosamente son mis polos: son esos polos opuestos los que se atraen muchísimo, porque de muy joven me enamoré de lo absolutamente contemporáneo y de lo absolutamente preclásico, y eso ha sido toda mi vida, y es una de las cosas que me unen con uno de los gigantes de la guitarra, Julian Bream. Y es una manera de ver el mundo, de reflejarlo a través de unas grandes tradiciones y de renovarlo a través de un lenguaje que trasciende a lo actual o a lo momentáneo.

-En su formación estuvo influenciado por Francisco Tárrega (maestro de Emilio Pujol, y este lo fue de Isaac Nicola con quien Brouwer estudió), uno de los autores que también homenajeará el GuitCa este año.
-Técnicamente Tárrega es indiscutible porque fue el hombre que revoluciona la técnica guitarrística en un principio. Tárrega aparte de compositor fue un excelente intérprete y yo tuve la suerte de seguir esa línea aunque no de manera ortodoxa, porque la técnica se renueva y cambia constantemente. Eso es lo grande de las nuevas generaciones. El siglo XX lo vio nacer Tárrega.

-Y el "Concierto de Benicassim lo dedica a Tárrega?
-Casi todos mis conciertos están dedicados o referenciados a ciudades, países o culturas, y en este caso uno de los pueblos costeros de España, Benicassim. Con toda la ascendencia mora, tiene una gran fuerza la figura de Tárrega e inserté un pequeño homenaje a él que apenas se puede vislumbrar. Son esos pequeños secretos que el compositor se lleva. Este concierto tiene solamente esa pequeña referencia, es un panorama de cosas mías.

-La guitarra es un instrumento que proviene de la tradición popular, aunque en los dos últimos siglos ha alcanzado niveles técnicos altos. Sin embargo, hoy en día los guitarristas son bilingües, transitan entre lo clásico y lo popular.
-Es justamente una de las cosas que más refresca el aspecto del dominio. Independientemente del disfrute de la música en sí, el dominio se debe a múltiples cosas, en conocer todo el instrumento en toda su magnitud, y la clásica no es la única. Por ejemplo, la movilidad de los jazzistas en la mano izquierda, la fuerza y energía del flamenco en la mano derecha. Eso ayuda a un lenguaje más completo en todo sentido y está pasando hace mucho tiempo, pero no académicamente. La academia sigue siendo eso, y el conservatorio conserva las fórmulas, no las desarrolla, lamentablemente.

-En los años recientes, Venezuela y Cuba se han acercado ¿Lo han invitado a participar en algún proyecto cultural binacional?
-No. No lo sé. Estaría muy feliz, pero no me ha llegado. Tengo la impresión de que mi país, que se ha abocado a formas de la cultura popular, las refleja desde ese punto de vista. No quiere decir que no lo manejo, pues acabo de hacer un homenaje a Compay Segundo, en el festival de música de cámara que hacemos todos los años en nuestras oficinas (Institución Filarmónica Nacional, de la cual es director). No es el Estado, que nos mantiene y nos soporta, pero no se ve. No es lo mismo que los grandes dominadores de la música popular, como Chucho Valdez mi iejo amigo o (Juan Carlos) Formel de los Bam Bam. Ese es el centro de la atención más oficial y me parece muy lógico, puesto que son formas de cultura masiva, pero no es la única.

-Para culminar, ¿a quién considera el mejor intérprete de su obra guitarrística?
-Hay muchos intérpretes. Hay un griego excéntrico Costas Cotsiolis; un español Ricardo Gallen, Miguel Trápaga que ha hecho un integral de mis obras incluida la música de cámara excepcionalmente bien. Hay muchos intérpretes en el mundo, sobre todo en estas nuevas generaciones que continúan a la mía, a mi generación, y son muy buenos. Quizás adolezcan lo que he dicho de no oir suficientemente lo que otros instrumentos aportan y que nos pueden enriquecer a los guitarristas.

amhernandez@eluniversal.com
Twitter
: @amhg_periodista

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Comentarios (2)
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Por liliana parra
17.11.2012
11:13 AM
Su apreciación del Grammy es acertada...creo que se quedó corto, fue diplomático. Se equivoca con respecto a Antonio Lauro, fue un guitarrista integral. Estudió guitarra clásica, toco música popular en un trío, Los cantores del Trópico, y escribió y toco música académica, conciertos, sonatas, valses y un largo etc. También fue cantante, estrenó la Cantata Criolla de Estévez, en el papel de El Diablo. Por cierto, Leo habla de puros compositores ya fallecidos...es que las orquestas de ahora, y el sistema en particular no tocan la música compuesta por venezolanos...
 
Por Alejandro Lares
16.11.2012
9:47 PM
Con respecto al grammy su opinion es bastante tonta. El arte es arte y punto.q no vaya con él es otra cosa pero todo artista debe entender que desde el precso momento que su arte sale a la luz pública en cierta forma deja de pertenecerle por completo, salvo en su autoría original.
 
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