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Ignacio Taboada
Más allá de la luz
En el hielo antártico, este físico egresado de la Universidad Simón Bolívar, trabaja en la construcción de un colosal telescopio que "ve" neutrinos, es decir, partículas subatómicas
En la estación científica del Polo Sur, Taboada no tiene tiempo para el aburrimiento, pues trabaja los siete días de la semana y en turnos de doce horas. (Cortesía Ignacio Taboada)
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JAVIER BRASSESCO 
EL UNIVERSAL

En el principio todo fue un malentendido. Tenía nueve años Ignacio Taboada cuando por teléfono le contó a su abuelo que en la escuela le habían mandado a hacer un periscopio. Pero cuando dijo "periscopio", su abuelo entendió "telescopio", y le contó que en su casa tenía uno que nunca usaba y que se lo iba a regalar.

Unas semanas después, estrenando su flamante regalo bajo el limpio cielo de Chuspa, Ignacio "descubrió" Saturno. Todo lo que ha sido su vida desde entonces ha estado dictada por ese primer descubrimiento. Ser físico, haberse graduado cum laude en la Simón Bolívar y haber realizado un doctorado en la Universidad de Pensilvania, estar trabajando en la construcción de un gigantesco telescopio… toda su vida la imaginó ya aquel niño de nueve años.

Los detalles, sin embargo, sobrepasan hasta el más salvaje de los sueños. Su profesión le ha llevado, por ejemplo, a uno de los lugares más inhóspitos del planeta, la estación científica del Polo Sur, en donde dos veces ha ido como estudiante y una como investigador de la Universidad de California-Berkeley. De hecho fue quien les abrió la puerta a los venezolanos del Proyecto Cumbre cuando éstos llegaron allí hace dos años. Todo un experto, cuenta cómo se llega: "Para ir al Polo se toma un vuelo comercial hasta Christchurch en Nueva Zelanda. A partir de allí son vuelos militares. De Nueva Zelanda es un vuelo de 5 horas en C-17 hasta la costa de la Antártida y otro de 3 horas en C-130, con patines en lugar de ruedas, de la costa hasta el polo."

Cuenta que la estación ha cambiado mucho desde la primera vez que fue, y hoy es mucho más cómoda (cancha de basquetbol, mesa de ping pong, mesa de billar, videoteca, salón de instrumentos musicales). Pero aunque no existiera ninguno de estos pasatiempos asegura que igual no se aburriría, pues cuando está allí trabaja los siete días de la semana y en turnos de doce horas. Para él lo más incómodo son las restricciones con el agua: las duchas son de dos minutos y dos veces por semana.

Pero el proyecto en el que está trabajando le permitirá a este venezolano llegar mucho, pero mucho, más allá del Polo Sur. Junto a un selecto grupo de científicos, Taboada está construyendo un telescopio de escala kilométrica en el hielo antártico que estará listo en enero de 2011 y en donde cabrían 400 pirámides de Egipto.

No es cualquier telescopio, y no sólo por sus dimensiones. IceCube (así se llama este monstruo) no detecta luz sino que "ve" neutrinos. Éstos son partículas subatómicas relacionadas con los procesos nucleares radiactivos que viajan a velocidades cercanas a la luz, no tienen carga eléctrica (a diferencia de los protones y electrones) y rara vez interactúan o chocan con la materia. Los neutrinos pueden atravesar paredes, planetas o el universo entero sin dificultad, y es este comportamiento fantasmagórico lo que les hace tan interesantes como difíciles de observar. Y como  viajan sin impedimento desde que son producidos, permiten estudiar el interior de objetos astronómicos de donde la luz no puede escapar.

Los teóricos suponen que hace falta un telescopio de escala kilométrica para buscar fuentes de neutrinos más lejanas que el Sol (cosa que hasta ahora sólo ha sucedido una vez, por la explosión de una estrella en 1987). Y para detectarlos se necesita un aparato de dimensiones gigantescas y físicos de primera para construirlo. Algo como IceCube. Alguien como Ignacio Taboada.


EN LA FLORA Y LA FAUNA DE AMÉRICA HALLÓ LA FAMA
Francisco Gómez-Dallmeier nació en Caracas el año de 1953. A la edad de 18 años, mientras todavía era un estudiante de bachillerato, ingresó al Museo de Historia Natural de la Fundación La Salle en Caracas donde entra en contacto con el mundo de las ciencias, específicamente la biología, rama que lo cautiva hasta el punto de obtener el título como licenciado de esa facultad en la Universidad Central de Venezuela (UCV), en 1977. Durante sus años de estudio, Dallmeier alcanzó el puesto de director en el museo La Salle, cargo que aumenta su interés por la ecología y sus aplicaciones en la diversidad biológica. Fue autor de la primera declaración de efectos negativos al medio ambiente de la central eléctrica de Morón, obra que lo incentivó a seguir escribiendo (ya lleva más de seis libros publicados). Ahora es director del Centro de Educación y Conservación del Parque Zoológico Nacional de Washington, en Estados Unidos, donde ha adquirido fama por su destacada labor conservacionista.   
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EL PROTAGONISTA
Reinaldo di Polo

El arte de la ciencia... de crear conocimiento, es su mayor pasión. Su descubrimiento sobre la bomba de calcio junto a otras investigaciones lo ubicaron como referente obligado en el mundo académico y le dieron prestigio internacional. Se graduó de médico cirujano en la Universidad Central de Venezuela en 1967. Posteriormente se desempeñó como becario externo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), en el Departamento de Biofísica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y luego en el Departamento de Fisiología de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, ambas en EEUU. Su descubrimiento sobre la bomba de calcio lo logró gracias a la identificación de un sistema de transporte del calcio localizado en la membrana celular de todas las células excitables, como las neuronas y las células cardíacas, capaz de mantener muy bajos los niveles de calcio en su interior. Este sistema funciona paralelamente al intercambiador sodio/calcio, el cual, se creía hasta ese entonces, era el único sistema de regulación del calcio en la célula.

Gracias a descubrimientos de este tipo, empresas privadas han podido emplear tales conocimientos en el desarrollo de productos que ayuden a combatir ciertos padecimientos cardíacos, mediante la inhibición del intercambiador sodio/calcio. "Así lograron descubrir los betabloqueadores, que son inhibidores de los canales de calcio, para combatir la hipertensión arterial ", comentó Di Polo en una entrevista para www.caibco.ucv.ve.

Pero este Premio Nacional de Ciencias (que obtuvo en 2000) no sólo dedica su vida al área de la investigación y experimentación, también sabe disfrutar de la música y de la vida marina. Toca piano y saxofón al menos dos horas al día porque asegura que es una de las cosas más agradables para él. Igualmente le dedica su tiempo al mar. Cada quince días visita Puerto La Cruz, para salir con su lancha. Le encanta el windsurf y el submarinismo.

Le llaman el Calamar, pero no porque sea su plato preferido a la orilla del mar, sino por su entrega al estudio de la célula nerviosa de ese animal. Este caraqueño, docente del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y de la UCV, que ha impartido clases de pregrado, posgrado y profesor visitante en la Universidad de Rockefeller, Estados Unidos, definitivamente ama su país. Aseguró para caibco.ucv que no duda en preferir a Venezuela como lugar para trabajar e investigar. "Siempre me ha gustado hacer las cosas en Venezuela porque es el derecho de uno: el estar aquí y formar gente aquí, aun cuando es triplemente más difícil. Tú vas al exterior y es mucho más fácil, tienes oportunidad de publicar tres veces más. Pero cuando tú haces un descubrimiento aquí y lo publicas acá da mucho más placer". Nancy Velasco

 EL LEGADO
Cincuentenario

Su fundación. El 9 de febrero de 1959 se crea el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Su naturaleza fue desde el principio multidisciplinaria con secciones de Biología, Medicina, Física, Química y Matemáticas siendo su finalidad la investigación fundamental y aplicada en esas ramas. 

Referencia mundial. Gracias a sus múltiples hallazgos, aportes y publicaciones el IVIC es hoy en día uno de los principales entes impulsores del desarrollo científico y tecnológico de Suramérica y se ha convertido además en una importante referencia mundial en diferentes áreas de investigación. El fruto de sus discernimientos está destinado a mejorar la calidad de vida de los venezolanos y el mundo.