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CARACAS, lunes 07 de mayo, 2012
 
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EDICIÓN ANIVERSARIA | Los enemigos

El corazón también es un descuido

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en todo el mundo. Venezuela no está exenta de ellas: cada 20 de 100 personas fallecen por problemas cardíacos

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DANIEL FERMÍN | EL UNIVERSAL
lunes 7 de mayo de 2012



Venezuela también sufre de problemas en el corazón. Una cifra impactante, cortesía del Anuario de mortalidad que publicó el Ministerio de Salud en el año 2010: 20% de las muertes que ocurren en el país son a causa de las enfermedades cardiovasculares. Y en el resto del mundo, la tasa es similar: cada año mueren más personas por problemas cardíacos que por cualquier otra cosa.

Ni el cáncer, ni el VIH, ni nada. "Si uno suma los fallecidos por todos los tipos de cáncer, el corazón tiene ventaja. Por ejemplo, más mujeres mueren por enfermedades del corazón que por cáncer de mama (cinco veces más); o que por enfermedades oncológicas, de Sida y accidentes de tránsito. Y mucha gente no está consciente de ello", dijo José Miguel Torres, cardiólogo de la Clínica Santa Sofía. Ya decía el escritor Alberto Barrera Tyszka, en su primera novela, que el corazón también es un descuido.

El cigarro, el alcohol, la obesidad, el sedentarismo son factores de riesgo de un mal que mata a los venezolanos. "El tabaco; la hipertensión; la diabetes, que está intimamante ligada al sobrepeso; los trastornos de los lípidos sanguíneos, la elevación del colesterol, o de los triglicéridos producen formación de ateromas en los vasos arteriales, que son las que provocan infartos. Esos son los factores más habituales", agregó Torres, quien tiene un postgrado en Cardiología otorgado por la Universidad Central de Venezuela.

Y ahí surgen los problemas. Un dolor en el pecho, malestares estomacales. Síntomas graves que pueden ser la antesala de un infarto. "Lo más importante es ubicar en qué situación de riesgo se encuentra el individuo. No es lo mismo que un muchacho de 20 años, que juega básquet, tenga un dolor en el pecho a que un hombre de 50 años, fumador, sufra el mismo síntoma. En esas condiciones, siempre es mejor descartar que ese malestar no corresponda a un síndrome coronario o a un infarto en el corazón. Generalmente, se manifiesta en el centro del pecho. Como cosas inusuales se puede irradiar a los codos, a las muñecas, a la espalda, a la boca del estómago, acompañados de náuseas, sudoración, vómitos, que la gente suele confundir con un cuadro digestivo que quita mucho tiempo valioso para acudir al cardiólogo. Y en estos casos, es vital que el paciente acuda a tiempo".

De lo contrario, las consecuencias serán peores. "Hay algunas formas de presentación crónica: que el paciente empiece a notar que se cansa fácilmente, que con cualquier actividad física cotidiana le aparezca un dolor en el pecho. Cuando ese dolor persiste y se prolonga, probablemente estamos en el contexto de un infarto de miocardio en evolución. Ahí ya es obligatorio consultar a la emergencia de algún centro clínico para someterse a tratamiento", indicó Torres, que funge como Secretario de Educación de la Sociedad Venezolana de Cardiología.

PREVENIR O LAMENTAR

Las enfermedades cardiovasculares suelen ser comunes en personas mayores de 40 años. Sin importar el género. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, 26,8% de los hombres mueren en el mundo por cardiopatías; mientras que en las mujeres la cifra asciende a 31,5%. "Ellas tienen presentaciones más tardías de enfermedades coronarias. Viven más que los hombres, pero sus enfermedades son más difíciles de diagnosticar, algo más atípicas", dijo Torres.

La edad promedio de infarto en el sexo masculino es alrededor de los 50 años. En el femenino, llega a los 60. Así, los adolescentes -o aquellos menores de 40 años- no deberían preocuparse en exceso por problemas cardíacos, salvo casos excepcionales. "Los adolescentes, en general, no sufren enfermedades coronarias, a menos que haya una patología congénita. No es un grupo de riesgo para infartos del miocardio. Ese grupo está a buen resguardo, pero claro, si es obeso, si desarrolló diabetes, si tiene antecedentes familiares, debe tener cuidado".

Lo que sí debe hacer una persona en ese rango de edad es tomar previsiones. Estudios indican que los daños vasculares se acumulan desde la adolescencia o la niñez. La buena alimentación resulta clave. "Tiene sus prioridades: disminuir la ingesta de carnes rojas y aumentar la de carnes blancas, de pescados azules -sardina, atún, carite, cazón-, más cantidad de vegetales en la dieta, así como la de frutas. Ya es clásica la recomendación de cinco porciones de vegetales al día para mantenerse saludable. También, más granos, jugos naturales, aderezar, en lo posible, los alimentos con aceite de oliva y disminuir las harinas".

Una dieta balanceada no es el único paso a seguir. También la actividad física. "Nosotros recomendamos 150 minutos de ejercicios a la semana, que sería media hora diaria de aeróbicos, que es solamente caminar. No tiene que inscribirte en un gimnasio ni ser un gran competidor, sino caminar rápido, que es algo así como entre cuatro o cinco kilómetros por hora. Diseñar un circuito cerca de casa, de manera que haga de dos a tres kilómetros para obtener una buena condición", recomendó Torres.

Su colega Freddy Febres, cardiólogo preventivo, va más allá. "Las enfermedades cardiovasculares dependen de dos cosas: del ambiente y de la genética. Lo que puede evitar el hombre es la parte ambiental. Superada esa etapa, hay algo que se llama prevención primaria, que es lo que hacemos nosotros evitando que la enfermedad se exprese", explicó el director del Instituto de Prevención Cardiometabólica.

Ahí ya se trata de personas con características para sufrir futuros problemas cardíacos. "Hacemos estudios con personas asintomáticas, un hombre gordo, diabético, y le hacemos un estudio profundo. La ventaja es que la ateroesclerosis dura 10 años en su progreso sin dar el infarto. Y uno puede adelantarse si detecta la enfermedad a través de los análisis previos", concluyó Febres.

Ya Joseph Leonard, Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1985, lo dijo: El ser humano pasa la primera mitad de su vida arruinando la salud y la otra mitad intentando restablecerla. dfermin@eluniversal.com

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