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Jorge Amado se internó en el Brasil profundo

Hoy se cumplen cien años del nacimiento del escritor brasileño

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"Escribir es transmitir vida, emoción, lo que conozco y sé", decía el escritor brasileño AP
EL UNIVERSAL
viernes 10 de agosto de 2012  12:00 AM
Salvador (Brasil)- Desde aquel 1931 en que publicó su primera novela, El país del carnaval, el escritor brasileño Jorge Amado no paró de relatar las sensuales historias que se tejían en su Bahía natal; letras pobladas de pieles morenas y arrolladora irreverencia que contaron al mundo los secretos del Brasil más profundo.

"Escribir es trasmitir vida, emoción, lo que conozco y sé, mi experiencia y mi forma de ver la vida", resumió en algún momento el origen de su inspiración, el hombre que nació en Itabuna, sur de Bahía, hace cien años (el 10 de agosto).

Y fue lo que hizo durante sus fructíferos 88, casi 89 años de vida, ese hijo de un estanciero que murió comunista y convencido de que "los milagros existen", el 6 de agosto de 2001.

"No soy religioso pero he presenciado mucha magia. Soy supersticioso y creo en los milagros. La vida está hecha de acontecimientos comunes y de milagros", dijo en una ocasión.

Como hombre que pregonaba que "no se puede dormir con todas las mujeres del mundo, pero al menos hay que intentarlo", Amado señaló la cadencia sensual de las mujeres del noreste brasileño; describió sus cuerpos voluptuosos, de "cabelleras negras" y "muslos ardientes", y se internó en sus pasiones carnales y las divinas.

Las mujeres de Amado, fuente de inspiración y columna vertebral de su obra, se debatían sin tregua entre el recato y el deseo. Nada inocente, el autor de Doña Flor y sus maridos denunció, con sensual rebeldía, la hipocresía social que condenó, a muchos de sus personajes, a terribles soledades.

A través de Gabriela, Cravo e Canela y Tieta do Agreste, Amado contó, además de los secretos de sus mujeres, historias de hombres fuertes pero lastimosamente atados a la pasión; paisajes agrestes y soles abrasadores; sabores exóticos y aromas tropicales.

El autor de Capitaes da Areia y Terras do Sem-Fim desmenuzó asimismo esa "mistura" religiosa que alimenta el espíritu en las entrañas de su país; las ofrendas paganas que se ofrecen a dioses caprichosos, las danzas que se dedican a divinidades africanas que llevan nombres de santos católicos.

El erotismo que emanan sus historias no le impidió ver y contar los dramas que afligen a campesinos, artesanos y pescadores humildes en la región más pobre de Brasil, así como las sequías, el hambre, las pestes. Y ver el dolor ajeno fue lo que lo llevó a afiliarse al Partido Comunista Brasileño (PCB) poco después de egresar de la Facultad de Derecho, en 1935.

Tras un primer exilio por Argentina y Uruguay, entre 1941 y 1942, el cual aprovechó para recorrer buena parte de Latinoamérica, obtuvo un escaño en la Asamblea Nacional Constituyente, en 1945, siendo el diputado federal más votado del estado de Sao Paulo.

En 1947 tuvo que volverse a exiliar, debido a que el PCB fue declarado ilegal, y se fue a Francia hasta 1950. A partir de 1955, Amado abandonó la militancia política y se dedicó a la literatura.

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Comentarios (1)
Por Alcides Medina
10.08.2012
2:23 PM
Serrat y Amado deberían ser estudiados en cualquier escuela de literatura de Universidades, sus obras capturan todo lo vulgar, maravilloso y mágico de lo cotidiano, desde la perspectiva de Sinceridad, Comunicación y Estética. Son un Canto a ver "realidades" que no vemos, que se mantienen ocultas gracias a nuestra miopía...oír a Serrat y Leér a Amado es algo inolvidable, precioso...¿Qué más puedo anotar? Mucho pero, mi pluma, mi lápiz y mis dedos son demasiado torpes para expresar lo que siento, que al fin no son más que palabras convencionales que las más de las veces se olvidan pronto.
 
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