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Ha caminado por las grandes pasarelas del mundo, actuado con grandes figuras de La Meca del cine, pero ella nunca deja de tener presente sus ancestros, esa es la razón de la Fundación Wayuú Tayá. Era lo que Patricia quería: ayudar a su gente (Cortesía Agencia Bookings)
Ha caminado por las grandes pasarelas del mundo, actuado con grandes figuras de La Meca del cine, pero ella nunca deja de tener presente sus ancestros, esa es la razón de la Fundación Wayuú Tayá. Era lo que Patricia quería: ayudar a su gente (Cortesía Agencia Bookings)
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DUBRASKA FALCÓN
EL UNIVERSAL
Descendiente de los wayuú, por parte de su madre, Patricia Velásquez escribe su nombre en el libro de las grandes luminarias del mundo por necesidad. Por más nada. Esa necesidad la llevó a subirse a unos tacones altos, a caminar con la banda de Miss Península Guajira, a montarse en las grandes pasarelas de Milán, Madrid, París o Nueva York y a actuar en cintas como La momia y La momia regresa. Lo único que quería era, por lo menos, tener 30 dólares para pagar un mes de agua. Nació con un corazón altruista, que ha depositado toda su energía en ser la voz de sus descendientes con la Fundación Wayuú Tayá. "A mí me duele el país desde que era chiquita. Cuando eres joven y pasas necesidades, como no tener agua, te marcan. Jamás hubiera tenido el suceso que tengo si no viniera de Venezuela ni fuera wayuú, ni tuviera el ser que tengo. Todo se lo debo a Venezuela", explica Patricia -¿Cómo se siente ser considerada una venezolana de peso universal? -¡Es un honor! Si hay una cosa que tenemos los venezolanos es el sentimiento general de querer ser aprobado por el resto de nuestra comunidad. Que mi propia gente me escoja entre ellos es un gran honor. -¿Cuál es la realidad más grande que has logrado construir para la Fundación Wayuú Tayá? -Lo más importante, de vista hacia fuera, ha sido la confianza del prójimo de saber que lo que estamos haciendo es de verdad. En Nueva York, cuando estamos en los eventos, la gente ve el dinero que nos dona, adónde ha ido y cómo se ha invertido. La segunda, en el término de lo que es la comunidad indígena como tal, ha sido darles confianza a ellos mismos, de que a través de su trabajo se pueden superar. Me acuerdo que cuando comenzamos la gente te tiraba de los brazos y te decía 'déme, déme, déme'. Pero ahora nadie te dice 'déme'. Es un trato de igual a igual. -¿Culminó tu paso por las pasarelas? -Ahora, y te lo digo de corazón, escojo mucho las cosas que hago, porque valoro mucho el tiempo en casa y el tiempo con la gente que yo quiero. Pero primero, me gusta mucho la actuación. Es mi vida, es mi trabajo, es lo que estudio. Aunque no ando desesperadamente buscando ser una actriz famosa. No soy el tipo de persona que anda buscando la fama. Hago las cosas que me llaman la atención y con las que me sienta cómoda. Y eso es en relación con todo. La fundación ocupa gran parte de mi tiempo. Ahora me dedico al evento grande que será el 5 de junio, y celebraremos nuestro quinto aniversario. Lo que hago ahora es la línea de cosméticos, llevo años trabajando en eso y ya casi todo está listo. La verdad es que me aburro muy rápidamente. -¿Cómo defines el salto que diste a la gran pantalla? -Paso a la pantalla de una manera más orgánica. Yo hice algunas películas, pero tampoco es que hoy esté haciendo las cintas grandes que hacen ahora. Simplemente, porque yo lo he escogido de esa manera. -¿Crees que todos tus sueños ya se han hecho realidad? -No… para nada. (Risas). Ni siquiera el 10%. Falta mucho. Y no necesariamente profesional, sino de cosas que yo quiero hacer. |
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IR POR EL MUNDO SIN NECESIDAD DE PASAPORTE
El visitante de la página www.wayuutaya.org,
que pertenece a la fundación Wayuú Tayá, creada
y dirigida por Patricia Velásquez, puede conocer otra de
las realidades de un país petrolero, cuyos recursos distan
mucho de estar bien administrados. A través de este medio
se están internacionalizando los diseños autóctonos
de la cultura wayuú. Eso se puede observar en la sección
que corresponde a la tienda, además de permitir que la
fundación obtenga recursos económicos. Allí se
muestran joyas de líneas sencillas, inspiradas en ese sentido
de la simetría de esta raza que vive en el estado Zulia,
y que gracias a un orfebre se convierten en zarcillos, collares
y pulseras. Los bolsos tejidos, verdadero caleidoscopio colorido,
adquieren categoría y valor, ya que están en el orden
de los 200 dólares. Completan esta galería cibernética
las franelas estampadas con un diminuto laberinto y las tarjetas
pintadas por infantiles artistas, que en sus sencillos trazos
dejan ver al mundo parte de su idiosincrasia.
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