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La cultura venezolana: de las élites... ¿al pueblo?

Especialistas realizan un balance de 14 años de gestión cultural.

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En estos 14 años surgen una imprenta y una editorial (N.Rocco/Archivo)
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YOLIMER OBELMEJÍAS , ÁNGEL RICARDO GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 7 de marzo de 2013  09:16 AM
Con la muerte del presidente Hugo Chávez también se cierra un capítulo de la historia cultural de Venezuela. Según expertos en el área, varios fueron los aciertos y otros más los errores que en la política gubernamental se cometieron durante 14 años de gobierno.

Tulio Hernández, sociólogo especializado en cultura, considera que durante este período la política permeó todo lo referente a las Bellas Artes. "Se convirtió el Ministerio de Cultura en un aparato proselitista del Partido Socialista Unido de Venezuela y en la agencia de festejos de los 20 años del golpe de Estado. Eso que nunca había ocurrido. Los músicos populares pasaron a ser jingleros que compusieron temas de homenaje a los militares que dieron el golpe".

A juicio del profesor universitario, en la gestión de Chávez no hubo una política de Estado, "simplemente una gran improvisación que dependía de los arrebatos del Presidente, aunado al apartheid ideológico que lo caracterizó. Se desmanteló la estructura institucional y profesional que se creó en el período de la democracia bipartidista: el Museo de Arte Contemporáneo, que era el más importante de América latina; la Galería de Arte Nacional; la Compañía Nacional de Teatro; la Compañía Nacional de Danza; Fundarte; la Biblioteca Ayacucho, el más significativo proyecto editorial para defender la literatura escrita en español; la Televisora Nacional y el Festival Internacional de Teatro de Caracas, el proyecto teatral más trascendental de América Latina. El cine nacional no existía. El balance es muy malo porque en esta época son muy pocas las instituciones nuevas y los proyectos realmente originales", sentencia.

En su libro La cultura bajo acoso, María Elena Ramos recuerda que Alejandro Armas presidió el extinto Conac en 1999 y llegó con el lema: "Frenar a la jauría y evitar el reparto del botín". Manuel Espinoza, nombrado viceministro de Cultura (sin cartera) en 2000, tuvo como obsesión: "Hay que desmontar". 2003 es el año de la irrupción de Francisco "Farruco" Sesto, primero en el Conac y desde 2005 en el recién creado Ministerio de la Cultura. A juicio de la exdirectora del Museo de Bellas Artes, Sesto "profundizó el proceso de desmontaje de la institucionalidad cultural... Politizó más radicalmente al medio, excluyó (o incluyó) a los creadores de las distintas artes en base a un apartheid político". Tras una breve gestión de Héctor Soto, regresa Sesto, para cerrar con Pedro Calzadilla, actual ministro.

El crítico e historiador Roldán Esteva-Grillet marca 2004 como un año clave para la entrada de la polarización política en el ámbito artístico. "Uno de los primeros síntomas es el abandono del patrimonio. En Caracas, el entonces alcalde, Freddy Bernal, dedica 80% de su tiempo a la revolución. Recuerdo también el episodio con María Lionza, que se quebró y comenzó una diatriba para ver cuál ente asumía la restauración".

En 2005 "de un solo plumazo" se liquidan las fundaciones de los museos "que le permitían, además de autonomía, acceder a recursos en el sector privado, y se crea una fundación Museos Nacionales que centraliza". Esteva-Grillet cuestiona esa acción, pero aplaude la creación de un ministerio con recursos propios para el sector, aunque condena que en lugar de descentralizar hacia las regiones, haya concentrado sus actividades en Caracas.

¿Retos? "Seguir reduciendo la polarización política en las artes -que viene ocurriendo desde hace dos años-, devolver la autonomía a los museos, dejar de ver con malos ojos al sector privado...", dice el crítico.

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