ALEXIS BELLO
CIRUJANO CARDIOVASCULAR
Venezuela, tradicionalmente ha estado embargada de grandes
contradicciones y enormes paradojas. Quizás la mayor
de todas ellas, está representada por el incontrovertible
hecho de que siendo un país con enormes recursos naturales,
ha sido históricamente, de extraordinaria pobreza (en
términos de ingresos brutos per cápita).
Por otra parte, los venezolanos, estamos acostumbrados a
concebir el éxito, como virtual subproducto del fracaso.
En otras palabras, pareciese que la improvisación, la
ignorancia y la negligencia nos obligan -con frecuencia-
a fracasar antes de entender algo que resulta más coloquial
que pragmático, que hemos dado en llamar éxito.
Probablemente ello sería una de las causas, (parafraseando
a Hugo Faría), de por qué somos pobres los pobres.
Los médicos y la medicina venezolana, ciertamente representan
otro ejemplo de esa severa paradoja. Por una parte, nuestra
situación geopolítica, los enormes recursos y la
vocación e idoneidad de muchos de quienes a lo largo
de los años, decidimos hacer de esta profesión,
una forma de vida más que una forma de carrera, ha permitido
una aproximación al éxito mediante un ágil
ejercicio de excelencia. En otras palabras, la medicina venezolana,
ha representado un verdadero paradigma en la prestación
de servicios de salud en buena parte de nuestro
continente. Sin embargo hoy somos un pueblo cada día
más enfermo, "rico" de acuerdo a los estados financieros,
pero insalubre, sin techo y con hambre. Somos grandes productores
de petróleo pero importadores de médicos y
exportadores de enfermos.
De allí, que siempre he conceptualizado al éxito, no como un logro o una meta, sino más bien como una extensa frontera, a la cual podemos llegar desde distintos ángulos, en diversos vehículos, o con variados objetivos (no necesariamente riqueza): existen ricos fracasados y pobres exitosos. Se trata de una frontera, de la que resulta relativamente fácil regresar, pero sumamente complicado llegar o mantenerse en ella. Por otra parte ese viaje, (con algunas excepciones) es usualmente escabroso y además debe estar etiquetado por principios éticos y morales no negociables.
De allí, como diría Einstein, hemos tratado de ser no tanto hombres de éxito sino personas de "valor".
Con el inexorable paso de los años, se ha promovido el cambio de una medicina tecnificada, costosa y muy efectiva por una práctica médica simplificada y apenas consoladora.
Hace muchos años, el éxito del médico estaba medido mediante tres atributos: el sombrero, que le daba sensación de autoridad; un globuloso abdomen que sugería dignidad y muchas expresiones elocuentes. De acuerdo con Escardó, hoy nuestro clima sería más miserable, sin retribución alguna por nuestros votos de desasosiego y promesas de intranquilidad.
Desde la óptica de esa lejana frontera, valdría la pena hacer el ejercicio autocrítico de conocer si realmente en este bello y paradójico país, los médicos, en su mayoría, hemos sido o no exitosos o cuán cerca hemos estado de sus límites fronterizos.
Personalmente pienso, que para todos quienes hemos vivido en permanente zozobra y asumido el privilegio de convivir con la muerte más que con la vida, ha permitido rescatar a muchos secuestrados por el dolor, la enfermedad y la miseria humana. Además hemos asimilado el sufrimiento sin gestos y en silencio, pero tenemos la satisfacción, de haber recibido una inesperada recompensa: conocer la real humildad y los verdaderos límites de la lejana frontera del éxito.
Presidente del Hospital de Clínicas Caracas