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Miguel Cabrera
Niño prodigio
Desde que se inició en el beisbol deslumbra por su talento y poder. Sólo tiene 25 años y muchos ya apuntan a que llegará al Salón de la Fama de Grandes Ligas
 
Para que no queden dudas de que es un tigre, Cabrera se tatuó un felino en su brazo derecho. Tigre de Aragua y Tigres de Detroit. En resumen, garra felina a toda costa (Gil Montaño) (Reuters) (Duane Burleson/AP) (Vicente Correale) (John Raoux/AP) (Nick Wass/AP) (Gil Montaño)
Para que no queden dudas de que es un tigre, Cabrera se tatuó un felino en su brazo derecho. Tigre de Aragua y Tigres de Detroit. En resumen, garra felina a toda costa (Gil Montaño)
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AMALIA LLORCA 
EL UNIVERSAL

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El 2 de julio de 1999 y con 16 años de edad, Miguel Cabrera dio su primera campanada. Firmó un bono récord de un millón 800 mil dólares y se convirtió en el prospecto venezolano mejor cotizado.

El 20 de junio de 2003, sólo cuatro años después y cumplidos los 20, subió a las mayores. Ese día debutó con un cuadrangular que decidió el partido, hazaña únicamente alcanzada por Billy Parker, en 1971 y Josh Bard, en 2003.

Hoy, con 25 años recién cumplidos -sopló las velitas el 18 de abril- está en Detroit y sólo sueña con ganar la Serie Mundial, tal como lo hizo con los Marlins de Florida hace cinco años.

Su alegría está intacta. Sus ganas también. En su primera práctica con los Tigres de Detroit  soltó seis jonrones. Pocos días después, exactamente, el 26 de marzo de 2008 la divisa lo amarró por ocho años y 152.3 millones de dólares. Se convirtió en el pelotero venezolano mejor pagado en las Grandes Ligas. 

"Él es increíble", dice  Jim Leyland, su manager, quien está asombrado con el potencial del maracayero.

Con la boca abierta también quedaron los scouts que pugnaban por su contrato en el campo del barrio La Pedrera, en Maracay, donde se crió este muchacho. Cuando los agentes de los Marlins fueron a observarlo, Miguel la ponía donde quería y los cazatalentos iban de un lado a otro deslumbrados.

Anunció que quería ser un grandeliga cuando tenía 13 años. La decisión fue respetada por sus padres, Miguel y Gregoria, y desde entonces cada fin de semana acompañaron a su hijo a las prácticas en el estadio. Sus cinco tíos maternos jugaron beisbol y su mamá formó parte de la selección nacional de softbol junto a sus dos hermanas, las tías de Miguel.

A los cuatro años le pusieron su primer uniforme. Se inició en la escuela de su tío, David Torres. Salió aterrorizado de su práctica de estreno. Ocurrió que cuando llegó la hora de batear, al niño que lo antecedía le pegaron un pelotazo. Al ver el sufrimiento del compañerito se guindó de la cerca y nadie pudo convencerlo de que regresara a jugar. El susto le duró un año. Las ganas de ganar lo devolvieron al campo.

Y vaya que tiene ganas. En 2007 se convirtió, nada más ni nada menos, en el tercer jugador más joven del beisbol de Grandes Ligas en lograr cuatro temporadas consecutivas con 100 carreras producidas o más. Sólo es superado por los miembros del Salón de la Fama Mel Ott y Ted Williams. Se convirtió también en el tercer jugador más joven en acumular 500 carreras producidas. En este departamento es igualmente precedido por estas figuras.

Miguel conoce las hazañas de Williams. De Ott ha comenzado a indagar tras las reiteradas comparaciones.

Ya hay quienes lo ven instalado en Cooperstown. Así tenemos, que su compañero Dontrelle Willis suele vaticinar que Cabrera estará en el Salón de la Fama. Leyland, a quien le disgusta hacer augurios, respalda esas visiones. "Tiene el poder y el talento para ser uno de los mejores de la historia, pero debe trabajar duro.  Me gustaría que algún día dijeran que era un tremendo jugador y no sólo un tremendo bateador", sostiene el piloto.
Cabrera irrumpió a una edad en la que la mayoría de los jóvenes están afanados en aprender los secretos del bateo en las ligas menores.

Y allí sigue Miguelito, con su cara de bebé en un cuerpo de casi dos metros de altura, instalado en Estados Unidos, en el mejor beisbol del mundo, listo para la batalla, para la gloria, para ganar.


AUTÉNTICO AMO Y SEÑOR DE LAS PROFUNDIDADES
Hizo de su hobby, como pescador "a pulmón", una pasión, convertida en excelencia deportiva con nombre de apnea. Carlos Coste, el primer ser humano en rebasar la barrera de los cien metros de profundidad sin ayuda externa, es un venezolano que procura, aun después de una lesión que lo alejó de las aguas cerca de un año, mantenerse en la élite mundial de una especialidad que constantemente reta los límites del hombre. Campeón mundial en las especialidades reina del buceo a pulmón, Peso constante e Inmersión libre, Coste se convirtió en referencia universal de una disciplina, que, como todas, ha evolucionado con aportes de la tecnología (monoaletas, naringuera) y también con las investigaciones y aplicaciones naturales que ha impulsado el propio Coste, como sus entrenamientos con yoga y la forma natural de compensación de presión con agua, que buenos resultados le ha valido. Conferencias y seminarios son también parte de la actividad del acuamán criollo. AYM
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EL PROTAGONISTA
Giancarlo Maldonado

SER HIJO DE UN GRANDE del fútbol nacional como Carlos Maldonado, debía tener algún tipo de beneficio intrínseco. Llevar el apellido Maldonado en la espalda no sólo es una gran responsabilidad sino a la vez una ventaja. Con la gloria incrustada en el pecho antes de nacer y con el permiso del destino para convertirse en un ídolo, nació Giancarlo Maldonado.

Desde muy pequeño, su padre le puso los amados colores del Deportivo Táchira cerca de sus útiles escolares. La pelota se convirtió en su mejor amigo y los rostros de los grandes jugadores de la época eran simples mortales para él. Criado en medio del irrumpir histórico de su padre, Giancarlo decidió que su forma de ganarse la vida sería dándole alegrías a los demás. Por eso apenas pudo se fue a Uruguay, tierra natal de su familia paterna, adonde llegó con la idea de forjarse como jugador y de empezar a sentir el peso de la profesión. Ahí con la camiseta del humilde River Plate charrúa, brilló y mostró de qué estaba hecho, tanto así que la vida le puso en sus manos una decisión clave, mostrándole de cerca la camiseta de la selección de Uruguay, la cual por suerte para Venezuela, nunca se probó.

Regresó al país a pedido de su padre, que ya daba sus primeros pasos como entrenador, soñando con hacerse grande y celebrar al lado de su máximo ídolo y director técnico de su familia.

Se puso todas las camisetas que dirigió Carlitos y en cada uno de esos lugares fue rindiendo. A medida que pasaban los años, dejó de ser una promesa para irse convirtiendo en una seria realidad. Bregó, batalló y luchó contra las carencias de un sistema que protege poco al talentoso y que normalmente no tiene mucho que ofrecerle. Aun así, jamás descansó. Su sueño de jugar fuera del país y de convertirse en el delantero de la selección nacional, era el mayor objetivo que lo movía. Pasó de ser campeón en el humilde, sufrido y desaparecido Nacional Táchira, a consagrarse con todos los honores en el Unión Atlético Maracaibo.

Tan sólo minutos lo separaron de una decisión trascendental. Hospedado en un hotel capitalino, recibió, de manos de un mensajero, el contrato que lo uniría al Caracas. Ahí Maldonado, suspiró, lo pensó y decidió no firmar. Ese parón tenía una razón de ser, la idea de irse no lo dejaba tranquilo. Tuvo un primer intento, viajando a Alemania para seguir el tan ansiado destino, pero el infortunio no le permitió quedarse. A pesar de eso, se fue entre críticas a Chile y deslumbró al continente, dándole paso al sueño americano de mudarse a Cancún y convertirse en el goleador de América. La vinotinto le tenía un lugar reservado entre los grandes que a punta de goles y momentos brillantes, ya lo consagró. Humilde, trabajador y figura nata, con ese apellido en la espalda, su idolatría está garantizada. Octavio Sasso

Héroes del ring

Carlos "Morocho" Hernández fue el primer campeón mundial de boxeo profesional nacido en Venezuela. Se tituló en la categoría welter Jr. en el año 1965.

Leo Gámez se tituló en cuatro categorías diferentes: Mínimo, mosca ligero, mosca y supermosca. Junto al panameño Roberto "Mano 'e Piedra" Durán son los únicos latinoamericanos en conseguirlo.

Luis "Lumumba" Estaba defendió su título minimosca en once ocasiones, cifra récord en la categoría para el CMB. Ostentó el cetro mundial por más de 2 años.

Antonio Esparragoza y Antonio Cermeño fueron titulares mundiales en sus respectivas divisiones por 4 años.