"Karaganda": una historia sobre Rusia con un toque venezolano

El cortometraje "Karaganda", sobre los gulags en la Rusia de los años 50, contó con el diseño de escenografía de la venezolana Clarissa Brillembourg.

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El cortometraje fue premiado en el Festival Internacional de Cine SoHo, en Nueva York (CORTESÍA)
VERÓNICA MAGAN
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
miércoles 11 de junio de 2014  03:25 PM
El ambiente de una prisión soviética en los años 50 es algo difícil de imaginar, y aún más para una venezolana de 27 años que jamás ha puesto un pie en Rusia. Esto no fue un obstáculo para Clarissa Brillembourg, diseñadora de escenografía de Karaganda, ganador del premio al Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Cine SoHo en Nueva York.

Brillembourg nació y creció en Caracas donde comenzó su pasión por las artes escénicas. En 2007 trabajó con el equipo de Water People Theater Company por ocho meses durante la producción de Los elegidos. Brillembourg emigró luego a Miami, Florida, para estudiar escenografía de teatro en la Universidad Internacional de Florida. Más adelante, continuó su educación en el conservatorio del Instituto Americano de Cine en Los Ángeles, donde realizó una maestría en Diseño de Producción Escenográfica. Fue aquí donde conoció a Max Weissberg, director de Karaganda.

La experiencia de Weissberg viviendo varios años en Rusia fue la inspiración principal para la historia, sin embargo no fue sino hasta 2012 que la idea comenzó a germinar.

Karaganda es la historia de Vladimir Bershstein, prisionero en uno de los infames gulags en la Rusia de los años 50. Allí sufre los horrores no solo de su encarcelamiento, sino también el de su esposa. La historia sigue la transformación de Bershstein que lo lleva a una encrucijada emocional donde tendrá que tomar una difícil decisión y vivir con las consecuencias.

A pesar de saber lo retadora que sería la producción de esta historia, tanto Brillembourg como Terrence Burke, el director de fotografía de Karaganda, auparon a Weissberg para que realizara el cortometraje. Con este equipo consolidado, comenzó la ardua labor de recrear el oscuro ambiente de un gulag a miles de kilómetros de cualquier escena remotamente similar.

"Mi trabajo empezó en agosto de 2012, después de haber dedicado varios meses de investigación sobre Rusia en los anos 50 y el concepto de los gulags -básicamente lo que era un campo de concentración nazi, pero en Rusia-", cuenta Brillembourg. "Decidimos centrarlo en un campamento aislado, donde la posibilidad de escape era alta, pero no la posibilidad de sobrevivir en el terreno una vez de escaparse. Esto me permitió mantener la construcción de la escenografía en un nivel manejable y al mismo tiempo poder crearla desde cero".

Brillembourg se enfocó primero en los conceptos de los interiores que podrían ser más manejables, para luego pasar a los exteriores. ¿El reto? Conseguir un paisaje en Los Ángeles que pudiese pasar por la provincia de Kazakhstan, en Rusia, donde se encuentra la ciudad de Karaganda. El ambiente ideal lo consiguieron en una pequeña finca en Santa Clarita, a las afueras de Los Ángeles. A pesar de que los exteriores son menos elaborados que los interiores, Brillembourg asegura que fue aún más retador crear la ilusión para los primeros.

"Fue aquí cuando decidimos que la película debería ser en blanco y negro," recuerda Brillembourg. "No solamente para ayudarnos a recrear visualmente a Rusia dentro de California, pero también para hacer referencia a las películas de los 50". Esto presentó el desafío más importante para la carrera de Brillembourg hasta la fecha: diseñar para blanco y negro, algo que antes no hecho.

"Tuve, una vez mas, que ponerme a investigar técnicas aplicadas anteriormente a películas en blanco y negro. Luego tuve que hacer varias pruebas de cámara con cosas como texturas, colores, telas y otros materiales que estarían presentes en la producción, para saber como se verían y asegurarme de que no distrajeran mucho de los actores en cámara", explica Brillembourg.

Ya que el proyecto fue parte de la tesis para su maestría en el Instituto Americano de Cine, el presupuesto era muy limitado y Brillembourg tuvo que ingeniárselas para formar un equipo que quisiera ser parte del proyecto sin esperar nada a cambio. "El proceso fue extenuante con muchos desafíos y retos que definitivamente me permitieron crecer profesionalmente", dice Brillembourg.

Aproximadamente nueve meses después de comenzar su primera investigación acerca de Rusia y los gulags, el proceso de rodaje ya estaba en camino. "Los siete días de filmación pasaron rápidamente y Karaganda estaba ya en su lata, listo para ser editado", comenta Brillembourg.

El cortometraje ha sido aceptado en más de 15 festivales alrededor del mundo donde igualmente participa en diferentes categorías para los respectivos premios.
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