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Veinte años sin el poeta de la calle

Hoy se cumplen dos décadas de la muerte de Héctor Lavoe

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Héctor Lavoe apaciguaba su tragedia con la música ARCHIVO
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WILLIAM PADRÓN |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
sábado 29 de junio de 2013  12:00 AM
Dos décadas se cumplen hoy de la muerte de Héctor Juan Pérez Martínez, mejor conocido por todos como Héctor Lavoe, y sin embargo, su música continúa acompañando y encendiendo aún las fiestas de la mayoría de los países de América Latina.

Cantante desde los 14 años, el delgado puertorriqueño, nacido en Ponce en 1946, ha pasado a la historia como uno de los mejores soneros del continente -solo superado por Ismael Rivera, su influencia directa, junto con Cheo Feliciano e Ismael Quintana- gracias a su voz de tenor, la facilidad de sus fraseos e improvisaciones, y a un vastísimo legado cultural; tan grande como sus excesos, tragedias, adicciones y vicios.

La muerte de su madre cuando él tenía apenas tres años, la de su hermano mayor en la ciudad de Nueva York, el asesinato de su suegra, el incendio de su apartamento en Queens -que lo obligó a saltar por la ventana de su habitación, ubicada en el tercer piso, y que le ocasionó fracturas en ambas piernas, el brazo derecho y algunas costillas-, su adicción a las drogas y, finalmente, el contagio del Sida, son episodios que hablan por sí solos de una vida marcada por el sufrimiento y la depresión hasta su lamentable muerte, ocurrida el 29 de junio de 1993 en el Memorial Hospital de Queens, Nueva York, ciudad a la que llegó a los 17 años a probar fortuna.

Episodios que le ganaron apelativos cónsonos con su imagen autodestructiva como "El bad boy de la salsa", "El jibarito de Ponce" y hasta "El rey de la puntualidad", pues quienes lo conocieron han dicho una y otra vez que siempre llegaba tarde, aunque la mayoría de las veces de buen humor.

La obra teatral ¿Quién mató a Héctor Lavoe? (1999), protagonizada por Domingo Quiñones, y la película El cantante (2007), en la que Marc Anthony se mete en la piel de Lavoe, sirvieron para avivar el legado y alimentar el mito, pese a las críticas de los más fieles seguidores del músico, que insistieron en que ambas obras le daban mayor importancia a los excesos de Lavoe que a su legado musical.

Un legado que bien podría dividirse por etapas: un disco con la Orquesta New Yorker (1965), doce con Willie Colón -con quien le dio vida a la escena salsera de finales de los 60 y principio de los 70, y con quien fue llamado "los niños malos del barrio"-, una etapa que arrojó éxitos como Ausencia, Cheche Colé, Juana Peña, Abuelita, La murga, Piraña, Soñando despierto y Todo tiene su final; nueve con su propia orquesta; poco menos de una veintena con la Fania All Star, y dos con Tito Puente.

Discos y canciones en los que Lavoe supo absorber el sentimiento del barrio y del pueblo -de allí el mote de "El poeta de la calle"-, que se identificó con El todopoderoso, Periódico de ayer, El cantante (escrito por Rubén Blades), Juanito Alimaña (escrito por Tite Curet), La vida es bonita, La fama y Loco, para muchos un profundo canto de desahogo del artista.

Pero quizás su vida se puede resumir en dos de ellas: La fama (Soy tristeza y sonrisa pagada que con dinero se puede obtener y escuchen por qué, doy placer y de regreso yo no pido nada, da trabajo llegar a la fama y a la fama poder mantener) y El cantante (Soy el cantante, muy popular donde quiera, pero cuando el show se acaba soy otro humano cualquiera).

Es tras su muerte que se edita el álbum The master & the protege, en el que Jerry Masucci revela en la contraportada cómo se grabó en realidad.

"Esta grabación al principio fue producida por Willie Colón y yo, en marzo de 1986. En aquel tiempo se grabaron 16 canciones, de las cuales 8 fueron presentadas en el álbum Héctor Lavoe strikes back (1987). Lamentablemente, la salud de Héctor le fallaba muy a menudo y le impedía asistir a las sesiones de grabación, y tal como resultó, él nunca pudo completar este álbum. Ya que este era el último trabajo en el cual Héctor, Willie y yo colaboramos juntos, estuve muy decepcionado de no haberlo completado. Sin embargo, un día para mi asombro, oí una canción en la radio que sonaba exactamente como Héctor, pero yo estaba bastante seguro que nosotros en Fania nunca habíamos grabado tal canción. Después de un poco de investigación, averigüé que el cantante que yo había oído no era otro que Van Lester. Inmediatamente llamé a Ralph Mercado y convinimos que Van Lester completaría la voz que faltaba".

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