En Estados Unidos demandan adolescentes por bajar música
ilegalmente a sus computadoras¿ ¿exageración de la
industria disquera frente a inocentes travesuras juveniles?
¿Por qué los mismos padres que castigan a sus hijos
si roban un disco de una tienda no se dan por aludidos cuando
bajan música de Internet?
Muchas veces es la ilusión de anonimato que brinda Internet,
o tal vez desconocimiento de la ley. Otras veces se excusa la
conducta argumentando que las disqueras explotan a los artistas,
los sueldos inmorales de los roqueros, o la diferencia entre
el costo de producir un CD y su precio de venta. También
se plantea el tema del "fair use": durante años la industria
permitió copiar canciones en casetes, basándose en
que la calidad de las copias disminuía de generación
en generación.
Hoy en día las cosas han cambiado: una copia digital es
idéntica al original y una industria que estuvo controlada
por los distribuidores durante décadas está ahora
en manos de los usuarios. Las disqueras subestimaron el problema
desde el principio, pensaron que cerrándose a la distribución
por Internet bastaría, sin prever la facilidad de las copias
y equipos electrónicos cada vez mejores y más baratos.
Esta falta de visión retrasó el desarrollo de sistemas
de protección y permitió el cambio radical en los
hábitos de consumo musicales de las nuevas generaciones.
Veamos de cerca las consecuencias de todos estos avances tecnológicos:
Internet acaba con el control de distribución, ya no hay
que esperar a que la disquera saque un compilado de los grandes
éxitos de Celia Cruz, cada quien puede construir su propia
mezcla y escucharla en su reproductor de MP3 o quemarla en un
CD. Cada día nuevos artistas deciden romper con los canales
tradicionales de distribución y darse a conocer por Internet
usando mercadeo viral, repartiendo su música entre los
usuarios más fanáticos que luego se encargarán
de regar la voz.
Los usuarios, además de disponer de una biblioteca musical
prácticamente ilimitada y la interacción con otros
usuarios, poseen equipos que al volverse más sofisticados
llegan a "conocer mis hábitos de uso", funciones como la
selección automática de canciones entre las más
escuchadas recientemente, las favoritas por género o la
frecuencia de repetición de un tema pueden llevar a la
máquina a recomendar temas similares, creando mezclas especiales
por género musical o estado de ánimo e incluso sacar
del olvido alguna favorita que tenga tiempo sin ser escuchada.
¿Por qué entonces hay tal angustia entre las disqueras?
La preocupación se debe a a la evidente disminución
de los márgenes y la pérdida de control del negocio,
perdiendo así el poder de manipular los hábitos de
uso. Dentro de la industria sólo parecieran salir ganando
los promotores de los artistas al recobrar valor las presentaciones
en vivo ya no como mecanismo promocional de un disco, sino para
generar ingresos.
Ante esta guerra avisada la industria reaccionó iniciando
demandas muy visibles a piratas de variados perfiles e intentando
lanzar CD con mecanismos anticopia. Otra jugada más inteligente
fue llenar los CD de contenido adicional como videos, afiches,
información exclusiva sobre el artista y empaques más
atractivos. Se han visto obligados a bajar los precios y establecer
canales legales por Internet, ofreciendo temas promocionales
o clips en las páginas web de los artistas.
Para los artistas, Internet se ha convertido en un mecanismo
excelente de promoción, sobre todo cuando no disponen de
presupuestos millonarios. Pueden desarrollar relaciones "personales"
con los fanáticos, enterarse de cuáles de sus temas
tienen mayor demanda, darles acceso a información privilegiada,
estrenar videos, fotos, invitaciones a conciertos e incluso
vender mercancía promocional. Al disminuir el precio de
su música, la proporción de ingresos por los conciertos
aumenta.
Han surgido tres modelos básicos de negocio como respuesta
a la crisis causada por las innovaciones tecnológicas en
la industria de la música: compra, alquiler y los modelos
híbridos.
Para la compra, Apple es el líder en tecnología y
popularidad con sus estilizados iPods que han reemplazado al
walkman y discman en las calles de las ciudades estadounidenses.
Apple cobra $1 por canción para uso en iPods, 5 computadoras
y quemar CD, con este modelo el propietario sólo puede
escuchar la música que compró.
Napster y Rhapsody son los líderes en el alquiler: cobran
$10 mensuales por acceso y downloads ilimitados. El alquiler
permite escuchar lo que quiera, cuando quiera pero sólo
en mi computador. Las canciones no pueden copiarse a equipos
portátiles ni quemarse a CD a menos que sean compradas
a $1 por canción.
Los modelos híbridos combinan ambas alternativas debido
a la incapacidad de trasladar la música alquilada.
El panorama está por cambiar con el nuevo sistema DRM
de Microsoft que ofrece suscripción a un servicio de acceso
ilimitado de música que permite copiarla a equipos portátiles
y de vehículos. La música puede escucharse siempre
que la suscripción esté activa. De esta manera puedo
llevar conmigo las canciones que alquilo y escuchar lo que quiera,
cuando quiera y donde quiera pagando un monto fijo.
Estos modelos de alquiler se están adoptando lentamente
en los países desarrollados, superando la barrera cultural
que dificulta acostumbrarse al concepto de no ser "dueño"
de la música en la forma tradicional.
Una de las consecuencias a largo plazo -al desaparecer definitivamente
el LP y los artistas lancen música nueva constantemente-
puede ser que el exceso de opciones abrume al oyente, de tal
forma que comience a extrañar las imposiciones del programador
de la radio o los CD con un número determinado de canciones.
También puede ocurrir que surja una escala de precios en
la que sean más costosas las canciones más populares,
y también las categorías menos conocidas, o se cobren
diferentes precios por la calidad del sonido. Dentro de este
esquema, una suscripción con sonido de alta definición
sería más costosa que una de MP3 altamente comprimido.
Para los artistas puede haber ingresos recurrentes más
duraderos ya que canciones que se escuchan toda la vida pagarán
algo a los artistas siempre.
La industria cinematográfica se mira en el espejo de
las disqueras pues lo que ha ocurrido con la música pronostica
lo que podría ocurrir con el video. Este proceso ha sido
más lento porque los algoritmos de compresión para
la música son más sencillos y requieren menos procesamiento
que los de imagen y porque existen mejores mecanismos de protección
para video que para música, pero a medida que aumenta
el ancho de banda, se podrá comenzar a transmitir videos.
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