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Alejandro Arzola se despidió de su taller de luthería

El conocido cultor popular falleció el domingo debido a un paro respiratorio.

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Arzola falleció debido a un paro respiratorio (Oswer Díaz Mireles/ Archivo)
ANA MARÍA HERNÁNDEZ G. |  EL UNIVERSAL
miércoles 14 de noviembre de 2012  12:00 AM
"Él no murió. Él empieza a vivir", dice Nélida Arzola, una de las hijas del maestro Alejandro Arzola Pariará, conocido cultor popular y constructor de instrumentos: no hubo bandolista que no tuviera una de sus bandolas, desde el legendario Juan Esteban García, pasando por Ismael Querales y Saúl Vera, entre otros.

Arzola falleció el pasado domingo 11 de noviembre, en Altagracia de Orituco, debido a un paro respiratorio. Tenía 87 años de edad.

En San José de Guaribe, poblado guariqueño entre Altagracia y Valle de Guanape, Alejandro Arzola tenía su taller. Hasta allá llegaron los investigadores de todas partes del mundo. Primeramente los venezolanos, Querales, Vera, la Fundación Bigott, y con ésta los grupos de proyección que abrevaron de las aguas de Arzola. Allá en Guaribe aprendieron a amar la guaraña, con sus carrizos, bandolas, cuatros, tambores; y así sonaron los instrumentos en el momento de su inhumación: el cementerio de Guaribe se llenó de cantos y de bandolas, "todo como él lo planificó", atestigua Nélida.

Alejandro Arzola Pariará siempre supo que nació el 5 de junio de 1925. Lo que no quedó muy claro fue el lugar del nacimiento: que si en una quebrada, que si en Río Grande de Cúpira, Altagracia. Lo cierto es que a los 23 años de edad llegó a Guaribe para sacarse la cédula, y el funcionario le dijo: "Diga que nació aquí, que necesitamos gente como usted".

Y así fue. Desde ese momento, Arzola se instaló en ese pueblo de llanos y selvas, y puso su taller de luthería bajo un caney, en el patio de su casa. Hasta que el aserrín le minó los pulmones.

De ese útero salió toda suerte de instrumentos, incluyendo arpas, cuatros, mandolinas. Hasta una mandolina media lira, "que fue un invento que hizo a partir de un sueño que él tuvo con una lira. Partió la lira por la mitad y de allí hizo el instrumento", agrega Nélida.

Esa mandolina media lira le hizo obtener un premio y un reconocimiento por parte de la Universidad de Puerto Rico, y en el Museo de las Américas de San Juan reposa un ejemplar en exhibición.

No solo en el Caribe están sus instrumentos: Francia y Alemania también muestran sus cordófonos. Así también, una cantidad de músicos y aficionados tienen sus productos: Simón Díaz y Eladio Lárez tienen sendos cuatros.

Igualmente, la Academia Latinoamericana de Guitarra de Costa Rica lo felicitó en una ocasión "por la sonoridad de sus instrumentos".

Ahora, su legado queda en manos de su pupilo Orlando "Macaira" Sáez y su hijo Benito Carrasquel.

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