UNAI AMENÁBAR -PERIODISTA
Hasta hace menos de una década era una realidad ajena. Había una verdad cromosómica: el venezolano no emigra. ¡Qué equivocados estábamos! Nosotros, al igual que todo el mundo, nos movemos hacia donde se pueda encontrar mejores condiciones de vida y expectativas de un futuro más promisorio. Esa opción está siempre presente entre quienes tienen padres o abuelos nacidos en el exterior, y más aun si poseen doble nacionalidad o mantienen contactos cercanos con primos o tíos en otras tierras. Para ellos la tentación de hacer las maletas, revalidar títulos, sacar pasaportes de otra nacionalidad y revisar constantemente las opciones de becas y estudios en otras latitudes es una práctica regular.
Pero en estos últimos 9 años el deseo de muchos profesionales de clase media por buscar un mejor destino ha crecido. Sólo en el año 2007 y ante la expectativa de un cambio constitucional, el número de visitas a páginas web que ayudan a quienes quieren instalarse en otro país legalmente y sin problemas, aumentó en más de 300% (de 20.000 a 60.000 diarias). Cambios en las leyes migratorias de países como Canadá o Australia, que hacen atractivas ofertas a profesionales capacitados, y con familia, para desarrollar los vastos territorios poco poblados, han desplazado a España o EE. UU. como destino. También Latinoamérica ha estado muy interesada en los talentos venezolanos. México, por ejemplo, cuya industria petrolera siempre estuvo muy por debajo de la venezolana, ha sabido incorporar a nuestros ingenieros y técnicos para elevar su producción y sacarle el mejor provecho a los altísimos precios del crudo.
Ahora, quienes en un principio se negaban a salir por cuestiones de identidad nacional, se niegan a regresar por razones económicas. ¿Y la familia? ¿Y los amigos? En muchos casos estos primeros emigrantes se han organizado de tal forma que se convierten en "redes sociales" que hacen más digerible el tránsito hacia el exterior y se vuelven una especie de "imanes gestores", proporcionando asesoría legal, apoyo logístico y afecto a quienes optan por un nuevo comienzo en otros países.
Regularmente resultan exitosos. O por lo menos viven más
tranquilos, que para los parámetros en Venezuela ya es
bastante. Viven con la añoranza de las costumbres que
dejaron atrás. Pero ¿quién no las extraña?
Una vez que dan el paso, difícilmente se plantean regresar,
sobre todo porque aquí no hay estímulos, más
allá de visitar a la familia. Esos viajes a Venezuela
se vuelven más cortos y ocasionales. Perciben más
el deterioro. Son unos sobrevivientes. Y quien sobrevive en
medio de la adversidad (en Venezuela sabemos de eso) y aplica
esa experiencia en el exterior, pasa a engrosar la lista de
triunfadores.
AND&AND. Fundada por Edgar Jiménez y Luis Chataing, esta marca de franelas sacudió el mercado nacional a principios de los noventa con sus originales estampados. El exitoso concepto logró traspasar las fronteras de Venezuela, pues los diseños fueron licenciados para una línea de útiles escolares y papelería en cinco países de Latinoamérica.
Hendrix. Bogotá será el lugar donde inaugurarán la décima tienda de esta marca de ropa casual venezolana.
Hot Chocolate Design. Al vender calzados
y billeteras a través de su sitio web, Pablo Martínez
y Carolina Aguerrevere, brindan a sus clientes en el extranjero
la posibilidad de lucir algunos de sus diseños.