Juan Luis Guerra puso a bailar hasta al más renuente
El cantautor dominicano se paseó por los nuevos y viejos éxitos.
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La imagen de una radio típica de los años 60 se dibujaba en una pantalla a la cual el público no le quitó la mirada. Y a las 8:50 p.m. empezó a sonar esa radio mostrando el paseo de la misma por varios lugares. Todo comenzó con Clocks de Coldplay en su versión con Buena Vista Social Club, pasó por Norah Jones entre otras canciones. Luego, imágenes de protestas, celebraciones, mujeres, hombres, niños y terminó con Juan Luis Guerra y toda su orquesta 440 en escena para cantar Apaga y vámonos.
Desde las primeras tonadas, los presentes en la Terraza del CCCT estaban de pie para ver el esperado show de A son de guerra. "Vamos a bailar y disfrutar esta noche" y sin preaviso empezó con La Bilirrubina, y sin necesidad de dos pedidas ya el público movía hasta el último centímetro del cuerpo.
Con la sencillez típica de Juan Luis Guerra, vestido con un pantalón negro, chaqueta beige y la boina que nunca se quita, continuó la noche con La Travesía y La Llave
"¿Vamos bien hasta ahora?" Preguntó para asegurar que el público estuviera contento. Y vino la primera de tantas canciones que fueron coreadas son todas las ganas: Bachata Rosa.
Siguió con un medley con algunos grandes temas de salsa como: Carta de amor y Te fui buscando. Bien lo afirmó el cantautor dominicano: "Sé que a los venezolanos les gusta mucho la salsa". Y no se equivocó.
Luego, puso a todos a bailar con "la mano izquierda en la oreja y mano derecha al aire"-tal cual sus instrucciones- con Son al Rey.
Como yo y El costo de la vida, fueron la previa para mostrar a Juanes en escena gracias a una pantalla. "Esto lo más cerca que he logrado tocar del rock (risas)" y empezó La Calle, con la esencia omnipresente del cantante colombiano.
Para continuar con algo más suave dijo: "Quien ama a su esposa se ama asimismo". Así empezó la única pieza que sentó a los presentes y dio un respiro para los que no paraban de mover el esqueleto, Mi bendición.
Luego: "Un merengue que compuse en 1996, sobre las peripecias de un cliente que va un hospital público". Acto seguido se montó en una bicicleta y interpretó El Niágara en Bicicleta, una de esas viejas canciones que es la obligada.
No faltaron Las Avispas, Visa para un sueño y unos de los primeros sencillos de su últimos disco, la Guagua, entre otras que dieron un total de 20 canciones.
Siempre acompañado de un gran juego de luces, varias pantallas que presentaron en todo momento un gran colorido al show que cerró con Ojalá que llueva café. Un concierto que dejó bailando hasta al más renuente.
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