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CARACAS, lunes 07 de mayo, 2012
 
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EDICIÓN ANIVERSARIA | Factores

Hábitos culturales que cuidan la salud

En países de Asia como China y Corea, la incidencia de los cáncer de próstata, mama y colon es nueve veces menor que en Occidente. La diferencia está en los hábitos culturales de vida

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GIULIANA CHIAPPE | EL UNIVERSAL
lunes 7 de mayo de 2012



La forma como se vive determina la buena salud. En los países de Occidente, entre los tipos de cáncer que más fallecimientos causan están los de colon, mama y próstata. Esto no es así en los países asiáticos. En China, Laos y Corea, por ejemplo, estas enfermedades oncológicas son nueve veces menos frecuentes que en Estados Unidos; y en Japón, cuatro veces menos. En la India, el cáncer de próstata es casi 12 veces menor que en Occidente.

Otro ejemplo tiene que ver con los suizos, quienes consumen per cápita, diez kilos de chocolate al año. Esto significa tres veces más chocolate que los estadounidenses, pero son mucho menos obesos. Con los franceses pasa algo similar: rara vez hacen dieta y no se privan ni siquiera de postres pero se mantienen delgados.

Las diferencias culturales no se notan sólo en el lenguaje, la religión o la educación. También se reflejan en los hábitos de vida. Y estos son determinantes en la prevención de factores de riesgo como el sobrepeso e incluso en evitar enfermedades como las cardiovasculares, la diabetes o el cáncer.

Varios médicos han estudiado el impacto de la forma de vida en la salud. Entre ellos está el suizo David Servan-Schreiber, quien supo vivir con un tumor cerebral durante dos décadas, a pesar que según otros médicos se encontraba desahuciado; el canadiense Richard Beliveau y el español Gilberto Chéchile.

Beliveau y Servan-Schreiber, cada uno por su cuenta, atribuyeron la diferencia en la incidencia de cáncer entre asiáticos y occidentales a dos costumbres específicas en la alimentación: al elevado uso de especias consideradas antiinflamatorias, como la cúrcuma, y a la escasa ingesta de carnes rojas, pues prefieren los pescados y vegetales. Ambos plasmaron sus consideraciones en sus libros Anticáncer, una nueva forma de vida, de Servan-Schreiber y Los alimentos contra el cáncer, escrito por Beliveau con colaboración de Denis Gringas.

En el caso de la cúrcuma, detectaron que el consumo promedio en India es un cuarto de cucharadita al día. Al combinarlo con pimienta, su efecto se potencia en mil. Actúa contra muchos cánceres y reduce en 40% los pólipos del colon. "La adición cotidiana de una cucharadita de cúrcuma a las sopas, las salsas, o la pasta representa una manera simple, rápida y económica de tener un aporte de curcumina suficiente para prevenir el desarrollo del cáncer", resume Beliveau.

La protección de los orientales contra el cáncer no es genética. Lo determinaron estudiando a los inmigrantes orientales en Estados Unidos. Al habituarse a los hábitos alimenticios norteamericanos, altos en azúcares refinados y grasas, se acercaban a las pesimistas tasas de cáncer de sus nuevos vecinos y parecían tan susceptibles como ellos a sufrir de estos tumores.

"Esto significa que el aumento en la aparición de tumores se debe a la forma de vida en esos países por diferentes factores ambientales o a los cambios producidos en los hábitos alimenticios", ha dicho Chéchile quien también ha explicado, en diversas ocasiones, que "en todas las personas se generan millones de células anormales que podrían llegar a constituir un cáncer. Sin embargo estas células defectuosas son identificadas por el sistema inmunitario y destruidas antes de multiplicarse".

Para Servan-Schrieber, las sociedades que basan su dieta en alimentos industrializados son también más vulnerables a sufrir de enfermedades, debido a la alta exposición a productos químicos presentes en toda la cadena productiva. En esto incluye a los fertilizantes y a los cambios en los métodos agrícolas y ganaderos con lo que se alteran los alimentos.

En lo que refiere a cambios alimenticios, entre los más perjudiciales está el peso que en la dieta actual se le otorga a azúcares refinados, harinas blancas y grasas hidrogenadas, que carecen de las proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos Omega 3, que apoyan al sistema inmunológico en su función de defensa y destrucción de las células malignas o extrañas a nuestro cuerpo.

Cuando habla al respecto, Chéchile apunta que, en los países de Occidente, se estima que se consumen más de 70 kilos de azúcares refinados e hidratos de carbono simples por persona y por año.

Aparte de la obesidad que puede provocar el consumo en exceso de estos alimentos y del riesgo que suponen, pues elevan la posibilidad de cardiopatías y otras enfermedades, el peligro es que las células cancerígenas se alimentan de glucosa para poder crecer. La encuentran en carbohidratos simples y azúcares refinados. "Tanto los azúcares como las harinas son transformados en glucosa, que es la forma como los azúcares se introducen en las células", dice.

MENOS KILOS

En el caso de los suizos y los franceses, a quienes los kilos de más no parecen obsesionarlos en la misma proporción que a los americanos, la diferencia radica en el ejercicio físico. Aquí también existe otra diferencia: ellos no se inscriben en el mejor gimnasio que consiguen ni se apertrechan de ropa, calzado y gadgets para hacer deporte. Simplemente, en su vida rutinaria, se mueven.

Mireille Guiliano, una francesa que ha vivido gran parte de su vida en Estados Unidos y quien por su trabajo como directora del grupo Veuve Clicquot sigue compartiendo su vida entre ambos países, ha percibido bien estas diferencias. Su experiencia, conocimientos y conclusiones los legó en el libro Las francesas no engordan que, de paso, se convirtió en bestseller mundial al alcanzar los dos millones de ejemplares en 37 idiomas.

Tal como explica, estos europeos caminan rutinariamente para ir al trabajo, a comprar o a su centro de estudios. También suben escaleras, pues muchos de los edificios carecen de ascensor. Y toman agua. A Guiliano le sorprende ver cómo en las reuniones ejecutivas en Norteamérica, las botellitas de agua mineral quedan intactas, mientras se agotan las de refrescos light. En Francia, por el contrario, lo que queda en la mesa son botellas y botellas vacías de agua.

gchiappe@eluniversal.com

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Comentarios (1)
Por Elys jose Bellorin avila
07.05.2012
8:12 PM
Muy buen comentario tenemos que tomar conciencia para vivír mas saludable