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ELVIA GÓMEZ
EL UNIVERSAL
En septiembre de 2007, con 18 años recién cumplidos,
Francesca Dugarte partió sola a Milán. Su madre
y su hermana han sido desde entonces una voz al otro lado
del teléfono, todos los días, a media tarde. A su
padre ya le había dicho adiós para siempre siendo
apenas una niña.
Rumbo a La Scala partió "Keka" desde su Caracas natal.
Debajo del brazo su recién obtenido título, cumpliendo
así la promesa al que se fue: Primero bachiller, después
bailarina. Hasta entonces, la joven debió renunciar a
la beca ganada para The John Cranko School, en Stuttgart,
Alemania.
Desde niña descolló entre las alumnas de la mítica
ex estrella del Ballet Ruso de Montecarlo, Nina Novak. Una
hiperextensión de sus rodillas y la recomendación
del traumatólogo de practicar ballet introdujeron a Francesca
en un mundo del que ya no se ve fuera jamás. Para esta
jovencita, lo de ella será siempre el ballet y el público.
"Es un arte hermoso y tiene que gustarte mucho".
En su primera infancia practicó, junto con su hermana
Alexandra -también balletista de proyección internacional-,
tap, flamenco, canto y hasta teatro en el colegio El Placer.
Además de su corta edad, Francesca impresionó a
los expertos por su limpieza técnica y su alto nivel
interpretativo.
"Me gustaría tanto bailar en Venezuela, ¿pero dónde?",
dice Corina, su madre, que se lamenta Keka. Pese a no haber
tenido dentro de nuestro país el despliegue que su talento
auguraba, Francesca ha dejado en Venezuela a un público
encantado con sus ejecuciones de las variaciones de El cisne
negro, Llamas de París o Don Quixote, con la compañía
de ballet del Teatro Teresa Carreño.
En la Venezuela actual su horizonte dancístico es limitado.
Para el Estado venezolano sus actividades son "elitescas"
y no merecen sino un aporte limitado de Cadivi.
Lo que se previó como un año en una de las más
importantes escuelas de ballet del mundo -La Scala Ballet
School- ahora serán dos, y después, hacia la prestigiosa
compañía Bolshoi, en Rusia, donde le espera una
plaza fija. Ya en ese país había sobrepasado a 400
aspirantes y obtuvo el premio a la Mejor interpretación
artística, Mejor fotografía y Premio del Estado,
en abril de 2006. Por ahora depende para su sostenimiento
en Milán de una beca estudiantil ganada en abril de 2007
tras hacerse merecedora de la Medalla de Plata en el Youth
America Grand Prix (YAGP), realizado en Nueva York. Después
de la Gran Manzana, el éxito lo alcanzó en Corea
y en China.
"Una de las cosas que más me gusta de la escuela de
La Scala es que tenemos la oportunidad de trabajar con maestros
invitados con un gran nombre en la historia del ballet. Aquí
me toman mucho en cuenta y he bailado muchas veces los roles
principales. Mi maestra, Loreta Alexandrescu, que es rumana,
me ha ayudado muchísimo", dice a través del correo
electrónico. No se ahorra palabras especiales de reconocimiento
para Novak y Ruta Butviliene. "Todo es gracias a ellas, me
hacen muchísima falta". Keka sabe, además de inglés
e italiano fluidos, algo de ruso y rumano.
En medio de una muy exigente rutina de entrenamiento físico,
Francesca ha equilibrado su vida juvenil con un régimen
de estudios especial que la obligaba a llevarse todo el trabajo
escolar a casa. Ahora toma clases de técnica clásica
y moderna, repertorio, pas de deux, pilates y gimnasia, entre
otras. Pero siempre tiene tiempo para bailar en las discotecas
de Milán, ciudad donde encontró el amor en el joven
bailarín italiano Michele Satriano. Desde niña,
Francesca escribe poesía. Mi diario como bailarina es
inspiración para muchas.
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EXTRACTO DE "MI DIARIO COMO BAILARINA"
"(...) De verdad…qué difícil es ser bailarina... Se
imaginan en cuántas cosas tenemos que pensar a la vez:
El pie, la cabeza, la espalda, los brazos, las manos, la música,
el tiempo, el espacio y mil cosas más… por supuesto ¡Ni
hablar de los ensayos! (...) y nunca escuchamos ni un "bien".
Qué difícil satisfacer a un profesor.. pero ¿qué
seríamos sin ellos? "Me llena de satisfacción formar
talentos y verlos brillar" dijo una vez mi maestra y, pensándolo
bien.. de verdad qué satisfacción ver una obra de
arte que aplaude un público entusiasmado por algo que tú
mismo creaste (...). El día de mi graduación nunca
lo voy a olvidar.. qué mágico fue todo, que alegría
recibir un diploma y pensar: ¡Lo logré! (...). Ya comenzaron
las competencias, los viajes (...), qué difícil tener
que dejar todo a un lado y dedicarme con la corta edad que tengo
completamente a este bello arte, pero esa es la vida que yo
elegí, no es muy simple pero sin el ballet no sería
yo misma(...)".
Autora: Ballerina (Francesca Dugarte)
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