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"El humor es una operación intelectual"

"El escritor es un contador de historias. No tiene que tener conocimiento filosófico de fondo"

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El narrador venezolano publicó "Instrucciones para leer este libro" ADOLFO ACOSTA
DANIEL FERMÍN , FEDOSY SANTAELLA , ESCRITOR |  EL UNIVERSAL
miércoles 23 de mayo de 2012  12:00 AM

La sala de estar de Fedosy Santaella refleja sus influencias. Un televisor junto a una biblioteca, un muñeco de Jack Skellington al lado de un ejemplar de La Odisea, una imagen de un santo, pintado como si fuera El Guasón, cerca de un poemario de Rubén Darío. Cultura pop mezclada con cultura académica. Todo está ahí, también en su última obra: Instrucciones para leer este libro, que se presentó en el pasado Festival de la Lectura Chacao.

El escritor venezolano (Puerto Cabello, 1970) publicó un libro de relatos de situaciones absurdas (editado por Bid&Co), que intenta conseguir un equilibrio entre reflexión y divertimento. Así es la literatura de Santaella, que hace reír al lector. "El humor es una operación intelectual de supervivencia, una herramienta de ataque del más débil contra el más poderoso. Mientras eso empiece a comprenderse, el humor se tomará más en serio. Mi libro es una propuesta en ese sentido", dijo el autor de Las peripecias inéditas de Teofilus Jones.

El título de su reciente obra es una advertencia al lector. Adentro encontrará absurdos realistas, también fantásticos. Uno de sus textos, por ejemplo, es una oración en la que menciona desde Condorito hasta El Chavo. Cualquiera diría que el propio autor es un licuado de todo eso. "Es que uno no es solamente lo que ha leído. El escritor no sólo está hecho de lecturas de libros, sino también de lecturas de cine, televisión o de música. Yo crecí así: veía Los Picapiedras, pero tenía a Homero (el poeta, no Simpson). Es un proceso de absorción. Lo llamo la licuadora mental".

Así, el también escritor de libros para niños y jóvenes no teme que lo etiqueten como un autor de libros infantiles para adultos. Él sólo quiere contar historias, trabajar con la palabra. "Por alguna circunstancia, a la hora de escribir, salen con una perspectiva infantil. Fueron escritas para el Fedosy que sigue existiendo en alguna parte de mí o el Fedosy al que le hubiera gustado leer unos determinados cuentos, pero nunca pensando si tienen un valor, una enseñanza o alguna anécdota", agregó el ganador de la mención narrativa de la Bienal José Rafael Pocaterra 2006.

Literatura seria

Fedosy Santaella dijo alguna vez que ya estaba bueno de novelas históricas sin imaginación que parecen crónicas periodísticas. Que la literatura venezolana, a veces, es demasiado seria. "Creo que le hace falta un poco de humor. Pero el problema no es que sea muy seria ni que se escriba o no con humor, sino considerar que existe algo distinto a la literatura histórica o académica. Creo que el espectro literario debe abrirse, respetar tanto lo que escriben unos como lo que escriben otros", dijo el autor de Ciudades que ya no existen.

El carabobeño difiere de Mario Vargas Llosa, que -en su último ensayo- dijo que el intelectual de hoy es un bufón que cada vez tiene menos influencia en la sociedad. Que la banalización llegó a la cultura. "Esa imagen del intelectual escritor creo que no es buena. El escritor es un contador de historias. Alguien que reflexiona sobre la existencia, no necesariamente con un conocimiento filosófico. No tiene que tener una teoría política en lo que escribe. Utiliza la palabra para expresar grandes temas. No creo que se trata de una banalización, sino de un papel más humano del narrador sin que sea considerado un erudito que aporte ideas para cambiar una nación".

Santaella ve la literatura como una forma de luchar contra el olvido. Ya lo dijo en uno de sus textos del libro: "Escribir narrativa es una manera de contar el pasado sin que nadie te diga que eso no fue así". "Pero también es usar el olvido. El escritor está obligado a usarlo para reinventarse. El olvido es fundamental, así como la memoria. Una cosa va con la otra. Sería, como dirían los estructuralistas, antinomias. Y hay gente que no entiende eso, que pueden inventar sobre lo vivido, que pueden fabular. Si hay un espacio de tu vida que no recuerdas, eso no debe ser un espacio en blanco en tu papel. Tienes que rellenarlo con imaginación, con fantasía", explicó el autor radicado en Caracas.

Ya se ha dicho, también, que la literatura permite ser lo que no somos. Santaella lo sabe. "Muchas personas escriben para salir de sus vidas. Van hacia allá buscando algo que les vuelva a dar vida. Lo decía Cioran: 'El único argumento contra la inmortalidad es el aburrimiento'. Nosotros vivimos en esa especie de inmortalidad aburrida, cuando todos los días son iguales. Y la lectura va por el mismo lado. Es una manera de desconectarse del vacío, de enchufarte con algún tipo de luz... Co..., soné a Chopra".

dfermin@eluniversal.com

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