NACIDO PARA LA MÚSICA es la primera frase que viene a la mente luego de leer las líneas de la historia de Gerardo Rosales. Este percusionista venezolano comenzó a demostrar sus actitudes a los ocho años de edad, cuando empezó a estudiar piano y al mismo tiempo se interesó en tocar congas y bongó. En 1977, a sus 13 años de edad, conoce a Orlando Poleo, quien le invita a estudiar percusión afrocaribeña al Taller de Arte en el barrio Sarría en su ciudad natal, Caracas. Durante los ocho siguientes años inicia la búsqueda de su carrera musical explorando diversos instrumentos. Estudia congas y bongó con Orlando Poleo, timbales con Alberto Borregales y también aprende percusión afrovenezolana con Alexander Livinali en la Fundación Bigott.
Una vez formado como percusionista, empieza hacer vida profesional como músico con diferentes agrupaciones del país, así llega al grupo Yarake, donde cantaba Trina Medina (hija de la célebre Canelita), luego forma parte de la orquesta Café, donde destacaban los soneros Joe Ruiz y Javier Plaza.
En 1987 se lanza con su propia agrupación: Gerardo Rosales y su Salsa 70, que versionaba los temas de moda de la salsa dura de entonces. En su banda participaron músicos que hoy en día son referencia del movimiento salsero venezolano, como el sonero Joe Ruiz y Alfredo Naranjo. Paralelamente a ello trabaja con figuras muy importantes tales como: Soledad Bravo, Cecilia Todd, Canelita Medina, Alberto Naranjo y el Trabuco Venezolano, María Rivas, Joe Ruiz, Ilan Chester, Orquesta Café, Trina Medina, entre otros.
Luego de que en 1992 es invitado a participar en la Expo Sevilla en España, con el grupo Caracas Son 7, y a partir de esa experiencia decide radicarse en Europa y comienza a desarrollar su vida artística en Holanda.
En el Viejo Continente se reafirma como productor musical,
arreglista, compositor y gran percusionista caribeño.
Conforma una nueva agrupación: Gerardo Rosales y su Orquesta.
Su música se conoce en todo el mundo por la identidad
propia que le ha otorgado a cada uno de sus ritmos. Su esencia
musical es el recuento de todo aquello que aprendió en
Venezuela y sus experiencias laborales. Fusiona ritmos venezolanos
y afroantillanos con el jazz, que otorgan una cadencia muy
particular, además de exhibir el orgullo que posee de
sus orígenes y esa búsqueda innata no le permiten
descansar.
Él se ha ganado el respeto y la admiración del público a través de sus conciertos y diversos trabajos discográficos, en los cuales no sólo ha logrado difundir ritmos propios de Venezuela, sino también de otros países como Cuba, Puerto Rico, Colombia, Perú, Curazao, Surinam y otros lugares del Caribe.
Las mejores canciones del mundo. Ricardo Montaner no se equivocó cuando le puso ese título a su disco ya que ha sido uno de los más vendidos. Es una producción musical para el sello EMI Televisa Music. El video para la promoción se estrenó en el programa Primer Impacto, que transmite la cadena Univisión. La filmación se realizó en Nueva York.
Stop. Esta placa de Franco de Vita se presentó en Madrid y formó parte del repertorio que él llevó por varias ciudades de España.
Venezuela Zinga Son. Otro éxito internacional
de Los Amigos Invisibles. Se publicó en Europa y Japón
a través de Long Lost Brother Records