Desde el parque Grand Prix de Caracas, donde dio sus "pinitos", Dhers es hoy una estrella de un deporte quizás poco conocido, pero lleno de adrenalina (Oswer Díaz Mireles)
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Daniel Dhers
La bicicleta no le sirve mucho para rodar, más bien es su compañera de aventuras en las maniobras y piruetas con las que se integró a la élite del BMX, especialmente en rampas de parques
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Desde el parque Grand Prix de Caracas, donde dio sus "pinitos", Dhers es hoy una estrella de un deporte quizás poco conocido, pero lleno de adrenalina (Oswer Díaz Mireles)
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GIAN PIERO ROVAGNATI
PERIODISTA
Transcurría el mes de octubre de 2006. El desconocido
nombre de Daniel Dhers figuraba de manera sorpresiva entre
los tres primeros lugares de una importantísima competencia
de saltos en bicicleta realizada en Estados Unidos. Era la
válida final del AST Dew Tour y aquel debutante criollo
sorprendía con sus brincos y piruetas. "Mi objetivo era
estar entre los diez primeros durante ese año. Nunca
me presioné y pude disfrutar de aquella competencia".
El venezolano no sólo se gozó su perfecta rutina,
sino que también se llevó el título y saboreó
el éxito en un deporte estrictamente dominado por norteamericanos.
De allí en adelante ese buen sabor se quedaría
impregnado en la boca de Daniel. A sus 23 años se erige
como el mejor del mundo en el BMX (Bicycle Motocross), en
la modalidad de parque. El criollo ha logrado engordar de
manera importante su palmarés.
"2007 fue increíble. Repetí mi título en el
Dew Tour, gané los X Games de Asia así como los
de Estados Unidos. Fui el competidor más constante",
comentó el deportista venezolano.
Pero el éxito de Daniel llegó luego de trabajar
fuerte durante mucho tiempo. Su historia se inicia a sus 12
años, en Caracas, edad en la que se subió por primera
vez a una bicicleta. Daniel simplemente quería pasar
un rato divertido con sus amigos. Pronto aquella diversión
se convertiría en una pasión convertida hoy en día
en su profesión.
"En 1998 fui por primera vez a Grand Prix. Era un parque
con rampas que había en Caracas y que luego cerró.
Allí di mis primeros saltos y me gustó tanto que
iba todos los días", explicó Daniel. "Pero una vez
cerrado el lugar tuve que rodar en las calles pues en Venezuela
no existía otro lugar para practicar".
El rumbo de Daniel cambió radicalmente a sus 16 años.
Sus padres recibieron una oferta de trabajo en Argentina y
el joven pedalista debió mudarse a Buenos Aires. "Fue
difícil el cambio, pero fue lo mejor para mí. En
Argentina había más parques y más nivel de
BMX", relató el venezolano.
Pero durante el invierno el parque cerraba sus puertas y
el criollo se veía obligado a parar su actividad. Por
eso tomaría otra decisión, sería el salto que
le cambió la vida.Un largo viaje a Pensilvania
"Me gané una invitación a Woodward en Pensilvania.
Esa es la meca del BMX. Allí me quedé hasta el verano
y luego volví a Argentina. Decidí que debía
irme a vivir allá si realmente quería tener éxito,
así que me mudé nuevamente en 2005", explicó.
Dientes rotos, costillas, huesos lumbares y dedos fracturados
son parte del alto precio que debió pagar el venezolano
para subir a lo más alto de la cúspide. Hoy el deportista
ha vencido a leyendas consumadas de ese deporte como Dave
Mirra.
Pero el mayor orgullo del caraqueño es llevar la bandera
criolla a otras fronteras.
"A las competencias trato de llevar una bandera de Venezuela.
En mi casco siempre está presente el tricolor nacional.
Se siente muy bien poder dejar el nombre de mi país en
alto, sobre todo en este deporte que la gente cree que
es sólo para estadounidenses", afirmó.
El espectacular 2007 le valió para que pudiera llevarse
una nominación como Atleta de acción del año
en los premios Laureus, conocidos como el Oscar del deporte.
Daniel no ganó esta vez, pero el venezolano reitera que
su carrera de éxitos apenas comienza.
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JONATHAN SUÁREZ: ESPECIALISTA EN VENCER OBSTÁCULOS
A los 19 años y luego de una sobresaliente actuación
en el bicicross venezolano, Jonathan Suárez decidió
dejar a su natal Puerto Ordaz e incursionar en el calendario
estadounidense, comenzando con el único respaldo económico
de sus padres. Fue campeón de Estados Unidos en la categoría
profesional A en 2000, en 2003 ascendió a AA y concluyó
en el séptimo puesto, y fue octavo en 2004. Fueron años
complicados, pues con su primer equipo profesional tenía
"un contrato muy difícil de manejar" según sus palabras,
ya que si se ubicaba entre los tres primeros en una competencia
no pagaba nada de los gastos del fin de semana por participar,
del cuarto al sexto lugares le costeaban 50 por ciento y si
era séptimo o más debía cargar con todos los
egresos. Su perseverancia lo mantuvo en la ruta hacia su objetivo
de ser alguien en el bicicross y en 2007 ganó el Campeonato
Mundial en Canadá, y se ha convertido en la principal esperanza
de Venezuela para asistir a los Juegos Olímpicos de Pekín.
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