Veinticinco minutos de aplauso continuos fue la recompensa
que el exigente público del teatro de La Scala de Milán
dio a Aquiles Machado, en su debut como el Pinckerton de Madame
Butterfly, el 9 de febrero del 2007.
Con esta ovación, el tenor venezolano agregaba este
prestigioso escenario a una larga lista de espacios conquistados,
que incluyen al Carnagie Hall, la Metropolitan Opera House
y la Ópera de Viena.
Machado se ha ganado la admiración, no sólo del
público, sino también de la crítica especializada,
que lo ha ungido como el heredero del fallecido Luciano Pavarotti.
Los especialistas agradecen al venezolano que haya optado
por emular a su maestro, el tenor español Alfredo Kraus,
al criar su fama en los escenarios en vez de los estudios
de grabación. "Está haciendo una gran carrera, aunque
su nombre no sea tan mediático como el de Villazón,
Flórez, Vargas o Álvarez, convertidos en estrellas
gracias a las grabaciones", dijo el tenor peruano Ernesto
Palacio.
A pesar de los halagos, su humildad y perfeccionismo permiten
al cantante conservar los pies plantados firmemente en la
tierra. En una entrevista concedida a un diario español,
afirma que siempre existe la posibilidad de equivocarse; por
lo tanto trabaja constantemente para corregir sus errores
y así mejorar su desempeño.
No ha sido fácil para este barquisimetano triunfar en
el mundo de la ópera. En una entrevista a El Universal,
Machado confiesa que su tenacidad lo ayudó a superar
los obstáculos que encontró en el camino hacia el
éxito. "Me he comportado con mi carrera como un pitbull:
he intentado morder el trabajo que hago, no soltarlo. Trabajo
constantemente con ese mordisco, sacándole el máximo
de provecho y no dejando que se escape lo que con tanta dificultad
he ido ganando", confiesa el tenor.
Estar lejos de su país y su familia es el precio más
alto que ha tenido que pagar por el bien de su carrera. Con
apenas 21 años, se fue a vivir a España para estudiar
con Alfredo Kraus - reconocido como el mejor cantante lírico
de su época- en la Escuela Superior de Música Reina
Sofía. De estos años, conserva las tablas plastificadas
con los ejercicios de respiración del maestro y el consejo
más importante que le dio Kraus: ejercer el oficio con
dignidad.
En 1996, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela
(UCV) sirvió de escenario para el debut del barquisimetano
con el papel de Nemorino, en la ópera de Gaetano Donizetti,
Elixir de amor. Un año más tarde, compitió
en el prestigioso certamen vocal BBC Cardiff Singer of the
World, en el cual quedó como finalista.
Su debut en el Teatro Real de Madrid, marcó el
inicio de una trayectoria signada por exitosos estrenos en
los escenarios más prestigiosos del Bel Canto.
Ahora bien, sus logros no lo han alejado de Venezuela,
sino que más bien lo han animado a colaborar con el reimpulso
de la ópera en el país. Machado ha participado en
montajes de las tragedias Madame Butterfly, Rigoletto, y Tosca,
tanto en Caracas como en Valencia y Barquisimeto.
Además, a través de la Fundación Ars Viva,
el tenor trabaja para fomentar el amor por el canto lírico
entre los jóvenes del interior del país.
Esta vocación por la enseñanza se funda en la profunda
convicción de que a través de la educación
musical, se puede fomentar la convivencia y alejar a las personas
de las dificultades que existen en la marginalidad.
Así pues, mientras en el país se forman los "Machados"
del futuro, Aquiles acumula aplausos alrededor del mundo.
MORELLA MUÑOZ, DESDE EL SUR Y HASTA PRAGA
Morella Muñoz, fue la mezzosoprano venezolana que cosechó
reconocimientos por interpretar a Schubert, Schumann, Wolf,
Bach, Haendel y Mahler en escenarios de Europa y América
finalizando el siglo XX.
Su repertorio no fue exclusivo para la música clásica
pues también difundió el folclor nacional.
A los 29 años, se presentó en al Palazzo Forte
de Verona y ganó el Premio Internacional Primavera de
Praga para cantantes de formación académica.
Contó con maestros venezolanos de la talla de Antonio
Esteves, Inocente Carreño y Vicente Emilio Sojo. En Europa
se formó en escuelas y escenarios de Inglaterra, Italia,
Austria y Holanda.
Fue considerada por muchos como la mejor intérprete
latinoamericana de Brahms. Quizá por ello la enciclopedia
de la Música, editada en Alemania en 1959 y en España
en 1970, la incluyó como la única cantante suramericana
entre los nuevos valores del siglo XX. MIlfri Pérez Macías
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