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Francesca Dugarte
Ir de puntillas a La Scala
Catorce de sus dieciocho años esta joven caraqueña los ha pasado en un exigente entrenamiento. Alumna de Nina Novak, ahora es pupila de un equipo multinacional. Su próximo destino: el Bolshoi.
La recomendación de un traumatólogo para corregir una hiperextensión de sus rodillas la atrapó en un mundo del que jamás quiso escapar (Cortesía Francesca Dugarte)
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ELVIA GÓMEZ  
EL UNIVERSAL

En septiembre de 2007, con 18 años recién cumplidos, Francesca Dugarte partió sola a Milán. Su madre y su hermana han sido desde entonces una voz al otro lado del teléfono, todos los días, a media tarde. A su padre ya le había dicho adiós para siempre siendo apenas una niña.

Rumbo a La Scala partió "Keka" desde su Caracas natal. Debajo del brazo su recién obtenido título, cumpliendo así la promesa al que se fue: Primero bachiller, después bailarina. Hasta entonces, la joven debió renunciar a la beca ganada para The John Cranko School, en Stuttgart, Alemania.

Desde niña descolló entre las alumnas de la mítica ex estrella del Ballet Ruso de Montecarlo, Nina Novak. Una hiperextensión de sus rodillas y la recomendación del traumatólogo de practicar ballet introdujeron a Francesca en un mundo del que ya no se ve fuera jamás. Para esta jovencita, lo de ella será siempre el ballet y el público. "Es un arte hermoso y tiene que gustarte mucho".

En su primera infancia practicó, junto con su hermana Alexandra -también balletista de proyección internacional-, tap, flamenco, canto y hasta teatro en el colegio El Placer. Además de su corta edad, Francesca impresionó a los expertos por su limpieza técnica y su alto nivel interpretativo.

"Me gustaría tanto bailar en Venezuela, ¿pero dónde?", dice Corina, su madre, que se lamenta Keka. Pese a no haber tenido dentro de nuestro país el despliegue que su talento auguraba, Francesca ha dejado en Venezuela a un público encantado con sus ejecuciones de las variaciones de El cisne negro, Llamas de París o Don Quixote, con la compañía de ballet del Teatro Teresa Carreño.

En la Venezuela actual su horizonte dancístico es limitado. Para el Estado venezolano sus actividades son "elitescas" y no merecen sino un aporte limitado de Cadivi.

Lo que se previó como un año en una de las más importantes escuelas de ballet del mundo -La Scala Ballet School- ahora serán dos, y después, hacia la prestigiosa compañía Bolshoi, en Rusia, donde le espera una plaza fija. Ya en ese país había sobrepasado a 400 aspirantes y obtuvo el premio a la Mejor interpretación artística, Mejor fotografía y Premio del Estado, en abril de 2006. Por ahora depende para su sostenimiento en Milán de una beca estudiantil ganada en abril de 2007 tras hacerse merecedora de la Medalla de Plata en el Youth America Grand Prix (YAGP), realizado en Nueva York. Después de la Gran Manzana, el éxito lo alcanzó en Corea y en China.


"Una de las cosas que más me gusta de la escuela de La Scala es que tenemos la oportunidad de trabajar con maestros invitados con un gran nombre en la historia del ballet. Aquí me toman mucho en cuenta y he bailado muchas veces los roles principales. Mi maestra, Loreta Alexandrescu, que es rumana, me ha ayudado muchísimo", dice a través del correo electrónico. No se ahorra palabras especiales de reconocimiento para Novak y Ruta Butviliene. "Todo es gracias a ellas, me hacen muchísima falta". Keka sabe, además de inglés e italiano fluidos, algo de ruso y rumano.

En medio de una muy exigente rutina de entrenamiento físico, Francesca ha equilibrado su vida juvenil con un régimen de estudios especial que la obligaba a llevarse todo el trabajo escolar a casa. Ahora toma clases de técnica clásica y moderna, repertorio, pas de deux, pilates y gimnasia, entre otras. Pero siempre tiene tiempo para bailar en las discotecas de Milán, ciudad donde encontró el amor en el joven bailarín italiano Michele Satriano. Desde niña, Francesca escribe poesía. Mi diario como bailarina es inspiración para muchas.


 

EXTRACTO DE "MI DIARIO COMO BAILARINA"
"(...) De verdad…qué difícil es ser bailarina... Se imaginan en cuántas cosas tenemos que pensar a la vez: El pie, la cabeza, la espalda, los brazos, las manos, la música, el tiempo, el espacio y mil cosas más… por supuesto ¡Ni hablar de los ensayos! (...) y nunca escuchamos ni un "bien". Qué difícil satisfacer a un profesor.. pero ¿qué seríamos sin ellos? "Me llena de satisfacción formar talentos y verlos brillar" dijo una vez mi maestra y, pensándolo bien.. de verdad qué satisfacción ver una obra de arte que aplaude un público entusiasmado por algo que tú mismo creaste (...). El día de mi graduación nunca lo voy a olvidar.. qué mágico fue todo, que alegría recibir un diploma y pensar: ¡Lo logré! (...). Ya comenzaron las competencias, los viajes (...), qué difícil tener que dejar todo a un lado y dedicarme con la corta edad que tengo completamente a este bello arte, pero esa es la vida que yo elegí, no es muy simple pero sin el ballet no sería yo misma(...)".
Autora: Ballerina (Francesca Dugarte)
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Comentarios
(2)
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ariana sanchez
10.07.2008 | 12:00 PM
¡Keka! ¡Felicitaciones por todo! Eres una persona muy constante que alcanza todo lo que se propone. Un Besito, te adoro.
 
graciela ruiz
17.06.2008 | 3:30 PM
ES UNA BELLA PERSONA, LUCHADORA, CON UN ALTO NIVEL DE TRABAJO Y DEDICACIÓN, PARA ALCANZAR SUS METAS, EN EL DIFICIL ARTE DEL BALLET FELICITACIONES.
 
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LA OPINIÓN
Talento, constancia y humildad

AQUILINO JOSÉ MATA- PERIODISTA

Un musical estrenado en Miami, con gran éxito de crítica y de público, refleja cabalmente el arrojo, la constancia y, sobre todo, la confianza en el talento y las potencialidades propias, que han llevado a no pocas figuras del espectáculo venezolano a probar suerte en ámbitos internacionales y ver cumplido el deseo de hacerse un lugar destacado en sitios donde la competencia por obtener éxito y notoriedad no solamente es feroz, sino también múltiple y variada.

Hablamos de Visa para un sueño, una obra del caraqueño Manuel Mendoza, que con humor, sensibilidad y elevadas dosis de desparpajo narra la historia de Raúl González y las peripecias vividas en sus primeros tiempos en Estados Unidos.

Este actor y animador, hoy uno de los conductores de Despierta América -magacín matutino de la cadena hispana Univisión- renunció a la animación del programa infantil Chamokrópolis, muy popular en la década de los 80, e irse a probar suerte al país del Norte.

Haber tenido la fortuna de ganar la lotería norteamericana de visas, que le permitió resolver su estatus legal de trabajador en Estados Unidos, no fue de ninguna manera un impedimento para los tropiezos y las penurias. Sobrevivió con empleos miserables, mientras acudía sin ningún éxito a una audición artística tras otra. La imagen rolliza que entonces tenía tampoco le era de mucha utilidad, al igual que su inglés con marcado acento latino.

Pero hubo algo que lo ayudó, y fue haber dejado de lado el ego, el aferrarse a vivir de glorias pasadas. Así logró probar -y probarse- que la humildad y el talento son armas infalibles, si se saben emplear armónica y adecuadamente. Su historia, ya es sabido, tuvo un final feliz, pero ganado a pulso, con paciencia y conocimiento de sus atributos y limitaciones.

Estas armas -salvando los momentos, las épocas y las especificidades de cada quien- son las que han proporcionado, de una u otra manera, la notoriedad que hoy ostentan en el exterior importantes exponentes del mundo artístico nacional.

Desde Alfredo Sadel, nuestro primer ídolo de multitudes dentro y fuera de nuestras fronteras, quien con su poderosa voz y su carisma conquistó a Latinoamérica en los años 50, hasta María Conchita Alonso, la primera venezolana en abrirse paso a lo grande en el cine de Hollywood a través de numerosas películas, y en el panorama de los musicales de Broadway, al protagonizar la obra de los laureados Kander & Ebb,  El beso de la mujer araña, basada en la novela de Manuel Puig, la lista de triunfadores internacionales de nuestro país es, sin ninguna duda, apreciablemente nutrida.

Talento, perseverancia y visión correcta del camino a seguir para llamar la atención en otros ámbitos han tenido, por ejemplo, Oscar D'León, José Luis Rodríguez y Franco De Vita, así como el actor Edgar Ramírez, quienes además han contado con representantes artísticos eficaces que han manejado con habilidad la atención en otros ámbitos. Otros, como Ricardo Montaner y Carlos Baute, iniciaron la ruta internacional sin este invalorable apoyo -lo cual es doblemente meritorio-, para luego rodearse de buenos equipos humanos que los apoyan en cada una de sus incursiones profesionales.

La TV les sirvió a otros para llegar a mercados insospechados y algunos de ellos aprovecharon esta impresionante plataforma (no todos tuvieron la inteligencia de hacerlo) para capitalizar su fama y ampliar su radio de acción. A este grupo pertenecen luminarias como Catherine Fulop, Grecia Colmenares, Ruddy Rodríguez, Carlos Mata, Lupita Ferrer, Natalia Streignard y Gaby Spanic.

Quienes preceden estas líneas son  ejemplos de lo mejor del talento artístico venezolano en ámbitos foráneos. Sus historias revelan que la cantera de estrellas nacionales con ganas de comerse el mundo es, sencilla y felizmente, inagotable.