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Leonard Zeling
Camaleón del cine
Al llegar a la universidad supo que la actuación era su profesión, tal es su amor por el oficio que tomó como nombre artístico el de un personaje de Woody Allen, allí se revela su chispa venezolana
 
De pequeño, siempre participaba en los montajes del colegio. Del "pájaro guarandol" pasó a hacer teatro y cine, primero en la UCAB, y ahora en Nueva York (Erika Rojas)
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ALFREDO PIMENTEL 
EL UNIVERSAL

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El cine es un idioma universal. Culturas de todo el mundo e infinidad de historias han sido narradas a lo largo de muchas décadas. El cineasta y actor Leonardo Gutiérrez Leal, o como el medio artístico lo conoce, Leonard Zelig, es uno de esos tantos héroes venezolanos que han marcado pauta en el contexto artístico dentro y fuera de nuestro país.

Ha participado en más de 40 obras en Venezuela, actualmente está residenciado en Nueva York, donde fundó la compañía The Right Cue. Además actuó y dirigió en Retablo Hispanic Theater y es director ejecutivo del Circuito Nacional de Teatro Estudiantil y del Festival Cinates, en Venezuela. Vale la pena nombrar a este venezolano, quien lleva el tricolor por el mundo.

-¿Qué te llevó a incursionar en lo artístico?

-Creo que fue la Providencia. Siempre tuve inclinaciones artísticas desde muy niño. No había Nacimiento Viviente, Chimi Chimito o Pájaro Guarandol que me perdiera. Comencé a actuar a los 16 años con el profesor Freddy Bracovich en la Casa Cultural de San Bernardino. Al  entrar al Grupo de Teatro de la UCAB  encontré mi oficio.

-¿El nombre de Leonard Zelig tiene que ver con el camaleón de Woody Allen?

-Cuando comencé a actuar decidí usar el apellido de mi madre, Leal, de cierta forma fue un homenaje a la mujer que me ha hecho ser lo que soy. Vi la película Zelig, del maestro Woody Allen, y me dije: "Eso es lo que me gustaría ser como actor, un camaleón que orgánicamente, sin esfuerzo, se meta en la piel de sus personajes y los viva".

-¿En qué proyecto trabajas actualmente?

-En plena preproducción de mi segundo largometraje, Secrets, que se filmará en junio de este año en Nueva York. Se estrenará en Venezuela en 2009. Feliz de contar con un elenco talentoso como Gaby Espino, Rebeca Alemán y su servidor. También Héctor Suárez Gomis, de México; Jéssica Mas, de Puerto Rico; Mónica Steuer, de Brasil, y Jason Madera, Ginger Kroll, Sal Rendino y Welquis López, de Estados Unidos. Igualmente trabajan Javier Pérez-Karam, Vera Chow y gente en la que uno confía como Hernán Toro, Rafael Marín, Héctor Palma y Casper Sanderson.

-¿Qué le falta al cine venezolano para que sea reconocido mundialmente?

-Interdependencia del Estado, riesgo, honestidad, roce internacional, visión de negocio. La mayoría de los cineastas del país dependen de los fondos del CNAC, y eso tiene que cambiar. La empresa privada debe empezar a invertir en el cine nacional, y nosotros a hacer películas más baratas. ¿Por qué en vez de darle un millón de dólares a una persona no se le dan $333.000 a tres proyectos? Desde 1985 ninguna película ha participado en algún festival importante (Cannes, Toronto, Berlín y Sundance). Algo está fallando. Mientras se tenga más visión de negocio, más proyectos se van a hacer.

-¿Qué se siente llevar la firma de tu país al resto del mundo?

-Muy bien. Estando aquí me he dado cuenta de que la educación en Venezuela es de una calidad académica envidiable. Nueva York es una ciudad con una gran diversidad cultural, y de verdad, nada me hace sentir mejor que compartir entre venezolanos. Tenemos una mezcla de sentido del humor, chispa, intelecto y cultura que nos hace únicos. Cada vez que me preguntan Where are you from?, con mucho orgullo respondo: I am from Bene-swela, para que no me la confundan con Minnesota.


TRAS CINCO DESADAPTADOS CINEMATOGRÁFICOS
Un concurso. De eso se trata esta nueva travesura de Leonard Zelig. Desde el 1 de abril de este año, y hasta el 31 de agosto, recibirá en su buzón de email sinopsis de películas que procurarán ser las cinco escogidas para producir un film independiente de ultra bajo presupuesto en Nueva York, con un financiamiento asegurado de 80%, preestreno en los prestigiosos Tribeca Cinemas en la misma ciudad, un pre-acuerdo de distribución en las salas de cine de las ciudades más importantes de EEUU e incluso un preacuerdo con Cantera Films de distribución en televisión por suscripción en Latinoamérica. El guión será único, creativo y honesto, no habrá más de una locación ni más de 8 actores en la película ni más de 10 personas en el equipo técnico. Se utilizará una sola cámara en el rodaje, que no excederá los 14 días y se realizará en Nueva York y sus alrededores. Se realizarán un mínimo de 3 planos secuenciales de, al menos, 5 minutos cada uno. La película no durará más de 100 minutos ni menos de 80.
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EL PROTAGONISTA
Juan Andrés Ravell

Escribir para hacer reÍr a un continente. Juan Andrés Ravell es el menor de 5 hermanos y cuando era niño quería ser guardia de seguridad, según él así se tiene todo el tiempo del mundo para estar echado sin hacer nada.

Hoy, a sus 26 años, piensa diferente. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello porque en ese momento, apenas 17 años, se inclinaba por hacer televisión y cine.

Pero lo que realmente quería era ser escritor de cuentos y novelas, así que pensó que la carrera de psicología sería conveniente, por aquello de construir un acertado perfil de los personajes. La idea le duró poco y al ver que el pénsum incluía biología desistió. Así que paralelamente a sus estudios formales, se formaba en el Taller de Narrativa del Celarg, además de hacer cuanto curso de guión se le atravesaba en el camino.

Claro que querer ser escritor es una cosa y lograrlo es otra, así que empezó trabajando en el Departamento Creativo de Sony Entertainment Television. Ahí se enfrentó a sus primeros escritos, no eran novelas, pero sí campañas promocionales que requerían mucho ingenio para definir su contenido. Así sus jefes de aquellos tiempos (2004) supieron descifrar su talento creativo innato, no sin antes lidiar con una también innata rebeldía que lo caracteriza hasta hoy.

Y como dice el dicho: Más vale a tiempo que invitado. En 2005 Sony necesitaba producir un programa propio, innovador, basado en el humor, y así se lo encargaron a Aileen Angulo, directora de Nuevos Negocios, quien no dudó en reclutar a un par de secuaces: Oswaldo Graziani y por supuesto a Juan Ravell.

Así entre los tres dieron forma al concepto de la primera serie de dibujos animados hecha en Latinoamérica: Nada que ver. Doce episodios que vieron luz en junio de 2007, con un estilo humorístico inteligente y algo trasgresor que captó sintonía en los principales países del continente americano, en un formato de "comiquitas" para una audiencia adulta y algunos que no lo son tanto.

Nada que ver orientó sus parodias hacia retratar los diferentes formatos que marcan pauta en la TV por cable, como novelas y reality shows, lo que implicaba de los guionistas mucha documentación para hacer hablar el programa en "latinoamericano".

En adelante Ravell no ha parado. Salió de Sony para conformar, junto a Graziani, una empresa generadora de contenidos. Desde su búnker de Los Palos Grandes trabajan en cuanta campaña promocional requieran en Sony y canales de envergadura como Animax o AXN; cocinan la historia de otra serie de comedia pero esta vez con actores de carne y hueso; y escriben para Sony los guiones de la segunda temporada de Nada que ver. Iván Vera