En Danzahoy se formó esta bailarina, que siempre logra lo que se propone porque, en primer lugar, define muy bien sus metas (Oswer Díaz Mireles)
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Julieta Valero
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Sabe de dramas, tengan o no palabras. Los lleva en el nombre, en los tobillos y en el balance de las decisiones tomadas. Los pisa y patea a cada rato, imponiendo su rastro
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ANDRÉS CORREA GUATARASMA
PERIODISTA
Julieta Valero Barroso, natural de Caracas, mayor de edad
(35), domiciliada en Brooklyn -donde fundó la compañía
Rastro Dance-, certifica ante quien quiera oírla que
siempre logra lo que se propone, pues conoce sus límites.
Y que más o menos a los 13 años decidió escoger
la danza como profesión. Aunque en realidad el
trazo de esa tiza llevaba ya rato siendo marcado.
"Gracias a ellos tres soy bailarina", lanza el tizazo a sus
padres Rómulo y Luisa, y a Cecilia, señora a quien
recuerda, dondequiera que esté, "por llevarme religiosamente
a mis clases", esas que comenzó siendo muy pequeña,
cuando recién llegadas de Londres las hermanas Urdaneta
fundaron Danzahoy en Los Palos Grandes. Allá fue a parar
la niña Julieta -bautizada así, románticamente,
por un hermano mayor- como una simple actividad extracátedra,
en primaria.
Mientras que para la mayoría aquello era un pasatiempo
muy temporal, Julieta se aferraba. "Siempre supe que eso era
para mí, tenía que ver conmigo. Me hacía feliz
poder expresarme a través del movimiento".
Movimiento, palabra clave, de las que más usa.
"Los bebés se expresan desde que están en el vientre".
Y luego "la voz, la respiración. Todo implica movimiento".
Por eso jura que de llegar el Apocalipsis bien podría
justificar su oficio como indispensable: "La danza es un arte
básico, necesario. En momentos difíciles es una
manera de entregar lo mejor de nosotros y sobre todo de sanar.
Es catalizadora en situaciones de riesgo".
Riesgo es otra palabra que conoce, al lesionarse la espalda
a los 19 años "haciendo una estupidez" mientras ensayaba
en Caracas con tanto ahínco que terminó el bachillerato
en largas e incómodas cuotas; mudarse a Queens a los
23 con $ 500 en el monedero; o sufrir un ataque de pánico
un domingo en el metro a Brooklyn porque no reunía el
dinero para saldar la deuda en la escuela de danza Cunningham,
pese a trabajar como una bestia y llegar reventaba a casa
por las noches. Hasta el corazón le jugó una broma,
quién sabe si por estrés o casualidad. Pero, como
buena Julieta, sabe que no hay drama sin alegría, y así
la ansiedad extrema la llevó a conocer la humanidad de
la familia Beer --a la que ha servido como niñera a destajo
por años- y de Edgar, el Romeo venezolano que reencontró,
y con el que se casó hace 11 años.
Músculos, otra constante. Aparte de las secuelas de
la lesión en la espalda, tiene los hombros delicados,
pero no deja de exigirse, fiel a esta ciudad de "competencia
fortísima". "Los bailarines sobreusamos el cuerpo, tenemos
los huesos, los tendones, todo más gastado. No hay manera
de preverlo, viene con la profesión". Por eso entre los
muchos empleos que ha tenido -incluyendo la docencia- siempre
descartó ser mesonera, "porque esa caminadera destruye".
Otro costo agregado le alborotó el gen patrio, cuando
hace poco juró la nacionalidad estadounidense y se sintió
rara. "Tengo una fuerte conexión con Venezuela, nadie
me lo ha impuesto. Es algo natural. Mi aporte cotidiano es
la necesidad de estar cerca. Planear funciones allá,
no desmayar frente a tantos obstáculos". No descarta
volver, pero antes quisiera vivir en Europa, al menos un ratico.
Se considera experta en lo que hace. Tanto, que dice convencer
hasta a un ciego con su danza. Es auténtico, en Nueva
York, en pleno invierno del 2008, mientras unos señores
llamados Obama y Clinton copan la atención, del lado
de allá de la avenida Madison. Publíquese y regístrese.
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UN PAÍS QUE VISITA AL MUNDO CON SU BAILE Y CON SU CANTO
"Provoca tomar el primer avión a Venezuela". "Es una gran
propaganda para Venezuela. Ojalá todas las lecciones de
historia fueran así". "Una tremenda explosión de energía…contando
la historia de un pueblo único". "Es una gran fiesta".
"Con más sexappeal que Riverdance". Con estas frases refieren
los diarios The Independent, de Londres; The List Magazine,
de Escocia; Sunday Herald, también de Escocia; The Guardian,
de Londres y The Herald escocés, el espectáculo Venezuela
Viva, que desde 2003 recorre los escenarios del mundo.
Tres razas… Un destino… Nuestra historia en un musical. Así
se resume esta superproducción integrada por 22 artistas
en escena. Durante hora y media, en el escenario circula una
combinación versátil de música, canto, baile,
video, narración, vestuario e iluminación, llena de
energía y colorido tropical bajo un mensaje de convergencia
y pluralidad cultural, en un espectáculo que lidera el
grupo de baile Las Lizarraga. AYM
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