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Titina Penzini
¡Bonjour jeunesse!
Couturier, jetsetter, socialité, DJ. Profesiones que desempeña con aura internacional. Nadie como ella para pasar de Les Tulleries a la plaza de los Museos sin que uno solo de sus cabellos se mueva
Las fronteras no preocupan a esta jetsetter que se desenvuelve entre el diseño y la música, además de prestar su imagen a marcas de belleza 	(Nicola Rocco) (Nicola Rocco) (Nicola Rocco) (Nicola Rocco) (Nicola Rocco)
Las fronteras no preocupan a esta jetsetter que se desenvuelve entre el diseño y la música, además de prestar su imagen a marcas de belleza (Nicola Rocco)
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GERALDINE VILLASMIL 
PERIODISTA

Pocos venezolanos son tan internacionales como Titina Penzini. Parece que la personalidad, el allure y el encanto de esta mujer pertenecen no sólo a un país o a un continente diferente al nuestro, sino a un plano que podríamos definir como trascendental. Su espíritu no pertenece al mundo de los humanos, su esencia es, por decir lo menos, celeste.

De alguna forma misteriosa, quien la conoce presiente que su mirada lánguida y sus manos delicadas sólo deberían ver y tocar lo bello. Ningún elemento perturbador, ninguna escena cotidiana podrían resistir esos ojos azules. En un rapto estético absoluto, Titina debería codearse con aquello que, en su total perfección, puede ser disfrutado sólo por los inmortales. O al menos esa es la idea que con dedicado esfuerzo y constancia Titina ha logrado vendernos a través de los años: su nombre es sinónimo de belleza y sofisticación. Cándida realidad o imagen prefabricada gracias a una escrupulosa campaña de relaciones públicas, Titina es encantadora, asequible, siempre lista para reflejar en otros su luz, su suavidad y su indiscutible aura cool.

Para los que  pisan la treintena, la primera mención pop que se recuerda de Titina la hace Boris Izaguirre en su libro Fetiche. Boris la describe como una joven que, descubriendo su propio talento en Nueva York y estudiando en Parsons, se pasea por Studio 54 del brazo de Halston, Liza Minelli y el equipo de fútbol del Cosmos, ese sueño americano que puso a jugar en el mismo campo de Nueva Jersey a Pelé y a Beckenbauer. De allí, Titina iniciaría su tour du monde, viviendo en París y trabajando como diseñadora de accesorios para Lanvin y Myream de Premonville. Sería el destino,  aliado en todos sus planes, quien le permitiría, en un momento de carencias nada acorde con su naturaleza hedonista, comprender que su nombre era la mejor de sus cartas de presentación. Sus creaciones formarían parte,  con la marca Titina Penzini, de las producciones y desfiles de Lacroix, Chloé, Valentino, Chanel y Thierry Mugler.

Su matrimonio con Carlos Valedon, probablemente su admirador más entusiasta, el nacimiento de su hija y su indiscutible amor por Venezuela la hicieron regresar, no sin antes establecer su tienda de accesorios en Notting Hill, Londres. En Caracas, la abrió en el Centro San Ignacio durante el paro petrolero e inició una verdadera revolución en el negocio de la orfebrería nacional: todos quieren ser como Titina.

En menos de 5 años se convirtió en el primer ejemplo de socialité que, en su sentido más estricto, Caracas habría de producir. Como Tinsley Mortimer, Fabiola Beracasa y otras chicas divinas de Nueva York, Titina se deja ver en eventos comerciales como imagen de marcas de belleza y diseño, junto a gerentes de mercadeo y relacionistas públicos, combinando el atractivo de su apellido, heredado de una de las personalidades más poderosas de la radio en América Latina, Pedro Penzini, con el encanto charmante de la venezolana formada en Nueva York y París, adorada por intelectuales y artistas, criticada por las señoras galvanizadas de sociedad y reverenciada por una verdadera legión de amigos que la encuentran simplemente irresistible. Con planes de expansión en el mundo de la joyería fina y una divertida carrera como locutora, DJ y promotora musical, el horizonte de Titina parece abarcar los ámbitos que cualquier jetsetter que se respete sueña con conquistar. Y nada la puede parar.

ELLA ES TODA UNA SOCIALITÉ DE NUEVA YORK
Para Fabiola Beracasa no hay puerta, por exclusiva que sea, que no se le abra en Nueva York. Nacida en Caracas, desde pequeña se ha codeado con la aristocracia universal, gracias a su madre, Verónica Hearst, viuda del multimillonario Randolph A. Hearst. Fabiola, directora creativa de una compañía de joyería, forma parte de ese grupo de mujeres que aunque lo tienen todo han preferido crear una actividad propia para desarrollarse profesionalmente. Tiene 30 años y afirma que si no se hace nada la vida se vuelve insípida. Centro de los objetivos fotográficos, se le puede ver en desfiles de moda o  en una gala del MoMA. El arte no le es ajeno ya que siempre ha estado cerca de grandes artistas ya que es nieta de esos grandes mecenas pues fueron sus abuelos, Carlos y Alegría Beracasa.  Sus apariciones van más allá del simple hecho de aparecer. Adem´as de estar a la moda conoce sus secretos porque ha trabajado con Kart Lagerfeld como pasante, también como organizadora de eventos especiales en Dior.
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LA PROTAGONISTA
Bárbara Palacios

Belleza, glamour y éxito son las características que describen a la regia venezolana y Miss Universo 1986. Actualmente es una empresaria con experiencia. Se ha valido de los conocimientos adquiridos de la publicidad para incrementar su fama e inversión, por lo que constantemente se mantiene en las portadas de las revistas más prestigiosas como Vanidades y Target.

Estableció la compañía junto con su esposo, Víctor Manrique, en 1999, en la ciudad de Miami, donde reside actualmente. Se creó a raíz de la sucursal Bárbara Palacios Joyas en Venezuela, que vendieron en 1998 buscando una mejor oportunidad de vida. La actual compañía se llama Bárbara Palacios Designs. Con sucursales llamadas Lifestyle en Costa Rica, Ecuador y Estados Unidos.

Posee exquisitas colecciones con piezas únicas y económicas. La línea de joyas se caracteriza por sus innovadoras formas en pedrería y metales. Entre ellas vendió un exclusivo brazalete para colaborar con la Cruz Roja en la recaudación de fondos para las víctimas del huracán Katrina en 2005.

La firma tiene, además, accesorios en tela y productos en cuero que transforman en carteras y cinturones. Son hechos a mano y se ajustan a la figura de cualquier fémina. Estas colecciones se han presentado en diversos escenarios como lo es la Semana de la Moda en Ecuador y en Cantabria, España.

Por si fuera poco, posee una línea completa para el cuidado del cuerpo llamada Amazonia, que se encuentra a la venta en el continente americano y en varios países europeos.

El rol de madre es quizás lo que más gratifica a esta versátil mujer de negocios. Sus hijos, Víctor Tomás, de 14 años de edad y Diego Alfonso, de 9, son su legado, por lo que los lleva de viaje cuando realiza transacciones en cualquier país. 

La calidad humana de esta venezolana también ha llegado a asombrar al mundo, ha sido imagen de la Unicef en 2007. También ha ofrecido su mensaje a través de la conferencia Misioneros Underground y sobre la niñez en Beinjing, China.

Bárbara Palacios, hija de los artistas Jorge Palacios y Bárbara Teyde, se ha convertido en un ícono de la mujer latina en negocios, por lo que le solicitan que hable de sus experiencias en Women's Empowerment, en Florida e Hispanic & Consumer Expo, en Orlando.

Su belleza la ha llevado a ser presentadora de los precast de los famosos premios Latin Grammy en Nueva York en 2006 y en Las Vegas en 2007., además de ser la imagen de L'Oreal en 2004 y de Unilever para el mercado latino ese mismo año.

Recientemente ocupó el cargo de presidenta del jurado del concurso Señorita del Mundo Costa Rica 2008. Aura Cumare

 LA REVELACIÓN
Imponer estilos

En el jardín. Semeruco es un árbol venezolano propio del estado Lara, que ha servido de inspiración a poetas y cantores. Ese nombre tan autóctono lo seleccionaron para su compañía Giselle Veloz y Hermann Braasch. Ellos, venezolanos, viven en Arizona y trabajan en paisajismo. Algunas zonas públicas de Phoenix llevan su firma. Se inspiran en el paisaje venezolano para algunas de sus puestas en escena. También realizan trabajos especiales para fiestas.

Con los metales. Eleazar Molina trabaja con los metales nobles, oro y plata. Sus trabajos de orfebrería han salido del país convertidos en accesorios para las novias y misses. Sus colecciones incluyen zarcillos, pulseras y anillos.