David y Goliat viven en el cerebro
Mientras los animales tienen su comportamiento mayormente predeterminado por sus genes; el ser humano, al vivir en una cultura, es capaz de poder elegir su comportamiento.
En un intento de entendernos a nosotros mismos, urgamos algo en nuestros antepasados inmediatos. Existen 4.237 especies de mamíferos vivientes. De ellos, son los primates los más cercanos y observamos que hay 193 especies vivientes de simios y monos.
Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La única excepción es el Homo Sapiens, que es un primate pelado, apenas un poco en la cabeza, axilas y alrededor del aparato genital. Pero tiene el mayor cerebro de los primates.
La herencia genética se exterioriza elocuentemente en nuestro pasado instintivo.
La neurociencia nos señala la presencia de tres cerebros anatómicos y funcionales, en lugar de uno solo como suele pensarse.
El origen de nuestro maravilloso triple cerebro se podría remontar a la tendencia creciente de la masa cerebral, creada por la necesidad de satisfacer las necesidades de los individuos.
Si durante su desarrollo logramos armonizar los tres cerebros, la salud física y espiritual es la consecuencia; pero si existen errores en su estructuración o funcionamiento, la enfermedad física y psíquica son las consecuencias.
El primer cerebro, el más viejo, el arquineuronal, es la sede de todos los instintos, mecanismos garante de la vida. Como pocos ejemplos tenemos en el primer cerebro o cerebro reptiliano al instinto de perpetuación de la especie, que se traduce en el segundo cerebro o cerebro afectivo o visceral como máximo egoísmo. La agresividad del primer cerebro pasa como competencia al segundo cerebro; el instinto gregario reptiliano pasa como dependencia afectiva; el instinto lúdico, como adicciones; instinto de alimentación como gula, obesidad y anorexia. El instinto sexual pasa como amor u odio. De modo que el segundo cerebro se conoce como paleo neuronal y se le llama cerebro afectivo o visceral, y rodea al cuerpo calloso de los hemisferios cerebrales.
El cerebro reptiliano igualmente se constituye en la sede de las fuertes sensaciones vitales grabadas a lo largo de la evolución, cuando animales y el ser humano estuvieron sometidos a catástrofes telúricas, terremotos, huracanes, incendios, tsunamis y muchos otros acontecimientos extremos, incluyendo los que se produjeron por los grandes conflictos entre grupos humanos como pánico, angustia, terror, depresión, inseguridad, etc. y que como todo lo que tenemos grabado en el tallo cerebral o cerebro reptiliano puede escaparse cual caballo salvaje de sus predios y atraparnos a nosotros en uno de esos estados extremos como el pánico y la depresión, de la misma manera que un acto instintivo tipo agresividad, adicción y que nos saca de la circulación social.
El ser humano se caracteriza por la gran duración de la etapa infantil, esto se debe a la lentitud del desarrollo somático y fisiológico, duración a tomar en cuenta seriamente por consecuencias sociales y psicológicas. Durante su infancia el niño va adquiriendo la cultura de su sociedad.
Por eso, mientras los animales tienen su comportamiento mayormente predeterminado por sus genes; el ser humano, al vivir en una cultura, es capaz de poder elegir su comportamiento.
Solo una familia con armonía adecuada puede fabricar una descendencia donde los caballos salvajes del tallo cerebral pueden ser bloqueados en su salida o atrapados y regresados al corral, para no caer víctimas del acto instintivo o patológico que posee un tremendo poder de 3.500 millones de años, contra un inhibidor, frenador muy débil como el segundo cerebro que solo tiene 600 millones de años de fuerza, y el tercer cerebro, el más importante, que con solo 3 millones de años tiene el potencial para doblegar los caballos salvajes si nuestras familias nos transmitieron las claves del doblegamiento y manejo de las bestias, incluyendo las enfermedades psicosomáticas tales como: trastornos gastrointestinales: colon irritable, úlcera, gastritis; afecciones cardíacas: hipertensión, infartos, hipotensión; afecciones de la piel: psoriasis, dermatitis, alergias; además de insomnio, cáncer, disfunciones sexuales y muchas decenas más de enfermedades.
El dominio del tercer cerebro es posible gracias al desarrollo de la neurociencia donde el simbolismo de David contra Goliat es posible. Se logra si la inteligencia que hemos desarrollado la orientamos en la dirección de la maduración emocional. David, débil, pequeño con la iluminación intelectual y su determinación ( tercer cerebro) logró dominar la intensa fuerza bruta del tallo cerebral ( primer cerebro o de reptil) de Goliat.
Muchas contribuciones en el campo de la neurobiología, neurocirugía, neuropsicoanálisis demuestran que nuestro futuro dependerá de la calidad y cantidad de estímulos que ingresen a nuestras sinapsis, que son las conexiones entre neuronas y neuronas, lo que permitirá la armonía entre los contrarios, la tolerancia y verdadera comprensión de lo que ocurre en el cerebro humano, logrando así, aunque sea parcialmente, la maduración necesaria ante la complejidad de lo que nos toca atender. Esa sería la verdadera maduración. Igualmente, la neurociencia destaca que no importa la edad. Si las sinapsis son bien aprovechadas, retarda un poco lo que puede ser un envejecimiento precoz, fuertes y frecuentes olvidos y otras fallas del conocimiento.
El tercer cerebro emerge gracias a un crecimiento progresivo hace 3 millones de años cuando apenas pesaba cerca de 300 gramos para llegar hoy a 1.200 gramos promedio. Ocupa básicamente el lóbulo frontal y se convierte en la sede de las actividades intelectuales, cognitivas, de maduración y trascendencia. Las funciones logradas en este tercer cerebro, neocortical, son espectaculares: la capacidad flexible de seleccionar respuestas ante varios estímulos adquiere su mayor desarrollo.
Se obtiene la capacidad de adaptación ante circunstancias cambiantes. No hay ninguna duda de que el aumento del tamaño y la organización del cerebro en un tiempo tan corto ha debido ser el resultado de una serie de procesos en los cuales han intervenido cantidades de factores como la bipedestación, la utilización y construcción de herramientas y la adquisición del lenguaje o nuevos modos de vida social, como la agricultura y la ganadería, entre otros.
Nuestro futuro dependerá del aprovechamiento que hagamos de la enseñanza de la neurociencia para manejar mejor el vasto potencial del lóbulo frontal, que puede depararnos muchas cosas buenas.
La neurociencia nos señala la presencia de tres cerebros anatómicos y funcionales, en lugar de uno solo como suele pensarse. El origen de nuestro maravilloso triple cerebro se podría remontar a la tendencia creciente de la masa cerebral, creada por la necesidad de satisfacer las necesidades de los individuos
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