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CARACAS, lunes 07 de mayo, 2012
 
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De la Antigua Grecia al gimnasio moderno

En la Prehistoria la actividad física era parte de la sobrevivencia y del trabajo para alimentarse. En la antigua Grecia se desarrollaron los primeros pasos del deporte femenino. Fueron los duros comienzos

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MARÍA TERESA MATA | EL UNIVERSAL
lunes 7 de mayo de 2012



La mujer se incorporó plenamente a la actividad física y deportiva un poco después que el hombre y con ciertas dificultades. Aunque los primeros Juegos Olímpicos modernos datan de 1896, no fue sino hasta la edición de 1900, en París, que pudo participar, ocasión en la que la tenista inglesa Charlotte Cooper se alzó con la primera de las medallas de oro de la historia.

El ejercicio es una materia que, más allá de las modas o recomendaciones médicas, tiene su origen en la historia de la humanidad y un fuerte impacto en la constitución y los genes de las personas.

El deporte fue en principio asociado a la perfección y belleza del cuerpo, no obstante ha sido una herramienta importante para optimizar la salud y mantenerse en buena forma, independientemente de las potencialidades de cada disciplina para producir mucho dinero y fama a los atletas.

EN EL TIEMPO

Desde sus inicios, el ser humano ha tenido la necesidad de expresarse a través de la danza a manera de ritual, primero, y luego como arte y disciplina.

En la prehistoria, el entrenamiento no existía como se entiende actualmente. El hombre se ejercitaba sin proponérselo al caminar por largas jornadas o en sus actividades diarias de supervivencia. Fue con la evolución que el individuo lo identificó como un vehículo para perfeccionar su capacidad de subsistir, alimentarse y hasta para ser mejor. Se trataba de obtener más destrezas para el trabajo, más velocidad al correr, más resistencia. Pronto fue un mecanismo para entrenar, prepararse y lograr la habilidad necesaria para escapar con éxito de los peligros.

No fue sino en la Antigua Grecia cuando el deporte es utilizado directamente como instrumento para ganar fama, prestigio y posición en la sociedad. La competencia trajo consigo el valor del triunfo y con el triunfo el honor, con los Juegos Olímpicos como plataforma fundamental. Estos eventos, que se realizaban cada cuatro años en Olimpia, convocaban a lo más granado. Ya el concepto de entrenamiento, como preparación para enfrentar un reto, estaba perfectamente encajado y más cuando el atleta tenía otras actividades. No se era deportista en exclusiva.

En los tiempos romanos también se convierte en un método adecuado para mejorar el as-pecto del cuerpo y la salud. Pa-ra conseguir el cuerpo ideal, musculoso y fibroso, el deporte era casi la única opción. Lo mismo ocurría con los gladiadores o los soldados que formaban parte de los gigantescos ejércitos. Poco a poco la relación ejercicio-salud se hizo indisoluble.

Así, con el tiempo, el ser humano se dio cuenta que el ejercicio era bueno para evitar enfermedades circulatorias y permitía realizar trabajos con menor esfuerzo, mejorando la calidad de vida.

Para la mujer no fue tan expedito. En el año 776 a.C., en Olimpia, Grecia, el deporte estaba vetado completamente al género femenino. No podían participar ni asistir en plan de espectadoras. Una mujer casada que presenciara los juegos podía ser sentenciada a pena de muerte, pues los atletas competían desnudos, con sus cuerpos como emblema de trabajo y perfección. Pero al final, las opciones se abrieron para ellas.

LOS JUEGOS DE HERA

Pausanias, un médico viajero que recorrió las ciudades griegas en el siglo II d.C., en Guide to Greece, volumen II: Southern Greece, explica:

"Cada cuatro años, 16 mujeres tejían un manto para Hera y participaban en los juegos en honor a la diosa. Las competencias consistían en una carrera entre jóvenes vírgenes, que corrían con el cabello suelto, llevaban las túnicas sobre la rodilla y el seno derecho y los hombros desnudos. Los sirvientes que atendían al grupo de mujeres también eran del sexo femenino. Se decía, igualmente, que la ganadora fue Cloris, única hija sobreviviente de Anfión".

De la misma forma, y a título de ilustración, citamos a The Poems of Sextius Propertius:

Oh, Esparta de estrafalarias leyes y de extravagantes costumbres

Cuánto envidio sus gimnasios virginales

En los que se divierten las jóvenes desnudas,

Disfrutan con la lucha,

Recuperan los balones perdidos, corren

Girando el aro con su varilla al son de una canción

Las jóvenes llegan de pie

envueltas en polvo

A la meta de la carrera...

Ella gira en un círculo

Soportando el peso del disco

Y es posible ver a una doncella

Correteando a los perros de su padre

En las extensas montañas de la cordillera de Taigeto

Con su reluciente cabello

adornado con escarcha

La joven espartana

Conduce su caballo en círculo como si fuere un baile

Y lleva abrochada una espada en su níveo muslo

Y esconde su cabello en un bronce ahuecado

Desnuda hasta la cintura como una amazona guerrera

Bañándose en el Termodón

O como Helena llevaba las

armas

Con su torso desnudo

Y una actitud desvergonzada

Entre sus hermanos, el dios Cástor, el jinete

Y Pólux, el boxeador

La ley de Lacedemonia prohíbe

Que los amantes vayan por caminos separados...

La única descripción que se tiene de estas extraordinarias competencias, que se asemejaban a los ritos prenupciales de iniciación en otras partes de Grecia, fue escrita por Pausanias en su guía turística The Description of Greece, en donde se detallan muy pocos aspectos pero muy sugerentes. Sabemos que los eventos deportivos se limitaban a tres carreras en las que las competidoras corrían en la misma pista que usaban los hombres en el Estadio Olímpico, pero recortada a 160 metros, un sexto menos que en el caso masculino. Estas atletas recordaban a las míticas amazonas: la raza de mujeres entrenadas para la guerra que supuestamente vivieron en Asia Menor, cerca del Mar Negro, y que se habían cauterizado el seno derecho para que no les impidiera lanzar la jabalina.

Pausanias señalaba que el festival fue creado en la más remota antigüedad, por la encantadora Hipodamia para agradecer por su matrimonio con Pélope, un héroe mitológico.

Hipodamia celebraba el evento deportivo con la participación de 16 matronas, y desde entonces las mujeres casadas de Elis fueron las anfitrionas de los juegos de la esposa de Zeus. Se seleccionaba a las mujeres más honorables para tejer una túnica ceremonial que sería colocada en la estatua de la diosa Hera en su templo de Olimpia. Este grupo de damas también organizaba festivales en Elis en honor a Dioniso, el dios de las mujeres adultas, y los coros de varias heroínas locales.

Algunos elementos del festival de Hera, que pudo haberse instaurado de manera formal en 580 a.C., según un tratado grabado en piedra por los habitantes de Elis, recordaban el festival deportivo de los hombres. Las triunfadoras eran coronadas con ramos de olivos sagrados y se les hacía un banquete. También se les permitía colocar imágenes conmemorativas de sus triunfos en el santuario, aunque bajo la forma de retratos (no estatuas) que eran puestos en el templo de Hera.

Tras estos retazos informativos, el festival continúa siendo un misterio. No sabemos en qué momento del año eran los juegos femeninos o por cuánto tiempo se realizaron. Algunos historiadores creen que se celebraban simultáneamente con las Olimpíadas masculinas.

MODERNIDAD

Hoy en día es inconcebible en términos de buena salud, no realizar con regularidad rutinas de ejercicios, según parámetros universalmente aceptados.

La palabra gimnasio proviene del griego gymmo, que significa "desnudez", ya que todas las actividades tanto físicas como educativas y de higiene en tiempos de la Antigua Grecia, se hacían desnudos. Las diferentes culturas y civilizaciones fueron incorporando estos espacios de bienestar corporal y mental, que han evolucionado hasta convertirse en los sofisticados clubes de fitness, spas y centros integrales actuales, que conservan la misma esencia e inspiración de sus comienzos.

En los tiempos modernos, los alemanes fueron los precursores y primeros tratadistas sobre la educación física y los deportes. Al tema se encuentran vinculados una serie de filósofos y educadores tales como J. B. Basedow (1723 a 1790), J. C. F. Guts (1759 a 1839), F. L. Jahn (1778 a 1852) y A. Spiess (1810 a 1858); entre otros. De hecho, los primeros gimnasios aparecieron a mediados de 1800 en Alemania.

En Estados Unidos el boom de los gimnasios tuvo su origen en las instituciones educativas y católicas, de donde surgiría el Young Men's Christian Association (YMCA, Boston, en 1851). Pero antes, la Universidad de Harvard, en 1820, inauguró una instalación para entrenarse con aparatos y máquinas.

A partir del siglo XX el concepto de gimnasio fue evolucionando hasta llegar a lo que actualmente conocemos, instalaciones con máquinas, accesorios y rutinas guiadas cada vez más innovadoras, que apuntan al entrenamiento cardiovascular, de fuerza y resistencia, balance corporal, armonía y elasticidad.

La portada de la afamada revista Sports Illustrated, del 14 de septiembre de 1987, fue dedicada por primera vez a las hazañas de una mujer, la atleta estadounidense Jackie Joyner-Kersee, otro hito que marca las conquistas del sexo femenino en el ámbito deportivo.

Otras destacadísimas mujeres como Nadia Comaneci, Mildred Didrikson, Fanny Blankers-Koen, Theresa Zabell, Marlene Ahrens, Evelyn Ashford, María Caridad Colón, Zola Budd, Mary Decker-Slanney, Sara Simeoni, Jeanette Campbell, entre otras, han dejado su huella en la historia del deporte contemporáneo.

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