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ELIANA LOZA SCHIANO
PERIODISTA
Es el venezolano más famoso en Italia, ha logrado conquistar
un muy digno lugar en el difícil mundo de la moda y su
irónica presencia es frecuentemente requerida en programas
de televisión. Desde la caraqueñísima esquina
de El Conde, donde nació bajo el signo de Aries, hasta
la Maison Gattinoni, Guillermo Mariotto ha recorrido un largo
camino con pasión, talento y, sobre todo, con una gran
fe.
Conversador, directo, simpático y sin prisas, cuenta
que todo empezó cuando decidió aprender inglés
y, con grandes sacrificios, su madre, odontóloga, lo
mandó a Estados Unidos.
Más adelante, motivado por una historia de amor, dolor
y algo de despecho llegó a Italia, donde trabajó
en diseño de objetos e interiores. Parece ser muy enamoradizo
y apasionado pues por un nuevo amor descubrió la moda.
En 1988, Mariotto entra en el equipo de Fernanda Gattinoni
-protagonista indiscutible de la elegancia romana por más
de 50 años- debuta en la pasarela en 1994 con su primer
desfile dedicado a "Eva" (que inspiró a Robert Altman
una escena de su película Prêt-à-porter), asume
la dirección artística y hereda un tercio de la
empresa al morir su fundadora en 2002.
Su desfile del 27 de enero en un estadio deportivo, se centró
en "El hombre, la mujer, el ambiente". Causaron sensación
su "Econovía", un fabuloso vestido nupcial confeccionado
con la fibra ecológica "ingeo" obtenida del maíz
y "Fin del mundo", hecho con desechos de tela que instan a
reciclar y proteger el ambiente. "3.500 personas aplaudiéndome
fue una emoción muy fuerte, después de quedarme
por un instante pasmado, me di cuenta de que era una verdadera
explosión de amor", dice radiante. Así, este venezolano
se puede atribuir un verdadero "golazo" en el campeonato italiano
de la moda.
Mariotto es un gran comunicador y lo transmite en su trabajo.
"La moda debe comunicar un mensaje, me aburriría si sólo
vendiera vestidos a las señoras", con las 23 personas
que trabajan en su taller está en constante búsqueda
de nuevos materiales para accesorios, estampados para sus
telas y significados trascendentales para sus colecciones.
¿El secreto de su éxito? "¡Fe!", responde tajante,
"estoy seguro de que Dios me quiere como yo lo quiero a Él".
Por esa gran fe, en medio de dibujos, muestrarios de telas,
lápices de colores y montones de papeles, destaca en
su escritorio una imagen del padre Pío, una Virgen y
un rosario y, por esa misma fe, quiere "retribuir el amor"
que recibe en Roma, un posible tema de su próxima colección
"prêt-à-porter".
A pesar de su itálico apellido es venezolanísimo
y muy patriota. Determinantes en su formación fueron
las mujeres de su familia: su madre, Hilda Ortiz Zambrano,
viuda que educó sola a 6 hijos, su abuela enfermera,
Leonor Zambrano, que lo llevó por 14 años a las
procesiones de Semana Santa cumpliendo una promesa para salvar
al pequeño Guillermo Jesús de una sospecha de leucemia
afortunadamente superada, y su tía poetisa, Cecilia Ortiz.
Ellas forjaron la seguridad en sí mismo, la religión
y el arte, pilares de su fuerte personalidad.
De Venezuela aportó a su moda "la libertad" y extraña
el clima y los niños. "Me encantan los carajitos y en
Italia hay pocos", explica. Está pensando cómo plasmar
ese amor en una ayuda concreta a los jóvenes del interior
para construir sus propias casas. Otros proyectos lo llevarán
a su país en agosto, el rodaje de un documental para
la TV italiana para promover el turismo.
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LA PROYECCIÓN A TRAVÉS DE LA ESTÉTICA
La arquitectura es una profesión que se mueve entre el
arte y la rigurosidad científica. Los edificios hablan
sobre la vida de una ciudad así como los vestidos reflejan
un momento en la del hombre, por eso no resulta extraño
ver a arquitectos artistas. Luz María Charlita pertenece
a ese grupo. Egresada de la Universidad Central de Venezuela,
explica que decidió estudiar la carrera porque a través
de ella podía fantasear y hacer de esa fantasía otra
nueva. Entre las obras que ha realizado se encuentra la remodelación
de Galerías Preciados, que estuvo ubicada en Madrid, Formó
parte de un equipo capitaneado por otros dos arquitectos venezolanos,
Marión Cisneros y Edmundo Díquez. A su regreso a Venezuela
dio un giro a su trabajo y gracias a la influencia que en ella
ejerció Sevilla vuelca su creatividad en la orfebrería.
Realiza una serie de piezas donde deja impresa la conjunción
de dos conocimientos, el del oficio y el de la profesión.
Exhibe sus piezas en 17 Peck Gallery, Providence, Rhode Island,
EEUU.
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