AQUILINO JOSÉ MATA- PERIODISTA
Un musical estrenado en Miami, con gran éxito de crítica y de público, refleja cabalmente el arrojo, la constancia y, sobre todo, la confianza en el talento y las potencialidades propias, que han llevado a no pocas figuras del espectáculo venezolano a probar suerte en ámbitos internacionales y ver cumplido el deseo de hacerse un lugar destacado en sitios donde la competencia por obtener éxito y notoriedad no solamente es feroz, sino también múltiple y variada.
Hablamos de Visa para un sueño, una obra del caraqueño Manuel Mendoza, que con humor, sensibilidad y elevadas dosis de desparpajo narra la historia de Raúl González y las peripecias vividas en sus primeros tiempos en Estados Unidos.
Este actor y animador, hoy uno de los conductores de Despierta América -magacín matutino de la cadena hispana Univisión- renunció a la animación del programa infantil Chamokrópolis, muy popular en la década de los 80, e irse a probar suerte al país del Norte.
Haber tenido la fortuna de ganar la lotería norteamericana de visas, que le permitió resolver su estatus legal de trabajador en Estados Unidos, no fue de ninguna manera un impedimento para los tropiezos y las penurias. Sobrevivió con empleos miserables, mientras acudía sin ningún éxito a una audición artística tras otra. La imagen rolliza que entonces tenía tampoco le era de mucha utilidad, al igual que su inglés con marcado acento latino.
Pero hubo algo que lo ayudó, y fue haber dejado de lado el ego, el aferrarse a vivir de glorias pasadas. Así logró probar -y probarse- que la humildad y el talento son armas infalibles, si se saben emplear armónica y adecuadamente. Su historia, ya es sabido, tuvo un final feliz, pero ganado a pulso, con paciencia y conocimiento de sus atributos y limitaciones.
Estas armas -salvando los momentos, las épocas y las especificidades de cada quien- son las que han proporcionado, de una u otra manera, la notoriedad que hoy ostentan en el exterior importantes exponentes del mundo artístico nacional.
Desde Alfredo Sadel, nuestro primer ídolo de multitudes dentro y fuera de nuestras fronteras, quien con su poderosa voz y su carisma conquistó a Latinoamérica en los años 50, hasta María Conchita Alonso, la primera venezolana en abrirse paso a lo grande en el cine de Hollywood a través de numerosas películas, y en el panorama de los musicales de Broadway, al protagonizar la obra de los laureados Kander & Ebb, El beso de la mujer araña, basada en la novela de Manuel Puig, la lista de triunfadores internacionales de nuestro país es, sin ninguna duda, apreciablemente nutrida.
Talento, perseverancia y visión correcta del camino a seguir para llamar la atención en otros ámbitos han tenido, por ejemplo, Oscar D'León, José Luis Rodríguez y Franco De Vita, así como el actor Edgar Ramírez, quienes además han contado con representantes artísticos eficaces que han manejado con habilidad la atención en otros ámbitos. Otros, como Ricardo Montaner y Carlos Baute, iniciaron la ruta internacional sin este invalorable apoyo -lo cual es doblemente meritorio-, para luego rodearse de buenos equipos humanos que los apoyan en cada una de sus incursiones profesionales.
La TV les sirvió a otros para llegar a mercados insospechados y algunos de ellos aprovecharon esta impresionante plataforma (no todos tuvieron la inteligencia de hacerlo) para capitalizar su fama y ampliar su radio de acción. A este grupo pertenecen luminarias como Catherine Fulop, Grecia Colmenares, Ruddy Rodríguez, Carlos Mata, Lupita Ferrer, Natalia Streignard y Gaby Spanic.
Quienes preceden estas líneas son ejemplos de
lo mejor del talento artístico venezolano en ámbitos
foráneos. Sus historias revelan que la cantera de estrellas
nacionales con ganas de comerse el mundo es, sencilla y felizmente,
inagotable.